Pimientos rellenos de bechamel a los tres jamones


Mucho tiempo sin pimientos en este santísimo blog.
Demasiado, diría yo.
Así que aquí estamos, para intentar poner fin a esta larga ausencia, jejeje...
Esta vez, con unos deliciosos pimientos gratinaditos, que os encantarán. Porque ya parece que va apeteciendo encender el horno... o DEBERÍA apetecer, que aquí seguimos a 24 grados, y el domingo pasado alcanzamos los 30º.
Que no es que a mí me guste el invierno, precisamente, pero es que este año el verano está ya un poco cansino, jajaja. Parece como que el cuerpo necesitara que hiciera más fresquito, ya estamos saturados de tanto calor.
Por lo tanto, en espera de que bajen las temperaturas, vamos a ir rellenando estos pimientitos, que también son agradables de tomar aunque aún tengamos un pelín de calor.

INGREDIENTES:
(Para 4 personas)
4 pimientos rojos (normalmente, basta con una mitad por persona)
50 gramos de jamón ibérico en taquitos
50 gramos de pavo en taquitos
50 gramos de jamón de york en taquitos o tiritas
50 gramos de champiñones
Queso rallado para gratinar.
Aceite de oliva virgen extra.
Para la bechamel:
Pimienta molida
1/2 litro de leche
80-90 gramos de harina
30 gramos de mantequilla
Nuez moscada rallada
Sal

PREPARACIÓN:

Partimos los pimientos  en dos mitades a lo largo.
Los limpiamos bien, y les quitamos las semillas y "venas". Y los colocamos en una fuente de horno.

Los asaremos a una temperatura de 220º, durante unos 20-25 minutos (dependiendo del grosor). 
Los sacamos, y escurrimos el líquido que hayan soltado.
Mientras se hornean, prepararemos el relleno. Rehogamos, en un chorrito de aceite, el jamón ibérico, el pavo, el jamón de york y los champiñones, todo picadito. En Thermomix, ponemos todo en el vaso, programamos primero 5 segundos a velocidad 4, bajamos lo que se haya quedado en las paredes, añadimos unos 25 gramos de aceite, y después programaremos 5 minutos, temperatura 100º, velocidad cuchara con giro a la izquierda.

Cuando terminemos el rehogado, es posible que necesitemos escurrir el relleno en un colador grande, porque el champiñón suelta bastante líquido, y se puede aguar después la bechamel.
Preparamos ahora la bechamel (si la hacemos en Thermomix, no hace falta lavar el vaso). Pulsando AQUÍ encontraréis la receta con Thermomix. Y, sin Thermomix, ponemos la leche (reservando un vasito) con la mantequilla, la sal, la pimienta y la nuez moscada en un cazo a calentar, y disolvemos la harina en el vasito de leche que hemos reservado, moviendo bien hasta que se deshaga. Una vez bien disuelto, y cuando la leche se vaya calentando, agregamos el vasito de la harina, y seguimos calentando, removiendo bien hasta que espese.
Ojo: no conviene que nos pasemos con la sal: recordad que el jamón ya la lleva.
Mezclaremos después la bechamel con los jamones y el champiñón, moviendo bien para que se repartan los "tropezones" de manera uniforme.
Rellenamos los pimientos, cubrimos con queso rallado...

...y horneamos con calor arriba y abajo, a 210-220º, durante unos 20 min (hasta que se gratinen). Podemos dejarlos 5 minutos más, sólo con el grill.

¡Y a comer!. Es mejor que esperéis unos 5 minutitos, para no abrasaros.
¡Ah!, congelan bastante bien, así que, si os sobran, los envolvéis en papel de aluminio o los guardáis en una bolsa de congelación, y listo.
Un beso.

