Tortilla de patatas



A veces, una se da una vuelta por esa blogosfera de Dios, y vuelve con una sensación un poco rara, pensando "¿ Y yo qué hago aquí?".
Y es que hay lugares en los que uno sólo encuentra platos maravillosísimos, acompañados  de profundas y sesudas reflexiones. En algunos casos, por el tono de sus palabras, hasta parece que nos dan lecciones... y no de cocina, precisamente (que sería lo suyo).
Otros blogs son un magnífico catálogo de fotografía gastronómica. Fotos increíbles, sí, perfectas de técnica, luz, encuadre... pero en las que notas algo artificial.  Son platos tan perfectos que parecen no haber sido cocinados; platos que se sirven en recipientes que nunca fueron pensados para contener comida, o que tienen más años que las Pirámides de Egipto y se conservan mucho peor que éstas (aunque la"mugre" sea de "atrezzo", no por eso me da menos repelús, jajaja).
En otros, prima la "originalidad" por encima de todo. A mí me encanta la cocina internacional, me divierte probar nuevos ingredientes (aunque en casa se resistan), pero me llaman la atención esos blogs en los que jamás te encuentras unas croquetas, un cocido, una merluza en salsa verde, un gazpacho o un bizcocho de yogur, sino que todo, absolutamente todo, son nuevas texturas, mezclas casi imposibles, e ingredientes exóticos. Y siempre me dejan pensando "¿Y en esa casa nunca, pero nunca jamás, les apetecerá un arrocito con tomate y huevo frito, o unas patatas con chocos, o una empanada gallega, o unos guisantes con jamón, por ejemplo?." o "¿Estos niños chicos toman todos los días cosas como albóndigas de tofu en salsa de erizos de mar con guarnición de alga wakamé frita, y no dicen ni esta boca es mía?.¡Qué gente tan afortunada, en mi casa las protestas se oirían hasta en las provincias limítrofes, jajaja!".
Y, claro, llego aquí, a mi blog, con mis "jajaja", mis fotos de cámara digital normalita, mis vajillas de siempre (sobre todo, la de las florecitas chicas, que es la de diario en casa),  mis quejas acerca de que el personal no come verduras, mis anécdotas tan corrientitas, algún viaje, alguna manualidad, y mis recetas más sencillas que el mecanismo de un chupete, y me siento un poco como "de 2ª División B". Qué poco "glamour" desprende este blog, jajaja.
Además, no participo en concursos y retos, y no voy a ningún evento gastronómico (ni tengo tiempo, ni me invitan, para qué nos vamos a engañar, jajaja), y es todo muy de andar por casa.
Pero, después de entrar en "modo baja autoestima ON", me doy cuenta de lo absurdo de mi razonamiento.
En realidad, mi sitio es éste: el de las recetas fáciles, de andar por casa, el de mis viajecitos y mis cosas de ganchillo y punto de cruz, el lugar donde comparto lo que hago.
Hay espacio para todos: los blogs filosófico-gastronómicos, los de recetas muy elaboradas y con ingredientes raros, los de fotografía culinaria, y los de cocina fácil, como éste... así que, ¡que no cunda el pánico, que todavía espero seguir dando mucha guerra!. Vamos, que no os libraréis de mí tan fácilmente.
Y, además, junto a todos estos blogs "especiales", lo cierto es que la mayoría de los que visito habitualmente son blogs fantásticos, con recetas elaboradas o sencillas, con fotos de altísima calidad o más normales...pero blogs que desprenden autenticidad, y en los que se comparten experiencias de vida y de cocina. ¡Gracias a Dios, jajaja!.
Y, bueno, volviendo a mi blog, lo de hoy tiene tela marinera. Hoy ya no es que la receta sea fácil, y conocida de todo el mundo mundial, ¡es que ni siquiera la he hecho yo, jajaja!.
En casa, mi marido es el... preparador oficial de tortillas (iba a utilizar otra palabra, pero puede dar lugar a equívocos, jajajaja). Y le quedan muy bien, así que hace tiempo que abandoné el "sector tortillil", y siempre las hace él.
¿Que por qué subo una receta de tortilla de patatas, que toda España sabe hacer, y que en cada casa se hace a su estilo propio, y que, encima, no la he preparado yo?.
Pues por varias razones: en primer lugar, para que no falte en este blog, que no deja de ser mi cuaderno de recetas.
En segundo término, porque la tortilla de patatas es uno de los platos que da más juego. Sirve para comer, cenar, para un picoteo, para llevar al campo o a la playa, para hacer bocatas o pinchos más o menos elaborados. Se puede tomar caliente o fría. Se puede incluso "rellenar", y se puede dejar hecha con antelación y tomarla después (anda que no venía bien ese pincho de tortilla de patatas fría que nos tomábamos a las tantas de la mañana cuando llegábamos a casa después de salir de juerga, jajaja... ¡qué tiempos aquellos!)
Y, por último, porque este blog no lo leen sólo españoles, o, al menos, eso dice Blogger, jajajaja. Y me acordé de mi adolescencia, cuando iba a Inglaterra a aprender inglés, y los "guiris", en cuanto llegábamos los españoles a su casa, nos preguntaban si sabíamos hacer "Spanish omelette", y, en cuanto decíamos que sí, nos ponían a la tarea (¡lo que nos costó conseguir aceite de oliva, madre del amor hermoso, jajaja!. Y a precio de oro).
Así ya no tendrán que recurrir al estudiante español, podrán aprender a hacerla ellos solitos.
(NOTA.- Guiri=Extranjero, normalmente del centro o norte de Europa. Un mexicano, un peruano o un italiano no son "guiris")
Con este extenso testamento, y esta rica tortilla de patatas, os dejo durante esta Semana Santa. Que disfrutéis de estos días. Yo entraré y saldré, pero andaré algo más desconectada de lo habitual.
Y ahora, ¡a disfrutar de la tortilla!. En casa no le ponemos cebolla, aunque a mí también me gusta con ella.
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INGREDIENTES: 
(Para 4-6 personas)
4-5 patatas medianas.
4 huevos L o XL
Aceite de oliva virgen extra.
Sal

