Arroz tres delicias.



Sigo con muy poco tiempo tanto para cocinar como para publicar recetas.
El verano, para mí, es una época algo complicadilla: siempre hay más gente en casa (algunos, de difícil paladar), hay que cubrir vacantes en el trabajo... y no tengo la tranquilidad que desearía para poder ir haciendo fotos, cocinando cosas nuevas, redactando las recetas...
Pero no me gusta cerrar el blog, porque,  para mí, es una afición que me sirve de entretenimiento, aunque sólo pueda dedicarle un ratito cada día (y, a veces, ni eso).
Me consta que hay mucha gente que anda igual que yo. Vacaciones, niños en casa, complicaciones de trabajo, y ratos en los que parece que nos tuviéramos que multiplicar.
Así que otra receta facilita más siempre es bienvenida en esos momentos "liosos". Por eso os traigo este arrocito.
Da casi vergüenza publicarlo, porque... ¿quién no ha hecho alguna vez un arroz tres delicias?...
Bueno, tres delicias, o las delicias que hagan falta, porque lo bueno de este arroz es que admite muchas "adiciones", en función de lo que tengamos circulando por la nevera: zanahorias, algún champiñón laminado, surimi... Sí, no será el "tres delicias" más ortodoxo, pero seguro que gustará tanto o más.
Y por eso subo esta receta. Porque, por un lado, así os la recuerdo, que es un plato que suele tener aceptación general, y en verano es muy común tener en casa invitados difíciles, niños inapetentes, amigos de nuestros hijos que comen "ná y menos"... Y, por otro, alguien habrá en el mundo que no sepa hacerlo, digo yo, así que este arrocito se merece su lugar en "este mi cuaderno de recetas", jajaja.

Y después de este rollo macabeo, más largo que la receta en sí, vamos al grano (nunca mejor dicho).


INGREDIENTES:
Arroz basmati, (yo calculo algo más de una taza-poco-por cada dos comensales)
2 huevos grandes
100 gramos de guisantes
125-150 gramos de gambas peladas
125 gramos de taquitos o tiritas de jamón de york y/o pechuga de pavo (en el arroz de la foto puse las dos cosas)
Sal, uno o dos dientes de ajo picadito, aceite de oliva virgen extra, y salsas de soja y agridulce.

PREPARACIÓN:
En primer lugar, lavamos y escurrimos el arroz basmati.


Y lo cocemos.
*Sin Thermomix, previamente, sofreiremos el ajo muy picadito con un poco de aceite, en una cacerola o cazo grande; cuando empiece a desprender su aroma,  agregamos el agua (aproximadamente, dos tazas y un poquito más por cada taza de arroz), la sal y la media pastillita de caldo. Cuando hierva, agregamos el arroz, bajamos un poco el fuego (pero que no se corte el hervor), y dejamos que cueza unos 11-12 minutos. Colamos el agua sobrante, y reservamos. 
*Con Thermomix:
Pondremos en el vaso 15 gramos de aceite, añadimos el diente de ajo, y picamos 5 segundos a velocidad 5.

Después, lo rehogaremos durante 3 minutos, Varoma, velocidad 2.
Agregamos 600 gramos de agua, la sal y la pastilla de caldo. Y programamos 5 minutos, Varoma, velocidad 2 (hasta que hierva, puede que haga falta algo más de tiempo, o menos, dependiendo de la temperatura del agua).
Introducimos el cestillo en el vaso, y añadimos el arroz (suelo poner unos 150 gramos para 2-3 personas si va a ser plato único, y 100 si vamos a tomar alguna cosa más).
Y cocinamos durante 11 minutos, temperatura Varoma, velocidad 5, removiendo con la espátula de vez en cuando. Si hiciera falta un poco más de cocción, programamos 1 minuto más.
Sacamos el cestillo con cuidado, y reservamos.

Batimos los huevos, y preparamos una tortilla. Ha de quedar hecha, no demasiado babosa.


Cuando esté templada, la cortamos en tiritas, y reservamos.
Salteamos las gambas en una sartén honda con un chorrito de aceite, y con un diente de ajo muy picadito, que previamente habremos rehogado uno o dos minutos, hasta que desprenda su aroma pero sin quemarse,  o con un poco de ajo molido.