Fricandó de ternera con setas


Bueno, pues ya he empezado a dar "caña" al libro de "La Cocina de Dolorss Mateu".
La verdad es que tiene recetas estupendas, así que ya veréis unas cuantas más publicadas en este blog, jejeje.
Decidí comenzar por el fricandó porque es un plato al que hace tiempo que le tenía "ganas", ya que me encanta la ternera guisada, y, además, sabía que triunfaría en casa. Le he hecho tres pequeños "tuneos": 1) el de no usar manteca de cerdo sino sólo aceite, porque no tengo costumbre de cocinar con manteca;  2)en lugar de pelar y picar el tomate, lo he rallado; y 3) Utilicé setas frescas, no en conserva. Por lo demás, he seguido la receta al pie de la letra (pero es que, si no tuneo un poco, ya no sería yo, jajaja).
La carne queda tiernísima, lo cual es siempre una de mis preocupaciones al cocinar ternera, y el sabor de la salsa es delicioso.
Aunque os parezca mucha cantidad de carne, es un plato que congela muy bien; por eso, aunque seáis pocos de familia (aquí, normalmente, sólo estamos dos) merece la pena preparar más cantidad y congelarlo en distintos recipientes para varios días más.
Así que, sin más preámbulos, vamos al lío, y al paso a paso de la receta.

INGREDIENTES:
1 Kg y 1/2 o 2 Kg de ternera en filetes finitos y no muy grandes (yo utilicé filetes de tapa).
Una cebolla grande
2 zanahorias
Medio pimiento verde italiano
4 tomates maduros
1 ó 2 hojas de laurel
200 ml de coñac
400-500 gramos de caldo de verduras
Setas al gusto, en conserva o frescas (yo utilicé níscalos frescos). Dolors recomienda utilizar entre 300 y 400 gramos de setas.
Harina para rebozar
Sal y pimienta.
Aceite de oliva virgen extra.

PREPARACIÓN:
Picamos muy finitos, a mano o con picadora, la cebolla, las zanahorias y el pimiento (de esa forma, no habrá que triturar la salsa).

Ponemos en una cazuela un buen chorro de aceite (y Dolors pone una cucharada de manteca de cerdo), y lo calentamos. Enharinamos los filetes de ternera, y los sellamos en el aceite.

Reservamos.

En el mismo aceite, pondremos las verduras que hemos picado...

...añadimos el laurel y un pellizco de sal, y dejamos que se rehogue a fuego medio-bajo unos diez minutos.
Agregamos el tomate rallado, y cocinamos durante otros 10 minutos más.


Entonces, pondremos en la cazuela la carne, y agregaremos el caldo y el coñac.

Si utilizamos setas frescas, éste es también el momento de añadirlas, bien limpias y escurridas.
Tapamos la cazuela casi por completo, y dejamos cocer durante unos 40-50 minutos.
Si usamos setas en conserva, las saltearemos previamente en una sartén, después de lavarlas y escurrirlas bien, y las agregaremos cuando falten unos 10 minutos de cocción.
Por último, probamos el punto de sal, añadimos pimienta molida, y dejamos en la cazuela tapada hasta el día siguiente. Es un plato que mejora de un día para otro.

¡Que lo disfrutéis, y feliz comienzo de semana para todos!.

Arroz a la cubana


Sí, ya sé que más de uno y más de dos de mis lectores pensaréis: "Vaya tela, esta mujer... ¿Pues no nos viene ahora con la receta del arroz a la cubana, que es más conocida que la Puerta de Alcalá?. ¿Es que hay alguien que no sepa hacer un arroz a la cubana?"
Y sí, tendrá toda la razón el que opine así. Además, éste no es ni siquiera el auténtico arroz "a la cubana", porque ése lleva plátanos fritos.
Pero es que esta receta no podía faltar en mi blog. Era mi plato favorito cuando era pequeña: para mí, el día en que había para comer "arroz con tomate y huevo" era una fiesta.
Y la verdad es que nos sigue encantando a todos. Por otra parte, como en mi "fondo de congelador" siempre suele haber salsa de tomate casera, me resulta un plato comodísimo cuando regresamos de un viajecito corto o un fin de semana fuera de casa: si hay huevos en la nevera (que suele haber), no tengo más que descongelar la salsa en el microondas mientras se cuece el arroz, y, en nada y menos, ya podemos comernos un plato delicioso.
Bueno, y, además, incluso puede haber gente que nunca lo haya preparado, ¡nunca se sabe!. Así que aquí está la recetilla, a disposición de todos, jeje.
Yo os voy a contar cómo hago el arroz en la Thermomix... y también cómo lo hago sin Thermomix (que sí, que sabemos cocinar "con" y "sin", aunque todavía haya quien no se lo crea,  jajaja).

