Desastres en la cocina 2014




Hace ya algún tiempo, publiqué una entrada titulada “Grandes desastres en la cocina 2.0”, (pinchando AQUÍ la podéis leer) en la que enseñaba cómo a todos los que nos ponemos a cocinar nos pasan cosas, y que, aunque parezca que, por tener un blog de cocina, todo lo que preparamos nos sale bien, nada más lejos de la realidad, jajajaja.
Han pasado los años, y, aunque –como es lógico- siempre se mejora y se aprende, no por ello los desastres dejan de suceder.
A veces, se trata de simples errores nuestros: despistes, malos cálculos de tiempo, ingredientes omitidos o sustituidos por otros que no "funcionan", exceso de algún producto, "accidentes" a la hora de desmoldar o presentar…
Otras, son “fallos técnicos”: hornos que calientan de más o de menos, gomas deterioradas de ollas a presión… 
A veces, el plato tiene una pinta espectacular, pero, a la hora de ir a probarlo, la decepción es total y absoluta: el aspecto externo no se corresponde con su sabor.
Pero también tenemos las que yo llamo “recetas imposibles”. Algunas contienen errores de traducción o de imprenta que, inexplicablemente, nadie corrige (se ve que no las han preparado nunca). Otras  nos muestran unas imágenes preciosas, impactantes, dignas de un blog de fotografía gastronómica más que de uno de cocina (ya sabéis lo que opino sobre ese tema)… pero, ¡ay!, cuando uno se pone a hacer la receta, el resultado no se aproxima NI DE LEJOS a esa maravilla que aparece en las fotos.  Y, por último, y, aunque parezca increíble, nos encontramos con aquellas recetas que están mal redactadas “a propósito”: falta (o sobra) algún ingrediente o paso clave, lo que hace que jamás de los jamases nos puedan salir bien. 
El porqué de esta actitud se me escapa: entiendo que alguien no quiera compartir una receta que se considere “secreta” de un restaurante o familia, pero publicarla “mal” a sabiendas, para que no salga igual, no me cabe en la cabeza. Y pasa más veces de lo que os podéis imaginar: es posible que a una persona no le salga una receta, pero cuando le pasa lo mismo a unos cuantos, o cuando lees las cantidades y algo no te cuadra… malo.
Sea cual sea la causa, el caso es que, tarde o temprano, las pequeñas “catástrofes” hacen acto de presencia en nuestra cocina. Si esto ocurre, ya sabéis, no hay que desanimarse: a seguir intentándolo, o a adaptar la receta si no nos cuadra del todo.
Aquí tenéis una pequeña muestra de mis “desastres” de 2014 (y alguno anterior). Muchos de ellos se pudieron solucionar; otros, necesitaron de varios intentos; en otras ocasiones, hubo que tirar todo a la basura; y, en otras, la receta necesita de una “revisión”. Pero, bueno, el caso es que os riáis mientras contempláis estas “maravillas”.
Con este resumen de las "pifias" del año, me despido de vosotros hasta el 2015. Os deseo un año lleno de alegrías y buenos momentos, y en el que sigamos compartiendo cocina, viajes, aficiones, y risas.

Y ahora, vamos con el cachondeo: LOS DESASTRES DE MORGUIX-2014.

1)LAS PRISAS SON MALAS CONSEJERAS:

La “preciosidad”que encabeza esta entrada, y que ya habéis visto, es un proyecto de “coulant”.  Y digo “proyecto”, porque sus hermanitos salieron en perfectas condiciones del horno… unos cuantos minutos después, jajaja.  La receta indicaba un tiempo aproximado de horneado, y yo saqué uno justo cuando transcurrió ese tiempo, sin tener en cuenta que mi horno es más lento que el caballo del malo. Por supuesto, como no estaba lo suficientemente firme, se desmoronó completamente. Y, además, la crema sabía a harina sin cocer, ¡una pena!.
En este caso, el desastre fue parcial, porque los demás quedaron estupendos (ya subiré la receta uno de estos días). La única consecuencia “triste” del asunto es que yo me quedé sin postre, jajajaja (abnegada que es una).
Afortunadamente, los de la cena eran "de confianza"... pero, para estos casos, una de mis reglas es NUNCA servir en una comida o cena formal o de compromiso algo que antes no se haya ensayado con "los de casa".
Y, por supuesto, salvo que ya tengamos muy controlada la receta, vigilemos siempre el horno, para no pasarnos ni quedarnos cortos.