Ojo: no hay que pasarse de tiempo con las gambas: basta con que cambien de color
Salteamos después, en la misma sartén honda los guisantes con los taquitos o tiritas de jamón y pavo (Podemos utilizar los guisantes sin descongelar).

Rehogamos a fuego medio-fuerte unos minutos, y añadimos el arroz, y salsa de soja y agridulce al gusto.
Salteamos todo durante un minuto, y servimos.


Un plato rápido y rico, que siempre triunfa.

"Torretas" de berenjenas con atún


Como ya os comentaba el otro día, en la entrada del viaje a Roma no ponía recetas, porque aquí hay (y habrá) muchos platos de cocina italiana, que me gusta mucho.
Contrariamente a lo que algunos puedan pensar, la cocina italiana no es sólo pasta y pizza (que, dicho sea de paso, también me encantan). Hay muchos otros platos que merecen la pena.
En varias comunidades de Google+ en las que participo, suelen intervenir muchos blogueros italianos, y me paso el día anotando recetas suyas en mi carpeta de "pendientes" (que, a este paso, va a acabar por tener el tamaño de la "Enciclopedia Británica", jajaja).
Por ejemplo, hay muchísimas recetas deliciosas con calabacines y berenjenas. Dada mi tendencia natural a rellenar todo lo que veo, es conveniente que, de vez en cuando, busque alguna que otra forma alternativa de preparación, jajajaja... antes de que en casa me digan la típica frasecita de "¿OOOOOTRA vez berenjenas rellenas?".
Y, bueno, no sólo no han dicho frasecita ninguna, sino que han tenido un éxito rotundo.

Esta receta está sacada de esta página, aunque, como es normal en mí, lleva "tuneos". Las berenjenas las pongo en sal para quitar el amargor, las hago a la plancha (y no fritas) para quitar calorías (¡qué cruz, Señor!), y no he utilizado alcaparras con el atún por la sencilla razón de que no las soporto (así que ya sabéis: quienes seáis amantes de las alcaparras, mezcladlas con el atún).
Es una receta muy fácil, como el 99% de las de este blog. Y, sí, hay que encender el horno, pero muy poquito tiempo: lo justito hasta que se funda el queso y, si queréis, se gratine un poco. Así que, aunque sea verano, no hay problema en prepararla.
Como en todas las recetas con verduras gratinadas, os recomiendo que esperéis 5 minutos antes de comerlas: de lo contrario, os quemaréis, y no les sacaréis todo el sabor.

INGREDIENTES:
(Para 4 personas)
2 berenjenas grandes
250 gramos de queso en lonchas, que funda bien (yo utilicé Emmental)
2 latas de atún en aceite de oliva virgen extra.
Sal gorda, pimienta, y aceite de oliva virgen extra.

PREPARACIÓN:
Cortamos las berenjenas en lonchas de aproximadamente 1/2 cm de grosor. Las cubrimos con sal gorda, y las colocamos en un recipiente durante una media hora, para que pierdan el sabor amargo.

Ponemos a escurrir el atún en un colador, y lo desmigamos (aquí está aún sin desmigar).

Una vez transcurrido el tiempo, lavamos y secamos bien las berenjenas.
Pintamos con un poco de aceite una sartén o plancha, y cocinamos las rodajas de berenjena.

(La plancha "tiene una edad", va a haber que ir pensando en comprarse otra, jajaja).
Las sacamos, y las espolvoreamos con un poco de pimienta.
Sobre una lámina de silicona o papel de hornear, vamos montando las "torretas". Colocamos tantas rodajas de berenjena como torretas vayamos a hacer (con 2 "torretas" por persona suele bastar).
Sobre cada rodaja, ponemos una cucharadita o dos de atún desmigado.

Y después, colocamos media loncha de queso, recortando los sobrantes y poniéndolos encima, para que los cubra la siguiente capa de berenjena.

Colocamos otra rodaja de berenjena, más atún, otra capa de queso, otra berenjena, y cubrimos al final con queso. Sujetamos todo con unos palillos.

Metemos al horno para que el queso se funda, durante unos 10 minutos, a 200-220º
Esperamos un poquito a que se enfríen, para no abrasarnos, y emplatamos con cuidado (cogemos la "torreta" con una espumadera o una espátula grande).

Espero que os guste.