PREPARACIÓN:
Pelamos las patatas, y las cortamos en rodajas más bien finas. Normalmente, las dejamos un poquito en remojo.
Las escurrimos y secamos bien, y las freímos en abundante aceite de oliva, a temperatura media-alta (mi vitrocerámica tiene 9 puntos, y está en el 6)


Mientras se hacen las patatas batimos los huevos. Separamos las yemas de las claras, y batimos estas últimas un poquito, que queden espumosas (no a punto de nieve).
De esta forma, nos cunde más el huevo, y queda más esponjosa la tortilla.

Añadimos las yemas, y batimos un poco todo junto. Salamos el huevo (con un pellizquito de sal)


Cuando las patatas estén tiernas, las retiramos del fuego. Escurrimos el aceite (que reservaremos para freír la tortilla), salamos las patatas, y las mezclamos con los huevos, "partiéndolas" un poco con la espátula (como se ve en la foto). Dejamos reposar un momentito, para que se empapen.

(Y procuramos que no se nos caigan las patatas fuera, como veis en la foto, jajajaja).
Ponemos un chorreón del aceite reservado en la misma sartén, y empezamos a cuajar la tortilla.

La cuajamos a fuego más bien suave.
Cuando veamos que ya está cuajada (se va notando en los bordes, y también se puede despegar un poquito de la sartén con la espátula para ver el punto de cuajado, le daamos la vuelta, ayudándonos de un plato liso o una tapadera.


Y la cuajamos por el otro lado. El punto de cuajado queda a gusto de cada uno: a nosotros nos gusta bien cuajada, pero hay gente en mi familia que prefiere que el huevo quede algo líquido.


La volcamos en el plato o fuente en el que la vayamos a servir.