2)LA RECETA IMPOSIBLE.


Cuando viajé, el año pasado, a Croacia, y como no había localizado libros de cocina en inglés (y, obviamente, el croata no lo “domino”, jajaja), a la vuelta me puse a buscar recetas típicas del país por internet, puesto que siempre me gusta cocinar recetas de los países que visito. Y encontré unos pastelitos de chocolate que, a primera vista, sonaban bien ricos.
Me puse a leer la receta, y había unas cuantas cosas que no me cuadraban: la redacción era muy extraña (y lo curioso es que encontré esa receta, redactada de la misma manera, en un montón de páginas españolas, chilenas y argentinas). Posiblemente, se deba a un error de traducción del croata al español, o también a un fallo mecanográfico, pero había algunos ingredientes cuyas cantidades eran disparatadas. Para empezar, a mi juicio, la cantidad de azúcar que llevaban era tremenda (medio kilo), teniendo en cuenta que la receta incluía, además, mantequilla, frutos secos y chocolate. Así que la reduje a 100 gramos.
Pero el problema fundamental se presentó con la cobertura: había que derretir el chocolate con dos cucharadas de agua, y después cubrir con él la bandeja en la que se ponía la masa de los pastelitos, meter en la nevera, y cortar, cuando estuviera fría, en rectángulos. Y sucedió lo que os podéis imaginar: al enfriarse, el chocolate se convirtió en una capa crujiente, IMPOSIBLE de partir sin destrozarla.  Por supuesto, intentar cortar aquella capa en rectángulos o cuadrados más o menos regulares era poco menos que una obra de ingeniería: cualquier intento de corte implicaba que los trocitos de chocolate durísimo salieran volando en distintas direcciones, jajaja.
Así que tuvimos que comernos los supuestos “pastelitos” a trozos irregulares, sin sacarlos de la bandeja-molde, con la "magnífica" presentación que veis (la foto está tomada antes de lanzarme a intentar cortarlos). Y, dicho sea de paso, estaban superdulces, así que no me quiero ni imaginar cómo podían estar con 500 gramos de azúcar.
Supongo que con una ganaché normal, los pastelitos quedarían bien, pero no los he vuelto a hacer, porque son muy calóricos y no nos conviene. Lo intentaré. Pero, vamos, que la receta, si la preparo de nuevo, estará totalmente tuneada, porque vaya tela marinera, jajaja. Entre las cantidades, las explicaciones y la cobertura... 

3)DIFERENCIAS ENTRE PRODUCTOS.
Por alguna extraña razón, hay recetas que quedan bien con un ingrediente de un determinado tipo o marca, y, si utilizas otro, no salen igual. Este es el caso de las galletas BLANCO  Y NEGRO.

-Éstas son las galletas rebozadas en azúcar glas (molido, o impalpable) COMERCIAL


-Y éstas son las galletas rebozadas en azúcar glas molido EN CASA:

Feas como ellas solas, jajaja, parecen "cagarrutas".
Por lo visto, el azúcar glas que se comercializa tiene algún estabilizante, o un poco de maicena para que se vea más blanco, y esto hace que no se absorba por la galleta húmeda, y aparezca ese craquelado tan bonito. Pero, claro, en ese momento  no tenía azúcar molida "comercial", y decidí pulverizarla yo misma, con la Thermomix. Total, daba igual, ¿no?. Pues no, jajaja.
Me dijeron que esto se podía solucionar añadiendo al azúcar molido en casa una pizquita de maicena, pero no lo he probado.
Eso sí, la bandeja "fea" cayó enterita en casa. Presentables no estaban, pero ricas, sí, jajaja.

4) LA TARTA QUE NO QUERÍA SALIR DE SU MOLDE.

