Calabacines rellenos de carne (en Thermomix)


Ya estamos como todos los años: llega la Navidad, y yo con este espíritu navideño "manifiestamente mejorable", jajajaja. 
Y es que, por mucho empeño que le ponga, no me terminan de gustar estas fiestas, no lo puedo evitar. No es por cuestiones anímicas, ni personales, religiosas, ni ideológicas, ni económicas, ni tengo problema alguno con ningún familiar, ni me asusta organizar cenas y comidas, ni tengo "fobia social",  pero es algo superior a mí: no me gustan estas fiestas, ni me han gustado nunca demasiado, salvo cuando era niña. No consigo entrar en el "ambientillo" navideño.
Tampoco ayuda mucho el hecho de que, este año, estemos a 22º, haya gente (y no sólo valientes "guiris", sino también "nativos") bañándose en la playa, haya también mosquitos circulando por las casas y picándonos de vez en cuando... Vamos, que pega más escuchar la canción del verano que "Jingle Bells" o "Los peces en el río", jajaja (lo de "Blanca Navidad", evidentemente, resulta más propio de otras latitudes). 
En fin, el caso es que, como todos los años, por estas fechas, los blogs se llenan de magníficos platos de fiesta, deliciosos turrones, y maravillosas decoraciones, y yo sigo con mis croquetas, mis cosas rellenas, y mis platos de todos los días. Nada nuevo bajo el sol, jajaja.
Pero, como yo digo siempre, hay que comer el resto de los días, los que no son Nochebuena, ni Navidad, ni Nochevieja, ni "ná de ná"... así que vamos con una de esas recetas que sirven para las comidas de diario. 
Para variar, seguimos rellenando cosas. Esta vez he preparado los calabacines con Thermomix; si queréis ver alguna otra receta de calabacines rellenos hecha sin el aparatejo, pinchando AQUÍ encontraréis otros, también con carne,  o estos con jamón
Estos calabacines, al no llevar bechamel en el relleno, son más ligeritos, y quedan muy sabrosos también.

INGREDIENTES:
(Para 4 personas, calculando medio calabacín por persona)
2 calabacines grandecitos
100 gramos de jamón serrano (a ser posible, ibérico)
6 champiñones Portobello (medianos o grandes)
1/2 cebolla grande o 1 pequeña
450 gramos de carne de ternera picada (si lo preferís, podéis utilizar mezcla de carne de ternera y de cerdo)
Un diente de ajo
2 tomates rallados
35 gramos de aceite de oliva virgen extra
2 huevos 
80 gramos de queso rallado
Sal, orégano y tomillo

PREPARACIÓN
Picamos el jamón y el champiñón en cuadritos pequeños, bien a mano o con la Thermomix. En este caso, picamos primero los champiñones, programando 4 segundos a velocidad 4, reservamos, y picamos después el jamón, dando 5 segundos velocidad 7 (si estuviera muy duro, daremos dos toques de Turbo). Y reservamos también.
Cortamos los calabacines en dos mitades a lo largo, y los vaciamos con un sacabolitas o un cuchillo. Las barquitas vacías las coceremos muy poco tiempo en el microondas, 2 minutos a 700 W, y las reservamos.
Y la pulpa la picamos también, programando 4 segundos a velocidad 5, y la reservamos.
Pondremos en el vaso la cebolla troceada y el ajo, y programamos 5 segundos a velocidad 5.

Añadimos el aceite, y programamos 7 minutos, temperatura Varoma (En Thermomix 31) o 110º (En TM5), y velocidad 1.

Agregamos la pulpa del calabacín, y programamos 4 minutos, misma temperatura y velocidad.
Añadimos después el jamón y los champiñones, y programamos 3 minutos, temperatura Varoma o 110º (según el modelo de máquina), velocidad cuchara con giro a la izquierda.

Quedará así:

Y ahora añadiremos los tomates...

...la carne, la sal, el orégano y el tomillo...