¡Y ya tenemos nuestra tortilla!. Que, como he dicho, se puede disfrutar de mil maneras.
Feliz Semana Santa a todos.

Alcachofas guisadas con gambas y salmón


Estamos en plena temporada de alcachofas. Verdura sanísima, deliciosa, depurativa... ¡todo son ventajas!.
O casi todo...
Yo, con las alcachofas, tengo un "pequeño" problema, similar a algún otro que os he contado, y que tiene relación con las verduras: a mí me encantan, pero mi marido no es excesivamente partidario, jajaja...
Poco a poco, le he ido acostumbrando a comer más "verde". Pero con la alcachofa lo he tenido más complicado que, por ejemplo, con la berenjena, el calabacín o las judías verdes.
Aunque ya he dado con la clave del asunto: no soporta que la alcachofa esté mínimamente dura. Para que se las coma sin rechistar, e incluso le gusten, tienen que estar blandísimas; lo que significa que toca eliminar más hojas, para evitar las más "recias", y aumentar algo el tiempo de cocción.
Tenedlo en cuenta en mis recetas de alcachofas: si os gustan más "al dente", reducid un poquito el tiempo de cocción. Cada uno sabe el punto que le gusta: yo las voy pinchando con un palito de brocheta para comprobar cómo están.
Habitualmente, las preparo rellenas, porque con el relleno se "disfraza" más la verdura, pero esta vez he decidido avanzar un paso más, y las he hecho guisadas.
Prueba superada: han gustado mucho.
Así que, sin más, paso a la receta, a ver si a vosotros también os gustan (que espero que sí).

INGREDIENTES:
(Para 3-4 personas)
6 alcachofas.
El zumo de medio limón, o un puñado de perejil fresco, y agua fría (para que no se oscurezcan las alcachofas)
Aceite de oliva virgen extra
1 diente de ajo
1  cucharada de hierbas variadas (perejil, albahaca, orégano y tomillo) , o sólo de perejil, si lo preferimos.
1 cucharada rasa de maicena
80 gramos de salmón ahumado
8-10 gambas o langostinos
Un vasito de vino blanco seco
Un vaso de caldo de verduras o pescado (puede hacer falta más, y puede sustituirse por agua más una pastilla de caldo o concentrado de verduras)
Sal

PREPARACIÓN.

Pelamos las alcachofas, quitando el pedúnculo (que podemos aprovechar para añadir al plato) y las hojas más duras,  y las cortamos en cuartos o mitades según tamaño.
Las pondremos en un bol lleno de agua fría, con zumo de limón, o con perejil fresco, para que no se ennegrezcan (si utilizamos limón, no hace falta poner más cantidad de la indicada, para que no "mate" mucho el sabor de las alcachofas).
De todas formas, si quedan un poco oscuras, eso no afecta ni al sabor ni a la calidad de las alcachofas, sólo a la "presencia".


Aquí, como veis, todavía no había finalizado mi proceso de "pelado" de algunas, pero las metí en agua para la foto, para evitar ennegrecimientos innecesarios...
Las freímos en un chorreón de aceite de oliva. Queremos que se doren un poquito por fuera, pero no hace falta que se hagan demasiado (ya se cocinarán después).


Reservamos.


En una cazuela o sartén honda, preparamos la salsa. Picamos muy menudito el diente de ajo, y lo rehogamos con un chorro de aceite de oliva, teniendo cuidado de que no se queme.


Después, agregamos las hierbas o el perejil muy picaditos. Rehogamos un poco, a fuego medio-suave (que no se nos quemen).


Añadimos la maicena, y rehogamos durante uno o dos minutos, moviendo con la cuchara para que no se pegue.

Agregamos el vino, dejamos evaporar el alcohol durante un minuto, mientras vamos disolviendo la maicena, y después añadimos el caldo. Seguimos removiendo para que no queden grumos de maicena.


Añadimos el salmón cortado en tiritas, y las alcachofas.