Para conseguir hacer la "Tarta Nua" (cuya receta encontraréis AQUÍ), tuve que intentarlo 3 veces. 
Y las dos primeras me acordaba de aquel anuncio de "Babybel", que decía: "El miniqueso al que le gusta salir"... pues bien, a la dichosa tarta NO le gustaba salir de su molde, jajaja.
Yo creo que fue otro caso de "receta imposible", puesto que las dos primeras veces la copié de un blog en inglés, lleno de fotos maravillosas... pero que, por lo que se ve, después no se corresponden con la realidad. 
Y es que la dichosa tarta no salía del molde de ninguna de las maneras, no había forma. Ni con moldes desmontables, ni con papel engrasado en el fondo, ni con "spray" desmoldante, ni leches en vinagre. Así que no sé si es que la receta omitía algún paso, ingrediente o truco, o si es que yo soy torpe como un cerrojo, pero nada, no hubo manera. 
Por lo tanto, busqué otra versión de la misma tarta, y POR FIN la pude hacer:

Riquísima, merece la pena de verdad. Pero, "curiosamente", el blog de donde saqué la segunda (y definitiva) versión de la tarta era mucho más "sencillito" que el primero en lo que a "despliegue fotográfico" se refiere. Qué cosas...

5) EL LOMO CRUDO Y RESECO.

En este caso, o la receta se calculó para una pieza mucho menor de carne, o para un horno bastante más rápido, o yo perdí la cabeza, o no sé que pasó, jajaja.

Porque intenté hacer un lomo relleno de queso y jamón; según la receta, bastaba con 1 hora de horneado. Y, después de DOS HORAS LARGAS en el horno, a la temperatura indicada, este era el "magnífico" aspecto del lomo.


Quizá me precipité al sacarlo, pero la verdad es que tenía muy mala solución: la carne reseca, y cruda. Intenté picarla para utilizarla como relleno de un pastel salado, pero estaba nada más que regular, jajaja.
Una pena, seguiré probando versiones de esta receta, a ver si le pillo "el punto"...

6) BERENJENAS RELLENAS DE TORTILLA "DECONSTRUIDA".

¿Veis esta berenjena rellena?.
¿A que, aparentemente, tiene una pinta estupenda?. ¿A que se ve  muy bonita, con ese gratinadito dorado?


Pues... LAS APARIENCIAS ENGAÑAN, jajaja.
La berenjena, por fuera, quedó perfecta, gratinada y doradita... Pero, por dentro, después de más de hora y media de horneado, la tortilla estaba absolutamente líquida: no cuajó más que la capa superior.

Aquí podéis ver cómo, según se iba abriendo, la "deconstrucción tortillil" iba en aumento. Y, al "profundizar" en la berenjena, te encontrabas con el huevo líquido humeante, jajaja.
Nos la comimos porque no hay que tirar nada, que está la cosa muy mal, pero, desde luego, la pobre berenjena no estaba para ser presentada en sociedad, jajaja.

En fin, ya veis que este mundillo de la cocina tiene estas cosas, así que no os desaniméis cuando el desastre culinario llame a vuestra puerta. Al final de cada año, encontraréis que son más las satisfacciones que las "catástrofes", por lo tanto, ¡a seguir cocinando!.
¡FELIZ AÑO NUEVO!.

Espárragos a la vinagreta de pimientos



En estas fechas navideñas, en la mayoría de las casas se preparan cenas y comidas bastante copiosas, con algunos platos muy elaborados, muchos dulces, turrones, pan, bebidas alcohólicas.
Por eso, siempre se agradece un entrante ligerito, rico y rápido de preparar.
Unos buenos espárragos cumplen estupendamente esta función: son deliciosos, tienen poquisimas calorías (así "compensamos" los excesos de otros alimentos), contienen mucha fibra, son ricos en vitaminas y en calcio,.. ¡todo son ventajas!.
La única "condición" para que los espárragos puedan formar parte de nuestras mesas navideñas es que sean de muy buena calidad. Sobre todo, si vamos a servirlos solos, y no como parte de una ensalada o como decoración o guarnición de otros platos.
En esta Navidad, en casa hemos podido disfrutar de unos espárragos excelentes, gracias a Carretilla, que me ha enviado esta fabulosa lata de diseño clásico (o "vintage", como se dice ahora).