Viaje a Roma


(AVISO: ENTRADA LARGUÍSIMA, Y CON MUCHAS FOTOS)
Uno podría escribir tropecientas mil entradas de blog, y pasarse horas hablando de Roma. 
De su historia, de sus monumentos de sus gentes, sus barrios, sus calles...
Pero no os preocupéis, no os voy a agobiar con datos históricos ni artísticos. No soy profesional de esas materias, ni este blog es el sitio apropiado: encontraréis en la red y en libros "de papel" toda la información que necesitéis, y elaborada por personas que verdaderamente saben del tema, no por una aficionada como yo. 
Simplemente, quiero compartir con vosotros un poquito de mi viaje a tierras romanas, contaros algunas cosillas, animaros a que, en cuanto tengáis ocasión, visitéis esta ciudad, y enseñaros fotos.
Lamentablemente, en esta ocasión las fotos son algo peores que en otros viajes: la tarjeta de la cámara "buena" se formateó por accidente, al meterla en un lector de tarjetas defectuoso, y sólo tenemos las fotos de mi cámara (que no es mala, pero no es una "reflex"), o del móvil. Pero, bueno, al menos no nos quedamos del todo sin fotos, que eso sí que habría sido una auténtica putada gracia. 
(Foto: Plaza Navona)
Como ya habíamos estado en Roma en más ocasiones, decidimos tomárnoslo con tranquilidad, porque, la primera vez que vas, quieres verlo todo, todo y todo... y te entra un agobio y un agotamiento de no te menees. Es una ciudad para volver varias veces, las que se pueda y se quiera... por eso, quisimos aprovechar también para callejear, ya que sus calles están llenas de encanto. 

Y es que toda la ciudad está repleta de arte. Uno se tropieza, por ejemplo, con los restos de un templo romano en una calle secundaria, o con una iglesia que, si estuviera en otra ciudad, sería el monumento más importante de la localidad, y que aquí sólo la mencionan las guías más detalladas...
Eso sí: preparaos para andar, aunque vayáis en plan tranquilo. Y no olvidéis que Roma no es plana: está construida sobre 7 colinas, así que calzado cómodo, agua, y paciencia.  Pero casi todos los monumentos y barrios más importantes (salvo las catacumbas, el Vaticano y el Trastevere), pueden visitarse caminando, si partimos de una zona céntrica como la plaza de España, o de la zona de los foros y el Coliseo.
Y acordaos de que visitaréis muchas iglesias, así que conviene que os llevéis alguna chaquetita, camisa con manga larga o hasta el codo, o pañuelo tipo chal para taparos los hombros, si lleváis tirantes, y que, si vais a San Pedro, Santa María la Mayor, San Juan de Letrán, y muchas otras iglesias, dejéis el pantalón corto para otro día (tanto los hombres como las mujeres).  Hay vendedores ambulantes que venden chales, pero no son precisamente del mejor estilo y calidad, jajaja (aunque sobre gustos no hay nada escrito).
Para visitar Roma, mejor evitar el verano: es una ciudad con un calor húmedo comparable al de Murcia, en España, que a  mí (que soy de tierra de calor seco) me mata. Además, en agosto los romanos huyen, así que hay muchos sitios cerrados, pero los turistas llegan en masa. 
(Foto: Foro romano)

Por eso, junio no era una fecha excesivamente buena para ir. Es temporada alta, y estaba Roma hasta la bandera: niños y adolescentes de media Europa en sus viajes de fin de curso; curas, monjas y frailes de todas las razas y edades; guiris a mansalva, también de todas las partes del mundo... Lo ideal es acudir en primavera u otoño (abril, mayo, octubre...); pero, claro, nosotros necesitábamos imperiosamente huir del "pum-pum-pum" sanjuanero alicantino, y no nos quedó otra, jajaja. Pero, bueno, a pesar del calorazo, mereció la pena.

Voy a empezar quizá por lo más turístico, y, por lo tanto, lo más lleno: el Vaticano.
Algo que no se debe perder nadie que vaya a Roma; eso si, preparaos para largas colas, bullas, y gente por un tubo.
Si queréis visitar los Museos Vaticanos, os recomiendo que, bien por internet, o por agencia desde España o ya en Roma, reservéis tanto los billetes de entrada como, si disponéis de poco tiempo, una visita guiada. Soy una persona que evita por sistema los viajes organizados, porque prefiero ir a mi aire, pero, en este caso, la reserva de billetes os evitará colas de 2 ó 3 horitas a pleno sol (o lluvia), y la visita guiada os servirá para poder moveros en los Museos Vaticanos sin ser arrastrados por la bulla (os aseguro que jamás en mi vida he visto nada igual en un museo) y para poder enteraros de algo de lo que veis.  
Por ejemplo, si no estáis empolladísimos sobre la Capilla Sixtina, los guías os lo explicarán antes de entrar al museo, a través de unos paneles, porque dentro de la Capilla no pueden hablar.
(Foto: Mosaico que representa a la diosa griega Atenea)

