Champiñones rellenos de jamón y mozzarella





Este año ha llegado con una sobrecarga de trabajo, por diversas razones, así que no puedo atender el blog como me gustaría.
Me veo obligada a publicar más esporádicamente, pero no quiero abandonar las publicaciones ni dejar de pasarme por vuestros blogs, así que tendré que ir poco a poco.
Pero, bueno, la cocina y el blog siempre sirven, en parte, como desconexión y como entretenimiento, cosa muy necesaria cuando se pasan rachas un poquito complicadas, por los motivos que sea.
Pasando ya a la cocina, ya iba tocando alguna receta en la que rellenara algo, que este blog, sin las "cosas rellenas", no sería lo mismo, jejeje. Y esta vez le ha tocado el turno a los champiñones.
Estos champiñones quedan muy ricos con este relleno, y la mozzarella no "mata" el sabor de las setas, como ocurre a veces con algunos tipos de queso. 
Son ideales para un picoteo.
Es una receta que saqué de internet, con algún tuneo propio, pero que no recuerdo exactamente cuál es la fuente, así que, si alguien la reconoce como suya, que me perdone por no citarle (sabéis que es mi costumbre reconocer y citar siempre mis fuentes), pero es que no tengo ni idea de su procedencia.
Si os gustan los champiñones, en este blog podéis encontrar otras recetas, como éstos rellenos de salmón, o unos champiñones rehogados,  (receta con una foto realmente horrible, pero que está muy rica, en serio 😜).



INGREDIENTES:

(4 personas)

12 champiñones grandecitos (yo compro unos envases de 6 champiñones, 3 comunes y 3 Portobello)
100gr de jamón serrano picado finito (hay unos paquetitos de Navidul con un jamón muy picadito que vienen muy bien para esta receta).
Mozzarella rallada (unos 50-60 gramos)
Un chorrito de aceite de oliva virgen extra
Un pellizco de albahaca

PREPARACIÓN:

Limpiar los champiñones con un trapo o con papel de cocina. En el caso de que tengan mucha tierra, los podemos pelar con un pelador de patatas o de tomates, quitando una capa finita.
Retiramos con cuidado el pie de los champiñones, y lo reservamos.
Si el pie no saliera entero, sacamos el resto con un sacabolitas, con cuidado de no romper el sombrero del champiñón.
Picamos muy finito los pies de los champiñones, y mezclamos con el jamón.



Agregamos la albahaca, el aceite y la mozzarella, y mezclamos bien.



Precalentamos el horno a 200º, (con el calor arriba y abajo).
Mientras se va calentando, rellenamos los champiñones con la mezcla que hemos preparado.

Y los horneamos durante unos 10-15 minutos, hasta que quede doradito el relleno.
Como soltarán agua, es preferible esperar 5 minutos (bien dejándolos dentro del horno, o fuera, según nos interese mantenerlos más calientes o no) y después sacarlos, emplatar, o pasar a otra fuente de servir.



 Espero que os gusten.

Salmón teriyaki



Después de un pequeño paréntesis navideño, ya va siendo hora de ir retomando el blog.
Ante todo, ¡feliz 2017 a todos!. Espero que hayáis pasado unas excelentes Navidades (bueno, aún quedan los Reyes).
Yo he andado un poco ajetreadilla, por eso no he publicado nada. Ahora estoy un poquito más tranquila, así que voy a aprovechar para publicar la primera receta de 2017, antes de que empiece con jaleos laborales más intensos.
En esta ocasión, vamos a seguir en Japón. De allí viene esta deliciosa receta de salmón teriyaki, que gustará a todos los amantes del pescado (y que es más "llevadera" para quienes no se atreven con el sushi o sashimi, y demás pescados crudos 😜).
La salsa teriyaki también se vende ya preparada, pero es tan fácil de hacer que prefiero prepararla yo en casa. La hago con stevia (no me queda más remedio), pero la receta original lleva azúcar moreno. De todas formas, con stevia sale muy rica.
Si queréis ver otra recetilla japonesa diferente en este blog, probad este bizcocho, el "Kasutera", que merece la pena.
Y, sin más introducción, vamos "al lío".


