Recopilatorio navideño con actualización de 2016



Aunque un poco tarde esta vez, otro año más os traigo una pequeña recopilación de recetas navideñas.
En primer lugar, aquí tenéis los enlaces a los recopilatorios navideños de años anteriores. Para acceder a ellos, pinchad en el título o en la foto.
Y, al final de la entrada, encontraréis las nuevas recetas añadidas durante 2016, y finales del 2015, que pueden ser útiles para estas fiestas.
Como siempre digo, espero que os guste y os resulte útil.

*ENTRANTES, APERITIVOS, PICOTEOS...



*ENSALADAS Y PRIMEROS PLATOS.



*CARNES Y PESCADOS.



*POSTRES Y DULCES:



*ACTUALIZACIÓN DE 2012 (Con todo tipo de recetas)



*ACTUALIZACIÓN DE 2013 (Con recetas diversas, que encontraréis al final del post, antes hay fotos de viajes)



*ACTUALIZACIÓN de 2014 (Con todo tipo de recetas).




*ACTUALIZACIÓN DE 2015 (También con todo tipo de recetas):


*Y éstas son las nuevas recetas aptas para Navidad añadidas durante 2016.- (Pinchad en la foto o en el título para verlas)

*Huevos rebozados rellenos de jamón



*Rollitos de salmón rellenos de ensaladilla rusa.


*Solomillo ibérico a la castellana con patatas duquesa.



*Solomillo ibérico relleno en salsa de setas:


*Aguacates rellenos de salmón:




Este año, como he estado menos activa en el blog, hay menos, pero siempre pueden resultar útiles.

Y también podréis encontrar todas las recetas navideñas en mi otro blog, el de índices, si pincháis encima de esta foto.-



Garbanzos con morcilla de Burgos





Y después de la crónica viajera (habrá más, que Japón da mucho de sí, y muchísimas gracias a todos por vuestros amables comentarios), vamos con un platito reconstituyente, que ya estamos metidos en plenos fríos.
Este es un guiso facilísimo, y que queda delicioso. Lo importante es utilizar una morcilla de calidad, yo utilizo una morcilla de Burgos que me envía una buena amiga, y os aseguro que queda para chuparse los dedos.
Se podría hacer con garbanzos "de bote", pero yo recomiendo cocerlos en casa. Total, no se tarda nada si se tiene una olla a presión, y lo único que tenemos que hacer es recordar ponerlos a remojo con la suficiente antelación.
Se congela bien, si sobra.



Puede tomarse como plato único (con algún entrante no muy pesado, si se quiere), o con un segundo plato muy ligerito.
Podemos preparar los garbanzos con el sofrito la noche anterior, y al día siguiente añadir las morcillas a la hora de comer.
En mi blog podéis encontrar también otras recetas de garbanzos, como estos garbanzos con patatas y chorizo, o este cocido madrileño en olla rápida.
Sin más, vamos a disfrutar de este rico plato "de cuchara".


INGREDIENTES:
(PARA 4 PERSONAS)
250-300 gramos de garbanzos (en seco)
Un puñado de sal gorda
1 zanahoria mediana-grande
2 dientes de ajo
Media cebolla grandecita, o un puerro.
Una hoja de laurel
Una cucharadita de sal
Litro y medio de caldo de carne, pollo o verduras, o de agua con una pastilla de caldo de verduras, carne o pollo.
Un hueso de jamón o de ternera (de caña).
Una morcilla de Burgos.
Para el sofrito:
Una rebanada de pan
Un pimiento choricero o una ñora
2 dientes de ajo
Media cebolla grandecita.
Aceite de oliva virgen extra.

PREPARACIÓN:


Pondremos previamente a remojo los garbanzos la noche anterior, con un puñadito de sal gorda para que no se encallen y salgan más blanditos.
Cuando vayamos a cocinarlos, los escurrimos.
Colocamos en una olla a presión (o en una olla alta, si los vamos a hacer de la manera tradicional) la cebolla troceada o el puerro, la zanahoria, la cucharadita de sal, los dientes de ajo pelados y enteros, la hoja de laurel, el hueso, y el caldo o el agua con la pastilla.


(Puse 2 dientes de ajo y no 3, lo que pasa es que uno de ellos era de ésos "dobles", jajajaja.)

Añadimos los garbanzos, y llevamos a ebullición.

Dejamos que hierva unos 10 minutos, y vamos espumando el caldo (quitando esta espuma que se forma, con ayuda de una espumadera.

Y, si los hacemos en olla a presión (como es mi caso), tapamos la olla, y cocinamos durante 35-40 minutos, contando el tiempo desde que salgan todas las rayitas de la válvula. Cuando termine el tiempo, retiramos del fuego y dejamos que pierda presión de forma natural.
Sin olla a presión, cocinaríamos los garbanzos a fuego medio-bajo durante 2 horas o 2 horas y media, vigilando que no se seque el caldo, hasta que estén tiernos.
Cuando estén hechos, en cualquiera de los dos casos, los escurrimos, y reservamos el caldo.

Mientras se cocinan los garbanzos, vamos preparando el sofrito.
Pondremos en remojo la ñora o pimiento choricero, en agua caliente.

Freímos la rebanada de pan, con un chorrito de aceite, y la reservamos.