La lata es preciosa, como veis, y muy útil para guardar cosas en la cocina.
Pero lo más importante es su contenido: unos espárragos deliciosos, de textura suave, nada fibrosos, y de tamaño grande.
Encontraréis estos fantásticos espárragos en varios tamaños de botes de cristal o latas.
Se pueden disfrutar solos, porque su sabor es fabuloso. O se pueden utilizar como base para otras recetas.
En casa, quisimos prepararlos de una manera en la que se pudiera apreciar bien todo su sabor, pero con un "pequeño toque" que los enriqueciera. Y por eso preparé esta vinagreta de pimientos.
Con esta "mini-receta" quiero desearos a todos un muy feliz 2015. Que este nuevo año os traiga a todos muchos buenos momentos.

INGREDIENTES

Una lata de espárragos blancos, de calibre grueso o muy grueso, de buena calidad (como los que os traigo yo hoy)
1 pimiento italiano verde pequeño
1 pimiento rojo (italiano o morrón) pequeño
Vinagre de Jerez añejo (también de buena calidad)
Aceite de oliva virgen extra.

PREPARACIÓN:

La única "preparación" (aparte, claro,de abrir la lata y escurrir el exceso de líquido) que tiene esta receta es la de la vinagreta.
Picamos en cuadritos muy pequeñitos los pimientos.

Preparamos la vinagreta, en la proporción de 1 cucharada de vinagre por cada 3 de aceite (si el vinagre es muy fuerte, pondríamos una cucharada muy escasa), Batimos bien. La mezclamos con los pimientos, y seguimos batiendo.

Colocamos los espárragos en una fuente.
Se pueden servir solos, con la salsa aparte, para que cada uno se sirva lo que quiera, o cubiertos con la vinagreta. En casa optamos por la segunda posibilidad, porque algunos también querían tomarlos con mayonesa (es decir, lo nuestro fueron más bien "espárragos dos salsas", jajaja).


¡A disfrutar!
(Para redactar esta entrada he recibido muestras de la casa "Carretilla", por lo que está elaborada según el "Código de Confianza C4C").

Garbanzos salteados con jamón


Seguramente más de uno, al ver esta entrada, estaréis pensando: "¿Y qué hace esta loca publicando unos garbanzos salteados en vísperas de Nochebuena, cuando todo el mundo está preparando platos lujosos, elaborados y sofisticados para los próximos días?".
Y, bueno, sobre esta cuestión os diré que, como suelo decir, hay que comer todos los días, no sólo los "de las fiestas", jejeje. Y, muchas veces, solemos preparar un cocido, o unos garbanzos, para utilizar el caldo en consomés, sopas, y otras recetas navideñas.
En ocasiones, nos sobran garbanzos. Y una forma muy rica, rápida y sencilla de cocinarlos es este salteadito, que os garantizo que queda riquísimo.
Así, no sólo se pueden "reciclar" los garbanzos, sino que también se le da salida a la salsa de tomate casera que nos haya podido sobrar. Una receta de aprovechamiento en toda regla, jejeje.
Por otro lado,si estáis ya cansados de comidas navideñas, un platito de legumbres rápido y bueno nunca viene mal.
Con esta receta (que no es ni receta), aprovecho para desearos a todos una muy feliz Navidad, y un 2015 lleno de buenos momentos. Este blog no "cierra por vacaciones", aunque publique a un ritmo algo más lento, así que os seguiré leyendo... y espero encontraros en 2015 y durante muchos años más.

INGREDIENTES:
150-200 gramos de garbanzos ya cocidos (pueden ser sobras de un cocido, o en caso de emergencia, se pueden utilizar garbanzos de bote, aunque yo suelo cocerlos para tener caldo). Si los queréis cocer en casa, AQUÍ explico cómo hacerlo
100 gramos de jamón ibérico en taquitos o tiritas.
3-4 cucharadas de salsa de tomate casera (receta AQUÍ)
Un puñadito de tomillo.
Un chorrito de aceite de oliva (virgen extra, claro)
Sal y pimienta (si es necesario)

PREPARACIÓN:
En una cazuela baja o sartén honda, echamos un chorrito de aceite de oliva (no mucho, porque el jamón ya lleva grasa), y salteamos los taquitos de jamón.

Cuando hayan empezado a cambiar de color, añadimos los garbanzos escurridos, la salsa de tomate  y el tomillo, removemos bien para que se mezclen los sabores, y rehogamos durante unos minutos (más o menos tiempo, según nos gusten más o menos secos los garbanzos).