INGREDIENTES:

(Para 3-4 personas)
Un lomo de salmón de unos 400-500 gramos
Sésamo tostado
Eneldo (opcional)
Para la salsa:
100 gramos de salsa de soja
½ vasito de vino con vinagre de arroz
4-5 cucharaditas de azúcar moreno o stevia
120 gr de caldo de pescado o verduras (puede utilizarse agua con media pastillita de caldo, previamente disuelta).
Una cucharadita de maicena, o Maicena espesante instantáneo.

PREPARACIÓN:

Mezclamos en un cazo el vinagre de arroz, el azúcar o edulcorante, la salsa de soja y el caldo.
Lo ponemos en el fuego, y lo dejamos hervir durante 2 minutos.


Con este líquido vamos a marinar el salmón: lo colocaremos en un recipiente hondo, lo cubrimos con la marinada, y lo metemos a la nevera al menos durante 3 horas.

Cuando vayamos a cocinar el salmón, colamos la marinada y la reservamos.
Precalentamos el horno a 200º, colocamos el salmón en una fuente de horno, con la piel hacia arriba, y lo horneamos durante unos 20 minutos.

Mientras, calentamos la marinada al fuego, y la dejamos reducir.


Cuando se haya reducido lo suficiente (la tendremos unos 10 minutos a fuego medio-bajo), añadimos una cucharadita de maizena disuelta en agua fría, o una o dos cucharaditas de Maizena espesante instantáneo, y removemos hasta que la salsa alcance el punto de espesor adecuado.
Servimos cubierto con la salsa, y espolvoreando sésamo y eneldo por encima.

Espero que os guste.

Japón (3ª parte): Nikko y Kusatsu




En esta tercera crónica voy a hablar, sobre todo, de Kusatsu (y sus aguas termales), y Nikko, tanto de la zona de los templos como del parque natural (acordaos de que las fotos se ven mejor pinchando sobre ellas)

Pero antes de llegar a Kusatsu hicimos escala en este pequeño pueblo, inmaculadamente limpio y ordenado.

Un pueblo muy tranquilo, con su pequeño templo...



...sus casas de madera...



... sus pequeños jardines japoneses en las casas...




























...y sus tiendas con frutas, setas, miel, nueces... 




Y ya, casi oscureciendo, llegamos a Kusatsu. Es una pequeña ciudad, que a mí me recordaba mucho, por el tipo de edificaciones, a una estación de esquí. De hecho, está en zona montañosa, y fue el punto en el que pasamos más frío de todo el viaje.
Éstas son las vistas desde nuestra habitación, al amanecer (por algo estamos en el "país del Sol Naciente", 😜)




Kusatsu es famosa por sus “onsen”, o baños de aguas termales. Los hay públicos y privados; el hotel en el que nos alojamos tenía sus propios baños (ésta es su página, aunque no es muy detallada)

Son aguas muy ricas en minerales, y que tienen una temperatura bastante alta, por lo que los baños han de ser de corta duración. En Kusatsu, por lo menos en los baños de nuestro hotel, no olían demasiado a azufre (en otras ciudades, según me han dicho, muchísimo).
Recomiendo probar los baños, es una experiencia curiosa y relajante. Eso sí: hay que bañarse desnudos,  y los hombres y las mujeres utilizan baños diferentes. Para los japoneses, es algo de lo más natural, así que no os preocupéis: ni nos miran. 😉
Después del baño, la gente aprovecha para relajarse y arreglarse: hay salas con tocadores individuales en los que te encuentras botes de champú, acondicionador, crema hidratante corporal, secadores de pelo, y en los de hombres, maquinillas desechables, y crema y loción para el afeitado.

En la habitación del hotel te proporcionan un kimono. Cada habitación está equipada con varios kimonos para hombre y varios para mujer, de distintos largos según la altura. Eso sí: si sois muy altos, tendréis que llevarlos “minifalderos”: para hombres de 1,90, por ejemplo, no hay kimono. Creo que el más grande era para 1,75: los japoneses no son especialmente altos, en general.