El caldo debe de cubrirlas casi hasta el borde, como vemos. Cocinamos a fuego medio-bajo entre 40 y 50 minutos (ya os comenté que en casa las quieren muy blanditas, comprobad el punto de cocción que os guste)
A media cocción añadimos las gambas peladas. Si hiciera falta, porque espesara mucho la salsa o se redujera demasiado, agregaremos algo más de caldo durante la cocción.


Servimos recién hechas(aunque también pueden hacerse con antelación).
Espero que os gusten.

Bacalao al horno con patatas y pimientos rojos


Bueno, antes de empezar con la receta, quiero deciros que sí, habéis acertado (algunos, otros estabais un pelín despistados, jajaja): la ciudad de la foto es Sevilla.
Lo cuento porque algunos seguíais con la intriga, y así salís de dudas...
Y, ya que estamos, os dejo otra fotito. Así os animáis a visitarla, si no la conocéis.

Y vamos al "lío" culinario. Estamos en plena Cuaresma, y es tiempo de bacalao.
Bueno, para mí es tiempo de bacalao todo el año, porque es uno de mis pescados favoritos. Y tengo un montón de recetas pendientes para ir probando: afortunadamente, con el bacalao no tengo que andar "disfrazando" ingredientes, ni haciendo "pactos" del tipo "hoy pongo alcachofas pero no te preocupes que mañana hay cocido", o "hay de primero aguacates pero de segundo estofado de ternera", porque nos gusta a todos, incluyendo "okupas" temporales. Así que todos contentos, jajaja.
La inspiración para esta receta la encontré en "Google+", concretamente en el blog "Los domingos cocino yo", que no conocía y me ha gustado mucho. La he preparado casi de la misma forma, con algún pequeño tuneíllo, como el de sustituir los pimientos verdes por rojos, que me gustan más (tienen un puntito más dulzón), y el de hacer las patatas al micro en vez de freírlas (¡dichosas calorías!).
Queda un plato delicioso y sabrosísimo. Como todavía queda Cuaresma, y como también es aún tiempo de bacalao "skrei" (si lo podéis conseguir), os invito a que lo probéis: os encantará, y es muy sencillo de hacer.
Así que vamos a ponernos manos a la obra:
Fuente: Los domingos cocino yo

INGREDIENTES:
(Para 4 personas)
Lomos o supremas de bacalao (unos 200 gramos por persona, así que, según tamaño y peso, pondremos uno o dos trozos por cada comensal).
1 pimiento rojo (la receta original lleva pimientos verdes)
De 2 a 4 patatas medianas (yo puse 2 porque, por la diabetes de mi marido, no conviene que abuse de los hidratos de carbono).
1 cebolla grande
3 dientes de ajo.
Una guindilla
Una cucharadita de café de pimentón dulce.
Un puñado de perejil picado
Aceite de oliva virgen extra.
Sal

PREPARACIÓN:
Precalentamos el horno a 180º
Lavamos y secamos bien los trozos de bacalao.
Picamos en juliana no muy fina la cebolla, cortamos el pimiento en aros o tiras, pelamos y partimos la patata en rodajas no muy gruesas (tipo patatas panaderas),  picamos muy finito el perejil, cortamos el ajo en rodajas gorditas, y troceamos la guindilla en rodajitas (si queremos que pique menos, tendremos cuidado en eliminar las semillas).
Ponemos en una sartén honda un chorreón de aceite de oliva, y rehogamos a fuego medio-suave la cebolla y el pimiento.

Mientras se van pochando, en un cofre de vapor o en un recipiente con tapa apto para el microondas colocamos las patatas, añadimos un chorrito de aceite, removemos bien...

... metemos el recipiente al micro, y programamos 7 minutos a 800 w.
Las sacamos cuando estén hechas, con cuidado de no quemarnos y de que no se peguen, y las ponemos en el fondo de una fuente de horno (se quemó un poquito una patata, como veis).