... y programamos 15 minutos, temperatura Varoma o 110º, velocidad cuchara con giro a la izquierda.
Una vez terminada la cocción, escurriremos el exceso de líquido , volcando la mezcla sobre un colador o sobre el cestillo.
Entonces, añadimos los huevos batidos, agregamos 50 gramos de queso rallado, y mezclamos removiendo con la espátula o programando 20 segundos, velocidad cuchara con giro a la izquierda.
Rellenamos las barquitas de los calabacines, espolvoreamos con el queso rallado restante...


 ...y gratinamos.
Espero que os gusten, ¡están muy ricos!.

Croquetas de chorizo y pollo


Uno de mis vicios "confesables", desde pequeñita, son las croquetas. Me da igual de lo que sean; es más, tengo que contenerme para no comerme la masa fría y extendida sobre una fuente, jajaja (de pequeña siempre lo hacía, y me reñían).
Me gustan de pescado, de gambas, de cocido, de setas... En casa, que son un poquito "de piñón fijo" , y pelín tradicionales para la comida, siempre me las piden de jamón, pero yo intento variar.
Como nos habían regalado un chorizo riquísimo de La Rioja, decidí utilizarlo para una versión "croquetil" distinta de la habitual.
Y, aunque al principio pusieron cara rara por no ser de jamón  (¡Señor, qué cruz, jajaja!), después reconocieron que estaban muy ricas. Tienen un saborcito delicioso a chorizo, pero muy suave, nada pesado, quizá por el contraste con el pollo.
Se puede utilizar pollo asado que nos haya sobrado, o pollo cocido, o tiras de pollo asado que se venden envasadas al vacío.
Vista del "interior" de las croquetas (podéis comprobar que la masa queda con un colorcito rojizo).
Y vamos al lío:



INGREDIENTES 
(Para unas 16-18 croquetas)
100 gramos de chorizo
100 gramos de pollo cocido o asado.
5 cucharadas de maicena
Leche entera o semidesnatada (aproximadamente 3/4 de litro)
1 huevo batido y pan rallado para rebozar (yo utilizo pan rallado más rústico, con un grano más grueso, porque quedan más crujientes. Hay varias marcas).
Aceite de oliva virgen extra para freír las croquetas

PREPARACIÓN:

Picaremos en trozos pequeñitos el chorizo y el pollo.
En una sartén honda, salteamos primero el chorizo durante unos minutos (no hace falta aceite), y añadimos después el pollo.


Agregamos poco a poco la maicena, removemos bien, y dejamos que se tueste unos 3-4 minutos. 

Después, y sin dejar de remover, vamos añadiendo la leche poco a poco. Puede que necesitemos algo más o algo menos de los 3/4, eso lo iremos viendo según removemos. Cuanto más leche añadamos, más cremosas estarán... pero más difíciles serán de formar, jajaja.



Cuando la masa se separe de los bordes de la sartén, dejándolos "limpios", ya está hecha. 


Entonces, la retiramos del fuego, y la dejamos enfriar, extendiéndola sobre una fuente o plato. Probamos antes el punto de sal, aunque no suele hacer falta añadirla.


Una vez fría, formaremos las croquetas. Y las rebozamos, pasándolas primero por huevo batido y después por pan rallado, 
Congelan muy bien. Yo las congelo ya rebozadas, me resulta más cómodo que congelar la masa y después formarlas y rebozarlas. Después, sólo hay que descongelarlas y freír.


Las freímos en abundante aceite bien caliente. Necesitaremos una sartén honda, para que el aceite las cubra bastante. Y no conviene freír muchas a la vez, para que no se nos enfríe el aceite.


Las dejamos escurrir sobre papel absorbente de cocina, y las servimos. A disfrutar (a mí también me encantan frías, jejeje) . 