INGREDIENTES:
Arroz (suelo utilizar la proporción de una taza de arroz para 2 personas, quizá un poquito más dependiendo del apetito de los comensales).
1 diente de ajo picadito
Aceite de oliva
Sal
Media pastillita de caldo de verduras
Salsa de tomate casera (más abajo pongo el enlace a mi receta)
Agua.
1-2 huevos por persona.

PREPARACIÓN:
Sin Thermomix, sofreiremos el ajo muy picadito en un poco de aceite; cuando empiece a desprender su aroma, añadimos el arroz y lo rehogamos un minuto, y agregamos el agua (aproximadamente, dos tazas y un poquito más por cada taza de arroz), la sal y la media pastillita de caldo. Cuando hierva, bajamos un poco el fuego (pero que no se corte el hervor), y dejamos que cueza 14-15 minutos (se absorberá el agua).

Y así lo coceremos con la Thermomix:
Pondremos en el vaso 15 gramos de aceite, añadimos el diente de ajo, y picamos 5 segundos a velocidad 5.
Después, lo rehogaremos durante 3 minutos, Varoma, velocidad 2.

Agregamos 600 gramos de agua, la sal y la pastilla de caldo. Y programamos 5 minutos, Varoma, velocidad 2 (hasta que hierva, puede que haga falta algo más de tiempo, o menos, dependiendo de la temperatura del agua)
Introducimos el cestillo en el vaso, y añadimos el arroz (suelo poner unos 150 gramos para 2-3 personas si va a ser plato único, y 100 si vamos a tomar alguna cosa más).

Y ahora, cocinamos durante14 minutos, temperatura Varoma, velocidad 5, removiendo con la espátula de vez en cuando.

Sacamos el cestillo con cuidado, y formamos los moldecitos de arroz, con una taza o una flanerita individual
Mientras se cocina el arroz, calentaremos la salsa de tomate casera (pinchando AQUÍ veréis mi receta) y, cuando queden 4-5 minutos, empezaremos a freír los huevos en abundante aceite caliente (a mí me gusta un poco cuajadita "de más" la yema, como podéis ver, jajaja)
Ponemos salsa de tomate sobre los moldecitos de arroz, y colocamos encima de cada uno un huevo frito.
Y "ya tá". No me digáis que no tiene una pinta de lo más apetecible...
Un besote, y feliz fin de semana.

Croacia (IV parte)


Y por fin hemos llegado a Dubrovnik.
Creo que casi todos nosotros hemos visto esta ciudad en tropecientos mil reportajes, folletos y revistas. Y, cuando un lugar recibe tanta publicidad, se corre el riesgo de que, una vez que estás en él, te decepcione. Que, al verlo “en directo”, se piense “Bueno, pues no era para tanto”. A todos nos ha pasado alguna vez, igual que ocurre con los libros o películas muy publicitados... Y ésa era mi duda respecto de esta ciudad: ¿me llevaría una desilusión al conocerla?.



Pues no, en absoluto. Todo lo contrario.
Dubrovnik NO te decepciona: es una ciudad absolutamente espectacular, en la que parece haberse detenido el tiempo, y que, además, cuenta con un emplazamiento privilegiado, a orillas del Mediterráneo, que por estas tierras, quizá gracias a los fondos marinos de rocas calizas, es más azul que en muchos otros lugares. 
Cosa que, por cierto, también creía que era, en parte exageración de los folletos turísticos, y en parte Photoshop, pero puedo dar fe de que es real: yo también vivo en el Mediterráneo, aunque "en la otra punta", y el azul del mar en las costas de Dalmacia es único.