Cuando la cebolla y el pimiento estén blanditos, probamos el punto de sal, sazonamos si es necestario, y los colocamos sobre la cama de patatas (si hubiera demasiado aceite, lo escurriremos un poco).
Ponemos sobre esta cama los trozos de bacalao, lavados y secos. Y horneamos durante, aproximadamente, 15 minutos.
Mientras se hornea el bacalao, en una sartén pondremos un chorreón de aceite, y rehogaremos a fuego muy suave el ajo, la guindilla y el perejil (el ajo tiene que tomar color doradito pero sin quemarse). Cuando esté dorado, retiramos del fuego, agregamos el pimentón, y mezclamos bien.
Sacamos el bacalao del horno, y servimos, poniendo en cada plato una cama de patatas y verduras, después el bacalao, y, por encima, una cucharada colmada de la "ajada"(si queréis, podéis poner un poquito más de cantidad).

¡Y a disfrutar!. Si sois aficionados al bacalao, os encantará.

Espárragos salteados con setas y jamón


Vuelvo al blog tras un paréntesis un pelín más largo de lo habitual, porque me tomé un "fin de semana largo" de vacaciones en una de mis ciudades favoritas: ésta.-


Y a veces, cuando uno desconecta de su rutina habitual, y lo pasa bien, parece que da un poquito de pereza volver a "cogerle el tranquillo" a esto de escribir en los blogs, además de que suelen acumularse el trabajo y los follones a la vuelta. Cuesta "ponerse a ello".
Así que, para ir abriendo boca, y para esos momentos en que uno no tiene maldita la gana de cocinar, o no se le ocurre nada, o tiene que "apañar" una cena en un momentito, os dejo esta receta, que casi no puede calificarse ni como tal, jajaja. Es lo más simple del mundo mundial... pero la verdad es que están riquísimos los espárragos preparados de esta forma.

INGREDIENTES.
Un manojo de espárragos verdes
Unos 100-120 gramos, aproximadamente, de jamón ibérico en taquitos o tiritas
100 gramos de setas (yo utilicé champiñones Portobello, que últimamente vuelvo a conseguirlos con facilidad, porque llevaban un tiempo "desaparecidos" de las fruterías y supermercados en esta zona).
Sal, y aceite de oliva virgen extra.


PREPARACIÓN.
Lavamos y troceamos los espárragos, y los secamos bien.
Limpiamos y laminamos las setas.
Calentamos en una sartén honda un chorreón de aceite de oliva. Cuando esté caliente, agregamos los champiñones, y salteamos los espárragos durante unos 2-3 minutos.
Entonces, añadimos el jamón, y rehogamos durante 2 minutos. Agregamos después los champiñones, removemos bien, y salteamos todo junto durante unos 4-5 minutos, hasta que las verduras queden hechas a nuestro gusto (a mí me gusta que queden los espárragos algo crujientes).
Probamos el punto de sal, y servimos bien calentitos.


Ya tenemos nuestro primer plato o nuestra cena lista para tomar. Y es una receta bien rica, fácil y sana. Espero que os guste.