Huevos rebozados rellenos de jamón





 Hay recetas que, en cuanto uno las ve, pasan rápidamente a la carpeta de "Pendientes".
Y ésta, además, es de las que se preparan en cuanto se encuentra la ocasión apropiada.
Yo encontré esta receta de huevos rellenos en el mes de julio, cuando la publicó Nuria en su blog "El Cuaderno de Recetas", y me gustó tantísimo que, por supuesto, me la guardé.
Pero ocurre que, en verano, yo suelo andar más liada que la pata de un romano. Como en toda casa cercana a la playa, suele haber "okupas" familiares, y, además, como nosotros solemos coger las vacaciones en fechas no habituales, eso implica que, en verano, me toca trabajar y sustituir a compañeros, aparte de llevar mi propia oficina.
Eso, unido al calor tan horroroso que hemos padecido este verano, hace que acabe recurriendo a recetas simples, rápidas y fresquitas, y que ya tengo experimentadas muchas veces. Y estos huevos, aunque son muy sencillitos, llevan un poquito más de trabajo, y hay que freírlos, así que preferí esperar a tener tiempo. En octubre, como estáis viendo, me fui de vacaciones, pero en cuanto volví y me recuperé del viaje, le tocó su turno a esta recetita.
Y no va a ser la última vez que los haga, no. Son absolutamente DELICIOSOS, así, con mayúsculas. (Aquí podéis ver cómo queda el interior).

En casa han sido un triunfo total. Calentitos están muy ricos, y templados, pero fríos también me han parecido estupendos, así que puede ser una idea muy buena para llevar a las comidas en la playa o en el campo.
Se pueden tomar solos, o acompañados de una ensalada, o con salsa de tomate casera (como hice yo). En cualquier caso, están buenísimos.
Si queréis ver otras recetas de huevos rellenos en este blog, aquí tenéis, por ejemplo, los de toda la vida, rellenos de atún, o unos rellenos de salmón y gratinados con bechamel, u otros rellenos de ensaladilla de merluza. (Pinchad en el nombre de las recetas para poder leerlas).
Y vamos con la receta de hoy, no sin antes volver a dar las gracias a Nuria (o a su madre, que fue quien los hizo, jejeje), por un platito tan rico, que se queda ya, con todos los honores, entre las recetas de mi casa. También le he copiado un consejo de cocción: el del vinagre (lo de cocerlos con sal marina gruesa ya lo hacía yo).
Fuente: EL CUADERNO DE RECETAS.
 
INGREDIENTES:
1 o 2 huevos por persona (yo los utilizo de tamaño L o XL).
Jamón serrano picadito (para 6 huevos, yo uso 150 gramos; Nuria pone 250 gramos para 10 huevos tamaño L).
Aceite de oliva virgen extra
1 cucharada de harina
1 vaso de leche entera o semidesnatada
1-2 huevos batidos para rebozar
Pan rallado para el rebozado (en este caso, prefiero utilizar el finito, no el crujiente tipo japonés o rústico).
Vinagre y sal marina gorda para la cocción (al relleno, con el jamón, no le hace falta sal).

PREPARACIÓN.
Picamos muy finito el jamón serrano.

Vamos cociendo los huevos: los pondremos en una cazuela, echamos un puñado de sal marina gruesa (así, según dicen, nos quedará la yema más centradita, y además se pelan mejor), y llevamos a ebullición. Añadiremos un chorreón de vinagre, porque de esa forma, si la cáscara se rompe, no se saldrá la clara.
Una vez cocidos (tardarán entre 10-12 minutos desde que empiece a hervir el agua), los dejamos enfriar un poco y los pelamos. Los partimos a lo largo.

Sacamos las yemas, y reservamos las claras.
Las yemas las aplastamos con un tenedor y las mezclamos con el jamón.

En una sartén, pondremos un chorreón de aceite, y tostamos la cucharada de harina.

Vamos agregando poco a poco la leche. No vamos a hacer una bechamel tipo la de las croquetas, sino una especie de "roux" que nos sirva para ligar el relleno, así que puede que no necesitemos todo el vaso.
Después, añadiremos las yemas y el jamón, removiendo bien para que todo se mezcle de forma homogénea.

La mezcla tiene que quedar untuosa y cremosa, no líquida, pero tened en cuenta que al enfriarse espesará.
Probamos el punto de sal (con el jamón, no suele hacer falta añadir más, pero probad por si acaso).
Dejamos que se enfríe un poquito, y rellenamos cada mitad, dándole la forma de un huevo entero, ayudándonos con las manos (se hace mejor con las manos que con cuchara).

Los pasamos por huevo batido...