Probamos el punto de sal, y servimos.

¡Feliz Navidad a todos!.

Mini-tartas de queso


Esta es una de esas recetas que, desde que la lees, sabes que la vas a hacer más pronto que tarde. 
La copié del blog "Guindilla y Canela" (cuyas fotos son infinitamente mejores que las mías, jajaja).
Y nos han gustado tanto que creo que los vamos a repetir muchas veces. Esta Navidad, por ejemplo, porque son un bocadito delicioso, y mucho más fáciles de repartir que las tartas tradicionales. 
Y, si tenéis en casa a alguien que no sea muy partidario de las tartas de queso, estas tartitas pequeñas sí que se las suelen comer muy a gusto.
Me han quedado un poquito más cuajados que a ella ("gracias" a mi horno, jejeje), pero riquísimos de sabor.
Son ideales para una merienda, para acompañar un café o un té, o para esas ocasiones en las que nos apetece tomar algo dulce de postre pero no queremos una ración demasiado grande ni algo que nos resulte un poco pesado o empalagoso.
Con frambuesa nos han encantado, pero tengo que probar con Nutella apta para diabéticos.
Como siempre, las he hecho sin azúcar, y con queso "light", pero os pongo también las cantidades de azúcar. Y os anoto las dos versiones: con y sin Thermomix.
Si queréis un postrecito sencillo y bueno para rematar las cenitas navideñas, y salir un poco del turrón, mazapán y polvorón tradicionales, aquí tenéis estas tartitas.


INGREDIENTES
(Para 10-12 minitartas)
Para la base:
- 8-10 galletas. Yo utilicé las “Marbú María Dorada 0% azúcares, y la receta original lleva 8 galletas Digestive
- 40 gramos de mantequilla o margarina (yo puse mantequilla)
Para el relleno:
- 350 gramos de queso tipo Philadelphia (en mi caso, usé Philadelphia Light)
- 2 huevos grandes
- 120 gramos de azúcar o 70 de un edulcorante que se pueda hornear (tagatosa, sucralosa...). En cualquier caso, probad el punto de dulzor antes de verter la crema en los moldes
- 1 cucharadita de extracto de vainilla
- 1 cucharadita de maizena
- Para decorar: Frutos rojos (yo utilicé frambuesas), o Nocilla, Nutella o nata montada, o virutas de chocolate.

PREPARACIÓN
Precalentamos el horno a 180º.
Pulverizamos las galletas (con picadora, Thermomix u otro robot de cocina, molinillo de café, o incluso con el “viejo” sistema de poner las galletas en un paño e ir pasando el rodillo por encima hasta triturarlas).
Ablandamos la mantequilla durante unos segundos en el microondas, y mezclamos con las galletas, con una espátula de cocina o cuchara de madera, hasta que esté bien integrada la mantequilla y nos quede una mezcla pastosa.
En Thermomix: ponemos las galletas troceadas en el vaso, y damos varios golpes de Turbo hasta que estén completamente pulverizadas. 

Agregamos la mantequilla troceada, y programamos 3 minutos, 37º (o 40º, según los modelos), velocidad 3, hasta que esté todo bien mezclado.

En una bandeja de magdalenas o “cupcakes”, colocamos las cápsulas o papelitos de magdalenas. 
Vamos formando la base, poniendo una cucharada sopera de la pasta de galletas en cada moldecito. Con la mano, o con el dorso de una cuchara, igualamos y aplanamos la base, para que quede firme.

Pondremos en la Thermomix o en el vaso de una batidora los ingredientes de la crema, y batimos hasta formar una crema, sin que queden grumos. En Thermomix, programaremos 2 minutos, velocidad 3, sin temperatura (y comprobamos si está todo bien mezclado).

Y vamos vertiendo en cada moldecito la crema, con cuidado, sin que llegue hasta arriba del todo (pero teniendo en cuenta que no va a crecer la masa y desbordarse).

Introducimos la bandeja en el horno, y bajamos la temperatura a 150º. Horneamos durante 40 minutos, aproximadamente.
No abráis el horno hasta el final, para que no se rajen. Y no os preocupéis si se hinchan un poco, después bajarán.  
Cuando los pastelitos se vean firmes (mover un poco la bandeja para comprobarlo), apagamos el horno y dejamos dentro la bandeja hasta que se enfríen. Después, los refrigeraremos al menos durante 2 horas.
Decorar al gusto, con nata o nutella y la manga pastelera, con frutos rojos, o con virutas de chocolate por encima.
Se pueden servir con o sin el “papelito”.