Aguacates rellenos de pollo y huevo duro



Me vuelven loca los aguacates.
Además, el aguacate es un alimento sanísimo y completísimo, con un importante valor nutricional.
Sin embargo, así como otras frutas y verduras pueden consumirse aunque estén un poco "fuera de punto", al aguacate no le pasa lo mismo: si está demasiado maduro, su sabor y textura no son agradables, y, si no ha alcanzado su punto de madurez, no hay quien se lo coma, es como un trozo de corcho insípido.
Eso sí: cuando están en su punto justo, ¡qué delicia, y qué maravilla!.
Para saber si están en su punto, tenemos varias pautas. El color de la piel es muy significativo: debe de ser oscuro, pero no excesivamente "negro", porque entonces puede que nos hayamos pasado de punto.
También, por supuesto, el tacto. Y un buen sistema para saber si está en su punto consiste en retirar el pequeño "tallito" por donde el fruto estaba unido a la planta (ese botoncito que veis en el extremo) y comprobar el color que queda en el huequecito que deja. Si el color es verde amarillento oscuro, está maduro; si se ve ennegrecido, está "pasado"; y, si es demasiado claro, aún le falta madurez.
Sin embargo, a pesar de todo lo que me gusta, lo utilizo poco en la cocina. ¿Que por qué?.
Pues porque mi marido lo ODIA, así, con mayúsculas, jajajaja. Sólo se lo consigue tragar si está muy en su punto, y en muy poca cantidad.
Así que aprovecho para preparar aguacates si hay más gente, y a él le preparo otra cosa, o me los hago yo para cenar.
Los que traigo hoy sirven tanto para un primer plato como para una cenita. Están muy sabrosos, y, como estos días ya ha empezado a hacer un poco de calorcito por estas tierras (no, no os confiéis, que todavía quedan días de frío que padecer, jajaja), pues me pareció un buen momento para compartirlos con vosotros.
Yo me los como también aunque haga frío, pero reconozco que siempre es más agradable este plato cuando las temperaturas no son muy bajas.


INGREDIENTES:
(Para 4 personas)
2 aguacates maduros (pero sin pasarnos, claro)
2 huevos duros
Unos 70-80 gramos de pollo asado o cocido, o tiras de pollo cocido
Unos 50 gramos de taquitos de jamón de York
Salsa rosa, que prepararemos con mayonesa, más un chorrito de ketchup, más unas gotitas de salsa Worcestershire, y un chorrito de zumo de naranja.
Tomatitos cherry para decorar

PREPARACIÓN: 
Se pican en trocitos pequeños los huevos, el pollo y el jamón.

Cortamos con cuidado los aguacates a lo largo, los vaciamos con una cucharilla o un sacabolitas, picamos la carne del aguacate y la mezclamos con el resto del relleno.
Agregamos la salsa rosa. Yo recomiendo que no pongáis demasiada cantidad, para que no resulte muy pesado y muy calórico el plato... pero es cuestión de gustos.
Mezclamos bien, y probamos el punto de sal.
Rellenamos con esta mezcla los medios aguacates, adornamos con tomatitos cherry partidos por la mitad, y refrigeramos.
Los sacamos de la nevera un poquito antes de consumirlos.


Espero que os guste, y feliz semana.

Bizcocho de naranja


Ésta es una de esas recetas que, en cuanto la lees, vas a la cocina para comprobar si tienes todos los ingredientes. En caso afirmativo, en ese mismo momento te pones a prepararla; y, si no los tienes, los compras en la primera visita que haces al supermercado.
Creo que ya os he comentado muchas veces que prefiero un buen bizcocho a una tarta estupenda. No soy demasiado dulcera: para mí, con el puntito dulce del bizcocho es más que suficiente, y no necesito grandes coberturas, ni rellenos, ni adornos (aunque queden preciosos o estén riquísimos) para disfrutar como una enana.
Así que, en cuanto vi este bizcocho, dije: "¡MÍOOO!". Se habían terminado las naranjas, así que no cayó al momento, pero sí al día siguiente.
Se daba la circunstancia de que tenía dos "okupas", que dieron buena cuenta del bizcocho, y pueden dar fe de lo riquísimo que está.

Es muy fácil de hacer. La receta original de Jose está preparada en forma tradicional, y yo la adapté para la Thermomix, así que os pondré las dos versiones. Y también, como siempre, con y sin azúcar.
Es muy fácil de hacer, y sale estupendo, con un saborcito a naranja delicioso.
Así que, sin más preámbulos, vamos con la receta. Os encantará.
Fuente: AISHA KANDISHA.