... y después rebozamos con el pan rallado, cuidando de que quede bien cubierto el huevo, para prevenir "fugas" del  relleno al freír.
 
En una sartén honda, calentamos abundante aceite. En él, freímos los huevos, dejando arriba la cara del relleno.
 
Con una cuchara o espumadera, echaremos el aceite caliente por encima, para que se vayan sellando. Después, con cuidado, les daremos la vuelta (podemos, incluso, prescindir de este paso, si con el aceite que le vamos echando ya se van dorando).
Cuando estén dorados, los sacamos a un plato cubierto con papel de cocina, para que escurran el exceso de aceite.
¡Y a disfrutar!. Espero que os gusten.
 
Feliz puente para todos.

Sri Lanka (2ª parte)




Vamos con la segunda crónica del viaje a Sri Lanka (la primera parte la podéis leer si pincháis AQUÍ).
No estoy siguiendo un orden cronológico estricto, aunque, de hecho, la visita a Polonnaruwa...

... la estancia en la playa de Passikudah y la excursión al primero de los parques nacionales (el de Kaudulla), llegaron inmediatamente después de Sigiriya, de la que ya os hablé en la crónica anterior. Sin embargo, para unificar las referencias a los "safaris" a parques naturales, también comentaré aquí la visita a otro parque nacional, el de Yala, que no se encuentra en la misma zona, y que tuvo lugar después (así ya veis aquí todos los animales juntos y no os canso demasiado con tanto elefante, tanto jeep y tanta cosa igual, jajajaja).
Eso sí, seguiréis viendo budas (no queda otra, en un país de mayoría budista). Éste, en concreto, sentado en posición de meditación, pertenece al conjunto de cuatro Budas de Gal Vihara, en Polonnaruwa.  Observad la expresión de su cara, serena y concentrada.


Empezaremos nuestro recorrido con Polonnaruwa, una de las antiguas capitales del reino de Sri Lanka, que lo fue durante dos siglos: del siglo XI al XIII. Hoy sus ruinas son Patrimonio de la Humanidad.

Este edificio, o estructura, que veis aquí se llama Vatadage, y se cree que fue construido para albergar la reliquia del diente de Buda. Esta reliquia, muy venerada (como os podréis imaginar) por el pueblo de Sri Lanka, iba "trasladándose" según se cambiaba de capital, y ahora se encuentra (o eso dicen), en Kandy. Pero esa ciudad ya la veremos otro día.


El paseo por la zona de ruinas es muy agradable (especialmente, si no diluvia).


Los monos, como podéis observar, están por todas partes en Sri Lanka...

Los tíos corrían y saltaban por  los andamios como si estuvieran en un parque infantil de juegos, armando un gran estruendo con los tubos.


Aquí tenemos otra "stupa".

Este edificio se llama "Hatadage". Algunos dicen que es aquí donde estuvo la reliquia del diente de Buda.


Aquí me tenéis, posando de lado. Y es que no se debe posar dando la espalda a las estatuas de Buda para tomar fotos; de hecho, si algún guardián o monje te ve hacerlo, te llaman la atención, porque se considera una falta de respeto. (Mi careto es manifiestamente mejorable, pero con ese calor y esa humedad, y lo bien que sienta al estómago el "Malarone", qué se le va a hacer, jajajaja).


Incluso aunque se trate de templos en los que ya no se lleva a cabo ningún culto,o de imágenes deterioradas o decapitadas, como ésta del templo de Lankatilaka.

De hecho, aunque está en ruinas, para entrar hay que descalzarse (y da igual que haga calor y el suelo queme, o que esté cayendo o haya caído una tromba de agua y el suelo esté empapado, como fue nuestro caso). Por lo tanto, si hace sol, os recomiendo llevar calcetines, para no quemaros la planta de los pies. Si llueve, mejor entrar descalzos del todo... pero llevad, entonces, toallitas para limpiar y secar los pies.

Detalle de uno de los relieves del "Libro de Piedra" (Gal Pota).