Dice “Guindilla y Canela” que aguantan bien un par de días en la nevera. En casa sólo duraron 1 día, jejeje.

Indonesia, 2ª parte: Borobudur, Prambanan y Yogyakarta



Y vamos ya con la segunda parte de la crónica del viaje a Indonesia.
Esta vez, vamos a movernos por la zona central de la isla de Java.
Hago un pequeño inciso para comentaros que Indonesia se compone de un montón de islas. No sé exactamente cuántas, pero creo que en torno a 13.000, de las cuales están habitadas sobre 6.000.  Yo sólo he visitado 3, y he estado 17 días, así que imaginad la de viajes que se pueden hacer a este país…  
En esta crónica de hoy, nuestra "sede central" es Yogyakarta. Vamos a visitar dos zonas espectaculares de templos hindúes y budistas, que se encuentran en las cercanías de esta ciudad... aunque, bueno, ya sabéis que, en Indonesia, aunque las cosas estén cerca, se tarda mucho más en llegar a ellas, jajaja  (Para que os hagáis una idea, Borobudur está a 42 kms. de Yogyakarta, y se tarda hora y media -o más- en llegar).
Dos lugares maravillosos, y un pequeño paseíto por la ciudad. Aunque por Yogyakarta paseamos poco: las visitas son largas, se invierte mucho tiempo en llegar de un punto a otro, el calor y la humedad cansan también un poco, y por las tardes-noches llovía todos los días, así que apenas hubo ocasión de recorrer la ciudad. Pero algo sí os podré enseñar.. como, por ejemplo, esta callecita, cercana al palacio, con sus vendedores ambulantes.


Nuestra primera visita nos lleva a los templos hindúes de PRAMBANAN. Templos de los que (confieso mi ignorancia) yo no había oído hablar en mi vida: de hecho, yo iba con la ilusión de visitar Borobudur, y el resto de las excursiones, para mí, suponían un simple "complemento". 
Y os aseguro que me quedé impresionada. No me esperaba encontrarme con algo así. Un lugar maravilloso, que es Patrimonio de la Humanidad.

No os voy a contar demasiados datos históricos ni artísticos sobre estos templos: no soy experta en la materia, y hay miles de libros y páginas escritos por quienes sí saben de esto en las que os podéis informar. Sí os diré que se construyeron entre los siglos VIII y X, bajo el gobierno de una dinastía hinduista, y que cayeron en desuso cuando esta dinastía se marchó al Este de la isla de Java. 

Después, siglos de descuido y de terremotos los dañaron, hasta que, ya en el siglo XX, se empezaron a restaurar. Aunque los terremotos (como el de 2006), siguen dañándolos: Indonesia es una zona de tremenda actividad sísmica, no tenéis más que buscar en internet "los mayores terremotos de la Historia" y encontraréis unos cuantos que se produjeron por estas tierras.
En el complejo hay templos dedicados a Brahma, Vishnu, Shiva, Ganesha, y a los "transportes" de estos dioses, como Garuda (el tema de los dioses en el hinduismo es pelín complejo y largo, y yo me lío mucho, así que mejor os dejo este enlace para más detalles)  En la cima de la mayoría de ellos suele haber una cámara que encierra una estatua del dios al que está dedicado cada uno.
¿No os recuerdan un poco a los de Angkor Wat, de Camboya?.

Nos encontramos con muchísimos turistas locales. En concreto, había varios colegios visitando los templos.
A algunas de estas estudiantes les habían puesto "deberes": en esa visita al templo, tenían que hacer alguna entrevista a algún extranjero.
Y, bueno, yo ya tengo cierta "cara de guiri" en España, así que imaginaos en Indonesia, jajaja. Era, claro está, una de las "candidatas" adecuadas, y aquí me tenéis en plena "entrevista" con estas chiquillas tan graciosas, entre las que había, por cierto, seguidoras del Madrid y del Barça.
(Nota a pie de página: En condiciones climatológicas normales, y sin padecer recorridos de entre 3 y 8 horas diarias de autobús, ocupo bastante menos volumen que en estas fotos, jajaja)


Evidentemente, las entrevistas eran en inglés: mis conocimientos del idioma indonesio son "manifiestamente mejorables", y se reducen a palabras y frases como "Terim Akasih" (gracias), "Sama Sama" (de nada), "Selamat pagi" (buenos días), y punto pelota, jajajaja.
Después de la entrevista, tocaba foto, con nuestras cámaras y con los móviles de las chiquillas. 