Y lo normal es que todo el mundo se ponga su kimono y se pasee con él mientras dura su estancia en el hotel. El personal es muy amable, y va a la habitación a enseñarte cómo se pone (por ejemplo, las señoras han de atarse el cinturón a un lado o por detrás, nunca por delante, porque eso se considera propio de mujeres de vida "alegre" 😄, y hay que cruzar la parte izquierda sobre la derecha).  Va con su chaquetita combinada, así que no se pasa frío.
Por lo que nos comentaron, la clave del kimono es mantener las líneas rectas, así que, cuando se pone bien, se hacen los dobleces y fajados que hagan falta para que su caída sea recta.
Afortunadamente, en general, las japonesas no suelen tener gran "poderío pectoral", por lo que les resulta más fácil conseguir el efecto deseado. En mi caso, por ejemplo, es prácticamente imposible 😝

Las habitaciones son de estilo japonés. Se duerme en un futón, que a mí no me resultó incómodo… eso sí, la almohada de trigo sarraceno estaba como una piedra,  😡



(Lo de la mesita del fondo es un hervidor de agua; en general, todas las habitaciones de hotel lo tenían, para hacerse un té o una infusión. Y en el armario abierto podéis ver los kimonos doblados, con sus zapatillas)
En las habitaciones hay que andar descalzo, porque el suelo es de tatami, y se deteriora si se pisa con calzado. Para andar por el hotel, con el kimono proporcionan una especie de chanclas especiales.

En este hotel tuvimos una cena japonesa "especial". Estaba compuesta por sopa de miso (cómo no), sushi, sashimi, carne a la plancha en una barbacoa individual, que se calentaba con una vela (en la foto se puede ver)...



Los alimentos crudos se presentaban metidos en una especie de "mini-iglú", hecho de hielo, que los conservaba frescos.
Aquí, un detalle de uno de los platos.
El pescadito ése no logré comérmelo, lo demás estaba bueno.

Desde Kusatsu nos dirigimos a la zona del Parque Nacional de Nikko.




Los templos y santuarios de Nikko (la foto que abre esta entrada muestra uno de ellos) son Patrimonio de la Humanidad, pero, además, todo el entorno natural en el que se encuentran es digno de una visita: una maravilla. Sobre todo, en otoño, cuando las hojas de los árboles despliegan toda su variedad de colorido.

En nuestro recorrido, atravesamos la población de Nikko, subimos hacia las montañas por una carretera llena de curvas, que discurre por una zona cubierta de bosques. Y, en esta época, encontramos todas las tonalidades del amarillo, ocre, cobre, y rojizo, además de algunos árboles que aún se mantienen verdes o que son de hoja perenne.


Bajamos después hacia el lago Chuzen-ji. Este lago tiene unas aguas de un precioso color azul, y está rodeado de un paisaje impresionante.

En esos pequeños barquitos, se puede hacer un recorrido por el lago.

Los bosques de la orilla también despliegan su colorido otoñal...

Y  desde el lago, vamos a subir al mirador de las cataratas Kegon.



En esta zona, aparte de un ascensor que te lleva al pie de las cataratas (pagando), hay pequeños restaurantitos y puestos de comida variada: comida japonesa, hamburguesas, curry, helados...
Por lo visto, es una catarata que atrae muchos suicidas, por lo que está ahora mismo muy vallado el acceso, y el mirador...
A la derecha podéis ver la valla.


Y, ya después de "reponer fuerzas", vamos al complejo de santuarios y templos de Nikko.

Los primeros templos datan del siglo VIII, aunque su mayor esplendor se produjo a partir del siglo XVII, con la dinastía Tokugawa (como veis, por todas partes acaban apareciendo los Tokugawa).
Hay tanto templos sintoístas como budistas dentro del complejo, aunque el santuario es fundamentalmente sintoísta.
Por este camino se accede a la zona de los templos. Estas pequeñas casitas son linternas, que se iluminan en fechas señaladas.



Y ésta es la entrada a los templos, con la puerta tradicional japonesa (sintoísta).

Algunos de estos edificios son templos, otros son mausoleos que contienen las cenizas de shogunes de la dinastía Tokugawa.

Pero todos están ricamente decorados, con dorados, tallas en madera, y policromía.


En esta foto podéis ver un detalle de uno de los relieves en madera de uno de los templos. Son los famosos monos que representan los principios budistas de no ver, no oír y no decir maldades:


Y ésta es la pagoda budista de cinco pisos, que ha resistido numerosos terremotos y sigue en pie.


Aquí podéis ver la puerta Yomeimon, con tallas de animales mitológicos. Está en restauración, así que solamente se puede apreciar la parte de la entrada.