INGREDIENTES:
220 gramos de harina
4 huevos grandes (tamaño "L")
1 naranja
180 gramos de azúcar (o 100 de tagatosa o sucralosa, o cualquier edulcorante apto para hornear)
1 sobre de levadura química (16 gramos)
170 gramos, aproximadamente, de aceite de girasol (180 mililitros)
Harina y mantequilla para encamisar el molde

PREPARACIÓN:
Precalentamos el horno a 180º, engrasamos el molde del bizocho con la mantequilla, y lo espolvoreamos de harina (a eso se le llama "encamisar", ¡me encanta la palabra, jajaja!).
En el vaso de la batidora o de la Thermomix (u otro procesador de alimentos), colocamos la naranja limpia y troceada (sin pelar), los huevos, el azúcar y el aceite.

Batimos bien hasta que quede una mezcla homogénea. En Thermomix, programaremos 20 segundos a velocidad 6-7.

Añadimos la harina tamizada con la levadura, y mezclamos con una espátula o unas varillas. En Thermomix, programamos 10 segundos a velocidad 3.
Volcamos la mezcla en el molde, y horneamos durante unos 45 minutos aproximadamente (ya sabéis que cada horno es un mundo, así que mejor que, cuando hayan pasado unos 30 minutos (antes, mejor no abrir el horno, que se puede bajar el bizcocho), comprobéis si está hecho pinchándolo en el centro con un palito de brocheta.
Sacamos del horno.

 Yo lo dejo enfriar un rato, y, cuando puedo desmoldarlo sin quemarme, lo saco del molde, lo coloco en una fuente, y lo envuelvo con film transparente (mientras está aún caliente), porque así queda muy jugoso.
Espero que os guste, ¡está buenísimo, y ya veis qué fácil es!.

Ensalada de patata con vinagreta de mostaza


Ando estos días con poca inspiración.
No sé si os ocurre a vosotros, pero hay rachas en que parece que me estanco en esto de la cocina. Como voy algo más justa de tiempo, preparo platos ya conocidos, porque no me da tiempo a intentar recetas nuevas. 
Tampoco cocino cosas demasiado elaboradas. 
Por otra parte, ya he tenido alguna que otra entrada en la lista "Desastres 2015", jajajaja; cosa que, aunque os parezca una tontería, a veces frustra bastante. 
Y, encima, por si fuera poco, las fotos me salen "regular tirando a mal", y no me da tiempo a preparar escenarios.
Vamos, que no va uno "ni p'alante ni p'atrás", jajaja.
En estos casos, más vale recurrir a recetas simples, porque no está la cosa para muchos experimentos, jajaja.
Como, por ejemplo, esta ensalada. Es rica y sabrosa, aunque la pobre no ha salido demasiado favorecida (y mira que lo intento, jajaja).
Y, aunque seguimos con temperaturas no demasiado altas, como es una ensalada "contundente", resulta adecuada también para épocas más frías. Además, si lo preferimos, se puede tomar templada.

INGREDIENTES:
2-3 patatas medianas
2 huevos duros.
130 gramos de pollo asado o cocido.
Jamón de york en tacos.
Sal y pimienta.
Para la vinagreta: aceite, vinagre y mostaza, en la proporción de 1 cucharada de vinagre por cada 3 de aceite de oliva virgen extra, más una cucharadita de mostaza.

PREPARACIÓN:
Cocemos las patatas (con piel) y los huevos.  Pelamos todo, y reservamos.
Troceamos el pollo en tiras, y picamos el huevo duro.

Preparamos la vinagreta de mostaza, mezclando todos los ingredientes y batiendo bien con un tenedor hasta que se emulsione.


Montamos la ensalada, colocando una capa de patatas en rodajas, y salpimentando...


... después colocaremos el pollo, huevo y jamón, y cubriremos con otra capa de patatas, que también salpimentaremos.
Vertemos la vinagreta por encima.


Dejamos reposar un tiempo para que se integren bien los sabores.
Si preferimos tomarla templada, se le puede dar un golpe de calor en el microondas (muy poco, unos 10-15 segundos, y por supuesto SIN EL ARO, jajaja).

Espero que os guste. Es muy simple, pero muy rica.

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