Nosotros pasamos cuatro noches en esta ciudad, aunque uno de los días lo dedicamos a hacer una excursión a Montenegro (que ya contaré). Suelen ofrecer también la posibilidad de viajar a alguna de las múltiples islas cercanas, especialmente a Korčula, o a interesantes poblaciones cercanas como Ston o Cavtat (que no se pronuncia “Kavtat” como todos creíamos, sino “Tsavtat”, ¡qué difícil es, para los de habla hispana, acertar con la pronunciación croata, jajaja). Pero nosotros preferimos quedarnos un día más disfrutando de Dubrovnik. Sobre todo, porque el primer día tuvimos que huir hacia el hotel como alma que lleva el diablo: ya os comenté que nos quedaba otro día de lluvia en el viaje, ¡y qué lluvia!.
Por eso, en esta entrada os vais a encontrar con dos tipos de fotos: las del primer día, con un cielo negro y amenazador (y que “cumplió sus amenazas” con todas sus ganas); y las del segundo, con cielo azul y sol radiante.
El primer día, en efecto, la cuestión climatológica se iba complicando por momentos. Empezamos nuestro recorrido subiendo a un mirador, para ver la panorámica de la ciudad desde lo alto...



Entonces, todavía podíamos disfrutar de algún ratito soleado (esta es una de las muchas islas que pueblan la costa de Dubrovnik):

Aparentemente, el día iba a estar algo nublado, pero sin mayores complicaciones. Ya, ya...
Bajamos a la ciudad, atravesamos las puertas de la muralla...

... y nos encontramos con este caballero, que, aparentemente, está siempre en torno a esta fuente, vestido con estas peculiares pintas, y vendiendo corazoncitos de recuerdo a un €.

(La fuente, por cierto, se llama "fuente de Onofrio", y era también una cisterna que recogía las aguas de un acueducto).
El cielo se oscurecía cada vez más. Nos íbamos parando, mientras nos explicaban cosas acerca de la historia y de los monumentos de la ciudad... como aquí, en la plaza, delante del reloj (sí, eran las 10 y 25, ya veis qué original forma de dar la hora, jajaja...Y la bola dorada indica las fases de la luna).

Y aquí está la iglesia de San Blas, en otro ángulo de la plaza...

Pero ya empezaba a llover, y los distintos guías tenían que dar las charlas bajo los soportales, si podían. Algunos turistas corrían hacia las tiendas a comprar paraguas y chubasqueros... que, ante la que se avecinaba, se llegaron a agotar (no es broma). Hasta que ya, directamente, se abrieron las compuertas del cielo...

... y la gente buscó refugio donde pudo.
Este es el interior de la catedral de Dubrovnik. No, no hay misa, ni se celebra nada. Lo que veis son turistas guareciéndose de la lluvia.

Cuando escampó, salimos de la catedral, y nos metimos en una tienda, a comprar un collar de plata y coral, puesto que la artesanía en coral y plata es típica de esta ciudad, y se encuentran piezas muy bonitas. Pero, al salir de la joyería, miramos al cielo, y dijimos "Mejor será que hoy comamos en el hotel".
Dicho y hecho: nos pusimos a andar deprisa... y casi no nos da tiempo ni a llegar a la parada de taxis. El suelo, de piedra tan pulida, resbalaba como un condenado. Y llovía tanto que, desde la cafetería del hotel (que estaba en primera línea), no se veía el mar, sólo la cortina de agua.
Así que, necesariamente, tenemos que rebobinar... y empezar nuestra visita de nuevo, con sol. Y con sol radiante, y calor, como podéis deducir de mis completísimas pintas de "guiri", jajaja.

Por lo tanto, volvemos a entrar en la ciudad, por el mismo sitio.

El santo que está encima del arco es San Blas, patrón de Dubrovnik.
En esta ocasión, no nos encontramos con el tío de los corazones, pero sí pudimos callejear a nuestras anchas por toda la ciudad...