Algo que me gustó mucho de Indonesia fue la tolerancia y la tranquilidad con que, en principio, conviven las distintas religiones: aunque la mayoría de la población es musulmana, podías encontrarte con templos hindúes e iglesias cristianas cerca de mezquitas, o con mujeres musulmanas que no usaban velo fuera del templo... Al llegar a España, vi en la prensa una entrevista al líder del Estado Islámico en Indonesia: por su bien, espero y deseo que jamás el islamismo radical llegue a tomar el control de este país como lo ha hecho en otros, que hace años visité, y que ahora da auténtico dolor leer las noticias sobre ellos.
En fin.., vámonos ya a Yogyakarta, a ver el Palacio del Sultán, o "Kraton".


En realidad, el "Kraton" era un complejo de edificios: el palacio del sultán en sí, más las dependencias administrativas, más las viviendas de los trabajadores, talleres de seda, batik y joyas, mezquitas, tiendas, y escuelas. 
La arquitectura del palacio mezcla elementos orientales y occidentales.
Hoy día, en el palacio sigue viviendo el sultán, que, actualmente, actúa como una especie de gobernador de la provincia (es el único sultán que aún conserva ciertos poderes políticos en Indonesia, lo cual se debe a que el padre del actual sultán tuvo una participación muy activa en la lucha por la independencia del país, y fue bastante querido y respetado por su pueblo).
Este es un pequeño pabellón, en el jardín.

Estos extrañísimos frutos están, por lo visto, reservados para el sultán. Obviamente, no los hemos probado, jejeje.


En el jardín hay algunos pabellones en los que se ofrecen distintos espectáculos, según los días de la semana Cuando no hay espectáculo, a veces los bailarines y músicos se dedican a ensayar. 


Al fondo podéis ver a los músicos. 
Este tipo de música javanesa-balinesa tiene un ritmo y una cadencia que, por lo menos a mí, me adormece un poco (el calor y la humedad también colaboran en ello, jajaja). Ideal para la meditación o la relajación.

Y aquí tenéis a los guardias, vestidos con su traje tradicional, y tomándose un pequeño refrigerio. 

Dentro del palacio, nos encontramos con salas lujosamente decoradas...

Y con una exposición de las colecciones del sultán, de regalos de otros monarcas y jefes de Estado, de "reliquias" familiares, cuadros, fotos... (aquí podéis ver el trono del sultán, y una foto del que ocupaba el cargo en la época de la independencia, que ya os comenté antes).

La mezcla es un poco chocante: junto a piezas de gran mérito y valor, te encuentras, por ejemplo, una sala en la que se exhiben diversos (y cutres) artilugios de cocina, de época muy reciente pero, en algunos casos, bastante deteriorados: agarradores de tela, ralladores, cucharitas medidoras de silicona un poco descoloridas, cortadores, moldes...
Vamos, que en cualquiera de las casas de los "cocinillas" que leéis este blog hay cacharritos bastante mejores. Y, además, sinceramente no sé qué pintaban en la exposición: ni eran antiguos, ni valiosos, ni originales. Una cosa rarísima.
(En esta foto, a pesar de los reflejos, podéis apreciar que no miento, jajaja).

Por qué motivo consideran los dueños, o los conservadores de este palacio, que estas espumaderas, cucharones, ralladores y cortadores son tan dignos de exhibición como las antiguas armas, porcelanas o esculturas es algo que se me escapa..
En los alrededores del palacio, nos encontramos con vendedores ambulantes de zumos, frutas y helados...


Las bolsitas que veis al fondo contienen, algunas de ellas, plátano frito en rodajitas, ¡buenísimo, os lo recomiendo!.  

Una artesana del batik...