Éste es el templo de Gal Vihara. Tiene cuatro enormes imágenes de Buda, talladas en la roca. La imagen tumbada representa a Buda alcanzando su segunda iluminación (justo en el momento de su muerte). Y la que está de pie, según algunos, es un discípulo de Buda que está a su lado en ese momento, y según otros es también una imagen de Buda.
La imagen tumbada es la más venerada por los peregrinos budistas.
Todas las imágenes tienen una impresionante expresión de serenidad.



No me termina de convencer demasiado esta manía que les ha entrado de "proteger" las estatuas de Buda (como ya vimos el otro día con el buda de Aukana) con esas estructuras-tejadillos metálicos. Creo que quitan gran parte del encanto al entorno del templo, y no sé si, realmente, serán muy efectivas (por lo visto, se han instalado recientemente). Pero, en fin, doctores tiene la Iglesia, o las autoridades arqueológicas de la zona...
No nos libramos de la lluvia en todo el día. A veces, caían buenos chaparrones, que obligan a sacar el paraguas hasta a los mismos monjes budistas.


Esa misma noche llegamos a la playa de Passikudah o Passekudah (de las dos maneras lo he visto escrito).

La playa es una preciosidad... pero, desgraciadamente, no pudimos apenas disfrutar de ella, salvo para dar algún corto paseo.
Dicen que el agua está calentita, que no cubre (quien quiera nadar, tiene que adentrarse bastante en el mar), que hay muchos corales, y que es una zona buena para el buceo.
Nada de eso se pudo comprobar: durante nuestra estancia en Passikudah tuvimos los peores días de agua de todo el viaje. Apenas hubo algunos ratos de tregua. Y lo malo es que, como te pille en una zona en la que no puedes resguardarte, en menos de 5 minutos te empapas hasta tal punto que parece que te hubieras caído al mar.


Son los riesgos de viajar a estos países al final de la época del monzón: si tarda más en pasar, o da sus últimos coletazos... pues toca aguantar agua, agua y más agua.


En cualquier caso, el hotel era una maravilla, un lugar para disfrutar del mar y de la tranquilidad, de los masajes ayurvédicos, y de la comida, que era estupenda. Eso sí, se habría agradecido un poquito de sol, jajaja.
La piscina resultaba incluso fría: llovía tanto, y con tanta fuerza, que el agua se renovaba constantemente, y no le daba tiempo a calentarse.


Hicimos una visita a la ciudad de Batticaloa, pero esa mañana no paró de diluviar prácticamente ni un segundo.


Visitamos la fortaleza, construida por los portugueses (de hecho, me recordaba mucho a las que hay en algunas ciudades portuguesas, o españolas que antes fueron portuguesas), pero que después fue controlada por los holandeses, en el siglo XVII.
Ahora, dentro de ella hay oficinas, como ésta...

En la que me metí a cotillear, puesto que tiene "algo" que ver con mi profesión, jajaja... eso sí, en España tenemos oficinas más modernas y se trabaja en mejores condiciones, para qué nos vamos a engañar.
Pero me resultó curioso. Y los empleados, muy amables... aunque creo que se quedaron un poco sorprendidos de nuestro interés por su oficina, jajaja.
La ciudad está junto a una laguna, y la intención inicial era dar un paseo por el casco antiguo y hacer una ruta en barquito por la laguna, hasta una isla... pero apenas pudimos ver nada, con tanta agua. El paseo se redujo a un rápido recorrido por la fortaleza y un desplazamiento en autobús hasta el faro, donde nos subimos a los barcos...


Este paseo en barco, con sol, o al menos, sin lluvia, habría resultado de lo más agradable. Sin embargo, apenas podíamos ver nada, y el agua calaba, a pesar de que los barcos están techados. Ya veis la que caía...

Vimos a algunos pescadores echando sus redes, cuando paramos en una islita de la laguna.

Fue una pena que lloviera tantísimo: la isla era un lugar muy agradable para pasear, ver aves, descansar... si hubiera acompañado el tiempo.