Ésta es la iglesia de San Salvador, de estilo veneciano-renacentista, que aún tiene en su fachada alguna huella de los bombardeos del 6 de diciembre de 1991. Toda la ciudad fue muy dañada, pero hoy está totalmente reconstruida. Y la calle larga que veis es la principal de la ciudad: se llama Placa o Stradun.
Siguiendo esa calle, llegamos a la plaza principal.
Aquí nos vamos a encontrar con palacios de estilo veneciano (como en toda Dalmacia). Dubrovnik (conocida antiguamente con el nombre de Ragusa) también estuvo bajo dominio veneciano, pero, desde aproximadamente la mitad del siglo XIV, fue siempre una república libre, hasta que fue conquistada por Napoleón, en el siglo XIX, y pasó después al imperio austrohúngaro, y más tarde a formar parte de Yugoslavia.
De hecho, su lema era "La libertad no se vende ni por todos los tesoros del mundo" (o sea, en latín, "Non bene pro toto libertas venditur auro", que es lo que puede leerse aún hoy en la puerta de una de las fortalezas que guardaban la ciudad, de cuyo nombre en croata no puedo acordarme, jajaja).

Quizá el único problema de Dubrovnik sean las hordas de turistas procedentes de los cruceros que, cada día, desembarcan en su puerto...

Pero suelen volver a comer al barco, sobre la 1 de la tarde,  así que esas horas son más tranquilitas para callejear.
También encontramos más calma en las callejuelas estrechas que parten de las calles principales...

Como veis, no es sólo una ciudad para turistas: la gente vive aquí, aunque quizá sea una ciudad un poco incómoda para vivir...
Aquí tenéis otro mercado...

Lo curioso de este mercado es que el edificio que veis en primer plano a la derecha, de piedra blanca, con las balaustradas... es un hotel de 5 estrellas. Y por eso, este mercado tiene que levantarse completamente antes de la 1 de la tarde, para dejar paso a la terraza del hotel.
Si nos cansamos de callejear, visitar iglesias, museos y demás, podemos hacer una pequeña pausa, y tomarnos una "relaxing cup of"... algo en uno de los múltiples cafés que abundan en toda la ciudad.


Concretamente, éste que veis bajo las banderas, a pesar de su buena situación (el edificio del fondo es la catedral) tiene precios normales, y es frecuentado también por los "locales".


Si queremos una buena perspectiva de la ciudad, podemos recorrerla "desde arriba", caminando por sus murallas.
Y, en un punto exterior de estas murallas, nos encontramos con este café. Lo que nos ofrece es muy simple: agua, cerveza, refrescos, café y algún "sandwich" o bolsa de patatas...
... pero aquí no se viene a comer o beber, sino a disfrutar de estas vistas tan espectaculares de las murallas...

...y del mar (y, bueno, de paso se toma uno una cervecita o una botellita de agua, que nunca vienen mal, jajaja).

El bar se llama "Buza", por si alguno vais a Dubrovnik y os apetece tomar algo allí.
Salimos de las murallas, y nos encontramos con el puerto. Cuando era una república independiente, Dubrovnik (Ragusa entonces) vivía del mar y del comercio marítimo.

Podríamos seguir mucho más tiempo callejeando por Dubrovnik, pero ya nos van entrando ganas de comer...

... y vamos a desandar nuestro camino, y comer en un restaurante llamado "Nautika" que está fuera de la muralla, cerca de la puerta por la que entramos.

Estas son las vistas desde la terraza del restaurante, y la comida es muy buena... eso sí, NO es barato, en absoluto.
Pero, a veces, merece la pena darse un pequeño "homenaje", si es posible... ¿o no?
Otra de las vistas desde la terraza; esta vez, de una de las fortalezas defensivas que están fuera de las murallas.

Con estas vistas, termina mi reportaje. Queda por contar nuestra excursión a Montenegro, que merece no quedar en el olvido, pero eso será otro día. Hoy sí que espero no haberos aburrido demasiado, dada la cantidad de fotos... ¡pero es que no sabía cuál quitar!.
Un beso, y de nuevo gracias por vuestra paciencia.
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