Al hilo de esta foto, quiero haceros una advertencia: si vais a Indonesia, y os gusta el batik, informaos bien. Hay auténticas maravillas, pero también hay mucho batik falso, piezas muy cutres, y gente (entre los que se incluyen algunos guías que llevan comisión en las tiendas) dispuesta a dar "gato por liebre". El verdadero batik no es barato, eso está claro (aunque Indonesia, de momento, no es un país caro en absoluto). Y, precisamente, en el entorno del palacio, hay muchos vendedores pesados, y mucha tienda con cosas de no demasiada calidad. Insisto: buscad información fiable, y, una vez en Indonesia, no os será difícil localizar las tiendas (yo no os puedo ayudar porque no compré).

En cuanto a comidas y alojamiento, nosotros nos hospedamos en el Hotel Meliá Purosani, que está muy bien situado, y tiene unas excelentes instalaciones. Como solíamos llegar muy cansados, y el tiempo no acompañaba por las noches (aquí no llueve, se abren las compuertas del cielo, jajaja), cenamos en el propio hotel, que tiene dos restaurantes muy agradables, uno chino, y otro con cocina indonesia e internacional. En cambio, los que cenaron hamburguesas y sandwiches en el bar tuvieron que esperar demasiado rato hasta que les sirvieron la comida y bebida.
En la propia ciudad, comimos en el restaurante Via-Via. Muy recomendable: buena comida, wi-fi gratis, tienda, información sobre eventos culturales, y muy bien situado.

Por último, (que no lo último, como dicen los ingleses), vamos a Borobudur.
Os recomiendo encarecidamente ir temprano: evitaréis las masas de turistas, y os ahorraréis tener que subir las escaleras del templo a 35º y 100% de humedad (cosa que os sucederá a partir de las 11-12 de la mañana). Nosotros pretendíamos ver amanecer (dicen que es algo espectacular e inolvidable), pero llegamos tarde: el tráfico es infernal, y en los pueblos ponen los mercados callejeros de madrugada, así que es difícil cruzarlos. 
De todas formas, como podéis comprobar, nos hubiera dado igual llegar antes...


Nos quedamos un poco preocupados: ¿tendríamos que visitar el templo con semejante niebla?.
Afortunadamente, no: aunque el día no era claro, la niebla levantó.
Borobudur es un templo budista. Actualmente, no se celebran cultos en él, pero sigue siendo un lugar sagrado. Por eso, todos los visitantes han de ponerse un pareo, en señal de respeto (en Prambanan, por ejemplo, sólo debían ponerse el pareo los que llevaran pantalones cortos).


En un lugar como éste, sobran las palabras. Únicamente os diré que se construyó también en torno al siglo VIII, y que, como Prambanan, quedó abandonado durante siglos. 
La estructura del templo, según dicen, refleja la visión budista del mundo. Se va ascendiendo desde el nivel más bajo (el mundo dominado por las pasiones y deseos), a través de sucesivas reencarnaciones, o sucesivos estados de evolución espiritual, hasta alcanzar la liberación o el Nirvana.
Y, en sentido figurado, los que van subiendo a las distintas plantas del templo van haciendo un esfuerzo, una purificación, que les lleva a alcanzar un nivel superior (el esfuerzo no es en sentido figurado, que hay que subir "unos cuantos" escalones...).


En los distintos pisos, las paredes están llenas de relieves que cuentan la vida de Buda, y también recogen diversos textos de las enseñanzas budistas, así como escenas de la vida de Java en la época de la construcción del templo.  Los niveles más bajos muestran las escenas cotidianas.



Y llegamos al nivel más alto del templo, Dentro de cada "stupa" (de cada "campanita") hay una estatua de Buda, que podemos ver a través de las celosías.

Se recorre en el sentido de las agujas del reloj (como todos los templos budistas).

Aquí podéis ver una de las estatuas de Buda, en esta "stupa" que está abierta en parte.


Ese mismo día disfrutamos de una excelente comida en el hotel "The Plataran" , un lugar precioso y relajante... y en el que las vistas de Borobudur son increíbles. 


Bueno, creo que esta vez me he superado a mí misma en lo que a "rollo" se refiere (y mira que es difícil). Aquí lo dejamos por hoy, que ya está bien. Espero que os guste, aunque sólo sea por ver las fotos.

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