Fue una lástima no poder disponer de más tiempo y tranquilidad, porque los Museos albergan auténticas maravillas del arte romano, egipcio, renacentista, barroco....  Pero apenas puedes pararte unos segundos a admirarlas. Espero que, en temporada menos alta, sea posible disfrutar de esas obras de arte con más calma.

Los guías te van llevando "a paso ganadero" hacia la Capilla Sixtina, atravesando pasillos llenos de esculturas romanas, la "Galería de los Mapas"... A veces, hay que dar un pequeño rodeo, para esperar a que se vaya vaciando.
Y, qué queréis que os diga... Si os soy sincera, me impresionó mucho menos de lo que esperaba. Entras apelotonado, mirando hacia arriba hasta que las cervicales te duelen. Apenas hay luz. Los guardas no te permiten parar ni medio segundo, sólo les falta gritar "¡Circulen!" (y, de hecho, dicen algo similar en italiano, jajaja). No se puede hablar. Y, cuando hay mucha gente, cierran las puertas, lo cual te da una sensación claustrofóbica tremenda.
Supongo que no habrá otra forma de mostrar la Capilla, ante tanta demanda... pero, aun así, decepciona un poco (al menos, a mí).
¡Se me olvidaba!. No está permitido hacer fotos (ni merece la pena, con tan poca luz y sin facilidad para disparar, ni medir distancias, ni elegir encuadres). Y, si la hacéis y os pillan, os obligan a borrarla.
De los Museos Vaticanos, se sale a la basílica de San Pedro.


En ella todo es enorme, espectacular. Se siente uno muy pequeño allí dentro.


Pero, una vez más, nos encontramos con las masas de gente que la recorre. Hay tal cantidad de personas dentro, que resulta difícil verla con calma, hacer fotos en condiciones, o intentar tener un momento de recogimiento, si se quiere. Sólo algunas capillas laterales están tranquilas, como una que está exclusivamente reservada para rezar, y no se permite hacer fotografías, o la que contiene la tumba de Juan Pablo II:

Pero, por ejemplo, de La Piedad de Miguel Ángel me fue imposible sacar una fotografía decente con mi cámara, tal era el follón que había delante. Sí consiguió hacerla mi marido, pero...se borró.
Lo cierto es que nos marchamos antes de lo previsto, porque tanto agobio resulta pelín agotador. En esta ocasión no bajamos a las grutas (cosa que sí recomiendo que hagáis, porque merece la pena).
Y, si tenéis tiempo, y estáis en buena forma, subid a la cúpula de la basílica. La vista es impresionante.
Yo, en esta ocasión, me ahorré la ascensión. Subí en mi primera visita, pero era 15 años más joven, jajaja. Y la subida es durita, advertidos quedáis. No os dejéis engañar por el ascensor: sólo llega hasta la mitad, y lo que queda tiene tela.


Salimos del Vaticano, y volvemos al casco histórico de Roma. Aquí tenéis el Panteón. Hoy es una iglesia, pero fue un templo romano, y tiene más de 2000 años de antigüedad. Su cúpula es espectacular.

También estaba hasta la bandera, por cierto. Tuve que echarme hacia atrás para poder hacer esta foto "sin cabezas", jajaja.
Y seguimos callejeando por la zona más céntrica de la ciudad. ¿Cómo olvidarse de la "Piazza del Popolo"...

 ...o la plaza Navona...


...o las calles de la zona de la Plaza de España?. Con unas tiendas maravillosas, llenas de ropa, zapatos, bolsos... espectaculares (eso sí, preparad las carteras, jejeje).

Por supuesto, nadie puede perderse la Roma antigua. Como os digo, hay restos y monumentos romanos por toda la ciudad; pero lo más importante se concentra en el Foro


Impresiona imaginarse a la ciudad en pleno apogeo, llena de magníficos templos, edificios públicos, basílicas, arcos de triunfo...