En una zona lateral, y después de subir unos 250 escalones (cosa que se puede hacer perfectamente, siempre que no estéis acatarrados y pretendáis subirlos a toda velocidad, como hice yo, porque os quedaréis sin aire), está el mausoleo donde fue enterrado Ieyasu Tokugawa, el fundador de la dinastía.

Como veis, merece la pena no perderse Nikko si visitáis Japón, incluso si sólo vais a Tokio, porque no está demasiado lejos y la excursión puede hacerse en un solo día.

Llegados a este punto, conviene hacer una parada...

... y esperar a la siguiente crónica, en la que ya llegaremos a Tokio.
Espero que os haya gustado.



Rollo de carne picada relleno



Este es un rollo de carne picada muy sencillito, pero que queda muy vistoso con el relleno, y la carne, sale muy jugosa.
Desde que lo vi, hace ya tiempo, en "La cocina de Lechuza", lo he preparado muchas veces. Suelo variar el relleno, aunque éste de queso, salchichas de Frankfurt y espárragos verdes está delicioso. Pero admite muchas variantes, a gusto del consumidor.
Eso sí, recomiendo que no os excedáis en el relleno (como me ocurrió a mí en uno de los ejemplos que veréis), porque después cuesta más formar el rollo: se sale lo de dentro.
Es muy cómodo de preparar, congela muy bien, y puede tomarse frío, templado o caliente, pero, si lo vais a calentar, recomiendo que lo cortéis en frío, para que las lonchas no se abran. Yo suelo darle un "golpe de calor" en el microondas, para tomarlo templado (unos 30 segundos a 800 watios).
Puede tomarse solo, o acompañado con puré de patata, ensalada de pimientos asados, salsa de tomate...
En frío, es también muy cómodo para llevar a comidas de campo.
Ésta es la otra versión de relleno, en la que me excedí en la cantidad, y quedó peor repartido lo del interior:


Y aquí, más de cerca, el relleno que más me gusta:


Fuente: LA COCINA DE LECHUZA

Y vamos al grano:

INGREDIENTES:
(Para 4-6 personas)
500 gramos de carne de ternera picada
2-3 cucharadas colmadas de pan rallado
1 huevo crudo
1 diente de ajo picadito muy fino.
Una cucharadita de café de sal
Un pellizco de pimienta negra, o de pimientas variadas (por ejemplo las del "molinillo 5 pimientas").
Aceite de oliva virgen extra.
Pan rallado para rebozar.

Para los rellenos: Los ingredientes pueden variar, pero yo os voy a poner los que más utilizo.

*1ª VARIANTE:  Salchichas de Frankfurt (pequeñitas o normales), puntas de espárragos verdes, lonchas de Tranchettes o de cualquier queso que funda bien.

*2ª VARIANTE: Tortilla francesa (necesitaríamos 3-4 huevos), pimientos del piquillo, lonchas de jamón de York o bacon, queso en lonchas.



PREPARACIÓN:

En un bol, ponemos la carne picada, el pan rallado, la sal, la pimienta, el ajo y el huevo crudo. Amasamos con las manos, como para preparar albóndigas, mezclamos bien, y dejamos reposar al menos 1/2 hora.



Preparamos un rectángulo de papel film transparente, para ayudarnos a formar el rollo. Ponemos sobre él la carne, y vamos formando un rectángulo, con la carne bien compactada, y con un grosor de un centímetro y medio aproximadamente.
Apretamos con las manos para que no queden espacios.
Y, una vez formado, vamos colocando el relleno.


Aquí veis el de queso, salchichas y espárragos verdes frescos. Prefiero dejar un pequeño margen en los bordes, para que después no se salga el relleno.


Y aquí veis el otro relleno:Las tortillas...


... las lonchas de jamón, pimientos del piquillo y lonchas de queso.


Enrollamos con cuidado, compactando MUY BIEN la carne, para que no queden espacios vacíos tampoco dentro del rollo.



Una vez formado, volvemos a abrir el film y echamos el pan rallado por encima.



Vamos haciendo rodar el rollo de carne para que el pan rallado se reparta bien y de manera uniforme por toda la superficie.


Quedará así.



Lo pasamos a un molde de "cake" (alargado), de metal, silicona o pyrex, ayudándonos con el papel film, y retirándolo después.


Echamos un chorrito de aceite por encima, y horneamos a 190º entre 45 y 50 minutos.
Dejamos enfriar, y cortamos en lonchas no muy finas.



Espero que os guste.

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