Y vamos con la sección "animal", o sea, con los safaris fotográficos por parques naturales. En la zona de Sigiriya visitamos el Parque de Kaudulla.
Por lo visto, el parque de Minneriya es más espectacular, pero en época monzónica se inunda con frecuencia, y por ello no pudimos visitarlo.
No obstante, y aunque los "jeeps" no eran precisamente un prodigio de comodidad y modernidad, pudimos disfrutar de un safari entretenido...

Y, como veis, vimos muchísimos elefantes, incluso algunos muy pequeñitos, a los que protegía toda la manada, poniéndose en círculo en torno a ellos cuando nos acercábamos demasiado para su gusto...

Más elefantes.

Y también nos encontramos con algunas manadas de búfalos. Una visita muy agradable.
Siguiendo con el "mundo animal", pero ya en otra zona de la isla, visitamos también el Parque Nacional de Yala. Y tengo que decir que, comparado con el anterior, me decepcionó (aunque los "jeeps" eran mejores y más modernos).
Me resultó demasiado masificado, demasiado "Safari Park" español: todo el recorrido estaba lleno de "jeeps". Elefantes había poquísimos, y los pocos que vimos, por lo visto, no tenían su mejor día, así que tuvimos que dar la vuelta y alejarnos.
Cada vez que parábamos en algún punto de interés, había un montón de coches, así que se tardaba mucho en volver a ponerse en marcha, y muchos animales se espantaban con tanto jaleo.
Por su parte, los conductores de los "jeeps", en general, iban absolutamente acelerados. No permitían disfrutar del paisaje, ni hacer fotos: parecía como si tuvieran un horario predeterminado muy rígido, y hubiera que cumplirlo a rajatabla.
De hecho, la vuelta al hotel, ya de noche, daba hasta miedo: no era apta para corazones débiles, jajaja Conducían a toda máquina, y en la carretera uno se encontraba todo tipo de obstáculos: manadas de búfalos, vacas amamantando a sus terneros; motos, bicicletas y remolques sin luces, puestos de comidas y bebidas al borde de la calzada, con los clientes comprando sin preocuparse del tráfico, peatones que cruzaban, adelantamientos salvajes...
No, no os recomiendo conducir en Sri Lanka, salvo que seáis auténticos (y valientes) profesionales... y, desde luego, de noche mejor evitar la carretera.


En cuanto a animales, vimos gamos, búfalos, jabalíes, ciervos...

...muchas aves (creo que éste es un abejaruco, pero mis conocimientos avícolas son limitados)

Pavos reales, también, había muchísimos. Y tucanes.
Dicen que en este parque hay leopardos, pero sospecho que de día, y con tal invasión de turistas, estarían bien escondidos, jajaja.
Los conductores de los jeeps no hablaban casi inglés, ni explicaban nada. En algunos de los coches se subían empleados del parque, no sabemos con qué fin, porque apenas pronunciaron algunas palabras.
Eso sí, el paisaje merece la pena. Pero sería de agradecer una mayor profesionalidad y menor masificación.
(He leído otros blogs, y la mayor parte de las opiniones coinciden con la mía, así que me temo que lo nuestro no fue un caso aislado).


Para dar por terminado el capítulo animal, os hablaré del orfanato de elefantes de Pinnawela, en la zona de Kandy.
No me cabe duda de que su labor será muy meritoria, al ocuparse de recoger a los elefantes que quedan huérfanos en la selva. Pero a mí, después de haber visto a los elefantes en libertad, me dio una impresión un poco triste, entre zoo y circo.
Aquí veis a los cuidadores dándoles el biberón... un poco en plan espectáculo circense.


Lo mejor de la visita fue, para mí, ver el baño de los elefantes en el río, desde el hotel donde comimos. Allí se acercaban algunos de ellos, y se los podía alimentar (por favor, fijaos en el elefante, y no en mi careto, que da un susto al miedo, jajajaja).


La comida del restaurante no era precisamente de las mejores que degustamos en Sri Lanka (mirad, por ejemplo, estos bizcochitos tan coloridos que ofrecían como postre, secos como la mojama, jajajaja).

Pero todo se compensaba con las magníficas vistas del río, y de los elefantes tomando su baño.


Con estos elefantes a remojo os dejo por hoy. Espero que os haya resultado entretenido.
Continuará...

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