De todo ello hoy sólo quedan ruinas, pero ruinas que son la cuna de nuestra civilización...
Y, si disponéis de algún mapa o plano con una reconstrucción virtual de lo que fue el Foro, os podréis hacer una idea más clara (y todavía os impresionará más).

Os recomiendo que vayáis temprano. En verano, finales de primavera y principio de otoño, a partir de las 11 hace un calor tremendo, y además, llegan las "hordas" de turistas. Si no podéis, procurad ir después de las 3. Pasaréis calor, pero ya se habrá ido bastante gente.

Nuestro hotel estaba muy cerca de la preciosa Basílica de Santa María la Mayor, por lo que tuvimos oportunidad de visitarla varias veces.

Es, quizá, la iglesia de Roma que más me gusta. Y, en comparación con otras, como el Panteón o la basílica de San Pedro, no está tan tomada por los turistas. No es que esté vacía, ni muchísimo menos, pero se puede pasear por ella tranquilamente, salvo si hay misa en el altar mayor, que no dejan tomar fotos. Pero, para entretener la espera, podéis visitar un pequeño y curioso museo de objetos litúrgicos, o subir al piso superior (hay que pagar entrada, y las visitas son guiadas), donde podréis ver los mosaicos.
Aquí tenéis la estatua orante de Pío IX.

Y ésta es la vista de una capilla lateral:

Otra vista del interior de la basílica.

Lamentablemente, las mejores fotos de esta iglesia se perdieron en el dichoso formateo de la tarjeta... 

Seguimos "de basílicas". Y esta vez vamos a darnos un paseíto por la basílica de San Juan de Letrán, visita que merece mucho la pena. Es la primera basílica cristiana que se construyó en Roma, en el siglo IV (aunque, obviamente, ha sufrido muchísimas reformas a lo largo de los siglos).

Por supuesto, nos vamos a encontrar con turistas, eso es inevitable (véase la foto).

 Pero no hay tantísimo jaleo como en la basílica de San Pedro, y se puede visitar con relativa tranquilidad, sin tanta bulla.

Una cosa curiosa que he observado tanto en esta basílica como en Santa María la Mayor es que en la nave central, frente al altar mayor, no hay bancos fijos, como en casi todas las iglesias que estamos acostumbrados a ver, sólo los hay en las capillas laterales. Cuando hay misa, ponen sillas, que retiran después de la celebración.
Lo cual resulta más cómodo para poder visitar la iglesia, puesto que no hay que andar "entre bancos".

Aquí tampoco se pueden hacer fotos del altar mayor si hay misa, pero, si no se quiere asistir a la misa, se puede aprovechar ese tiempo para visitar las capillas laterales, y el claustro, mientras termina la ceremonia.
El claustro merece una visita, como podéis ver. 

Para entrar, hay que pagar no recuerdo si 2 ó 3 euros, pero con la entrada te dan una audioguía, que va explicando los distintos períodos históricos de la construcción y vida de la basílica, y también los restos arqueológicos (procedentes, en la mayor parte de los casos, de la primitiva basílica) que se exponen en el interior. 

Hay también lápidas de tumbas, estatuas...

O también, para hacer tiempo, se puede visitar la "Scala Santa", que está en un edificio adyacente. Dicen que era la escalera de la casa de Pilatos (la auténtica, no la de Sevilla, jajaja), en Jerusalén, por la que subió Jesucristo,  y que la llevó Santa Elena a Roma en el siglo IV.... pero vayan ustedes a saber si es cierto o no (yo, aunque soy católica, en estos temas de reliquias, y de cosas traídas de lugares sagrados, guardo siempre un sano y natural escepticismo, jajaja).
El caso es que la gente la sube de rodillas, porque consideran que así les serán perdonados sus pecados... aunque hay un cartel a la entrada en el que la Iglesia ya se encarga de aclararles (con otras palabras más diplomáticas que las mías, claro está) que, si les apetece machacarse las rodillas, allá ellos, pero que eso tiene la misma eficacia para el perdón de los pecados que correr la Maratón de Nueva York, aproximadamente. Pero, como "hay gente pa tó", que decía el torero, nos encontramos con mucha gente que la subía (yo ni lo intenté, jajaja).

Con una historia tan larga, y con tanta cantidad de monumentos, es lógico que, siempre que se visita Roma, nos tropecemos con algún edificio, fuente, estatua... en reparación. Ya me ocurrió en 1999, cuando, en lugar de ver la plaza de San Pedro, me encontré con unas "bonitas" lonas. Y esta vez le ha tocado el turno a la fuente de la Plaza de España, y la iglesia de Trinitá dei Monti (con lo cual, las fotos desde las escaleras de la plaza se "desgraciaron", como podéis ver en esta perspectiva "hacia abajo", aunque "hacia arriba" era peor).

Y también estaban en obras el Coliseo (están restaurando parte de la fachada y haciendo el Metro), y la Fontana di Trevi:

No sólo está cubierta de andamios, como podéis ver, sino que tampoco tiene agua, y han puesto un muro de cristal para que la gente no tire la tradicional monedita para volver a Roma; muro que no sé si será provisional, mientras duren las obras, o definitivo (aunque supongo que lo retirarán, que el ayuntamiento recaudaba una pasta considerable con las dichosas monedas, jajaja).
Pero, bueno, entre estas obras, y la pérdida de las fotos "buenas", ya tenemos excusa para volver.

Quizá os sorprenda no ver recetas por aquí. La razón es sencilla: a mí me encanta la cocina italiana, y ya tengo unas cuantas recetas subidas al blog, y otras muchas pendientes de hacer y publicar, así que ya habrá ocasión, jajaja. 
Sí os cuento algo de los restaurantes o heladerías en los que hemos comido, por si os alojáis o pasáis por esa zona. 
-"La Cucina Nazionale": Está en la Vía Nazionale, 3, al lado de la Plaza de la República. Las pizzas son riquísimas (la "funghi" y la "boscaiola" estaban de muerte), de masa finita y crujiente, y el tiramisú está muy bueno. La "cassatta" siciliana no está mal, pero es más pesada, y las ensaladas son normalitas. De precio está bien. La única pega es que la terraza está en la misma calle, y es ruidosísima.
-"Ristorante Strega" (Plaza del Viminale 27-31). Está en una calle que sube desde Vía Nazionale a Santa María la Mayor, en una plaza en la que está el Ministerio del Interior (creo). Buenísimas las pizzas y el tiramisú. El vino de Frascati, también muy rico. Un sitio muy agradable, y los camareros muy amables (y eso que el día que fuimos, asistimos desde el restaurante a la eliminación de Italia del Mundial, jajaja).
Éste es el tiramisú:

-Ristorante "Il Falchetto" (Via Montecatini, 12-está al lado del Corso, muy cerca de la iglesia de San Ignacio y del Panteón). Éste ya resulta más caro, pero muy agradable, está muy bien. La pasta, deliciosa; pero, además, tienen una carta muy variada de cocina romana. No os asustéis al abrir la carta de vinos: los hay de todos los precios, jajaja... pero el primer impacto "impone".
-Heladería "Ciuri Ciuri" (hay más, pero la que yo conozco está en Via Leonina, 18, cerca de San Pietro in Vincoli y de la parada del metro de Cavour).  Es una heladería y pastelería siciliana, y los helados son una pasada (deliciosos el de fresa con mascarpone, y el de chocolate y naranja). Me quedé con ganas de unos "cannoli", pero hay que guardar la línea, jajaja.
-Hay también unos cuantos restaurantes bastante decentes en la "Via delle Vite", cerca de Plaza de España, del Corso y de Piazza Colonna: "Life", "Le Grotte", "Osteria della Vite"...
(Iglesia de Santa María della Vittoria)

Como veis, faltan muchisimos monumentos, y lugares, en este paseo por Roma. Visitamos la basílica de San Pietro in Vincoli, donde se encuentra la impresionante estatua del Moisés de Miguel Angel. A pesar de coincidir con una boda y con una horda de adolescentes españoles poquito amigos del agua, conseguimos visitarla... pero las fotos se fueron en el formateo. 
Pero tuvimos que prescindir de algunos sitios, como las Catacumbas, el Trastevere, Villa Borghese... No había tiempo material.
En Roma, siempre te dejas cosas por ver. Miles. Pero, de este modo, no te queda otro remedio que volver. Y así lo haremos, si puede ser.
Me despido con una puesta  de sol romana... 

Si habéis conseguido llegar hasta aquí, gracias por vuestra infinita paciencia, y espero que os haya gustado y os pueda ser útil este paseíto.
Un beso.
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