Picamos menuditos la cebolla y los ajos, y rehogamos todo, con un chorreón de aceite, durante unos 15-20 minutos, a fuego medio.

Cuando la verdura del sofrito esté blandita, trituramos con la batidora, o robot de cocina (en Thermomix, 40 segundos a velocidad 7), el pan, la verdura, la carne del pimiento choricero o ñora, todo ello mezclado con 3-4 cucharones del caldo de cocer los garbanzos.
El resto del caldo lo reservamos aparte, por si nos gustan más caldosos los garbanzos, o lo congelamos para una sopa.
Añadimos lo triturado al guiso, removemos y cocemos unos minutos.
La morcilla de Burgos la cortaremos en rodajitas y la cocinamos. Tenemos tres opciones: podemos hacerla en el micro 2 minutos a 700 w (yo la hago así), en el horno unos 10-12 minutos, o en sartén. Tiene que quedar cocinada pero no deshacerse.
Después, la añadimos a los garbanzos, y cocemos todo junto durante 10 minutos.


Servimos... Y a disfrutar.

Japón (1ª parte)







Ya está aquí la "crónica viajera" de 2016. En esta ocasión, el destino ha sido Japón. Un país altamente recomendable en todos los sentidos. Es exótico, pero, al mismo tiempo, es uno de los países económicamente más avanzados del mundo, por lo que lo hace muy aconsejable para quienes quieran conocer una cultura muy diferente pero se les haga "cuesta arriba" visitar países "difíciles" o con malas infraestructuras. No es un viaje "duro", como el que hice el 2014 a Indonesia; eso sí, las 15 horas de avión (vía Estambul, en mi caso) no os las quita nadie.
Un país lleno de gente amable y educadísima. Limpio como no he visto ninguno: no hay en la calle ni un papel, ni un chicle, ni una colilla (dejan fumar en la calle y en los bares y restaurantes, pero tanto en la calle como en los locales, sólo en las zonas delimitadas para ello).
Eso sí, a veces la comunicación no es sencilla: casi nadie habla inglés (ni español, claro). Es conveniente moverse con algún guía japonés, o al menos llevar las direcciones de los sitios escritas en japonés, porque, en general, no hablan otros idiomas: a mí me ha ocurrido, por ejemplo, que en el restaurante de un buen hotel no conseguían entender la palabra "edulcorante" o "sacarina", salvo el "maitre". O también puedes encontrarte manteniendo una agradable conversación con la cajera de una tienda, ella en japonés y tú en inglés o español, y al final de la "charla", ella te indica el precio que marca la caja, tú pagas, y todos tan contentos, jajaja.


Pero, a pesar de ello, es un viaje que aconsejo plenamente. A pesar de que el país no es precisamente barato, no... (pero, bueno, eso yo creo que ya todos lo sabemos).
Nuestro primer destino fue Kyoto. Esta ciudad, a diferencia de Tokio y otras muchas, no fue destruida en la II Guerra Mundial, por lo que, aunque es una ciudad moderna, tiene unos barrios antiguos llenos de encanto.

Como siempre, las fotos se ven mejor si pincháis sobre ellas.


Vamos a empezar nuestra visita por el castillo o palacio de Nijo-jo: es el palacio de los “shogunes” (no sé si el plural de "shogun" es correcto) de la familia Tokugawa. Esta familia fue la que, en torno al año 1600, llegó al poder, reunificó Japón (hasta entonces, aunque bajo el poder del emperador, distintas familias de shogunes y clanes de samurais gobernaban en sus respectivas zonas), expulsó a los extranjeros (salvo a los holandeses) y prácticamente aisló Japón de todo contacto con otros países hasta el siglo XIX.

Ésta es la entrada del palacio.



Fue construido en 1603 como residencia oficial del primer “shogun” de esta familia (Ieyashu Tokugawa).
Tiene unos pasillos en los que, al pisar, la madera emite un sonido parecido al canto de pájaros. Con este sistema, se detectaba a los “visitantes” no deseados.


Las habitaciones particulares, y las dependencias oficiales están decoradas al estilo japonés, con sus suelos cubiertos de tatami, sus mesas y sillas bajas, y una decoración muy austera y elegante. Pero no se pueden hacer fotos (ya os pondré la de algún otro palacio en los que sí se podía). Sólo podía fotografiarse la entrada, el edificio por fuera, y los jardines.
De hecho, es prácticamente imposible encontrar en internet algún enlace en el que aparezcan fotos del interior de este castillo. Os dejo alguno de los que he encontrado, para que podáis verlo. En ninguna aparecen las salas que tienen mobiliario: 
-Foto de Pinterest.
-Foto de un blog.
-Otra de Pinterest

Éstos son los jardines.


Como podéis observar, hay excursiones colegiales por todas partes, jajaja. Cientos de niños, con sus uniformes, en filas de a dos, y de todas las edades, desde 4-5 años hasta adolescentes.
Octubre, como veremos en otras entradas, es una época ideal para visitar Japón, por los colores otoñales de sus bosques. Pero también es la época de las excursiones de los colegios.
Eso sí, hay que reconocer que los niños son de lo más educado: mantienen la fila, hacen poquísimo ruido (incluso los adolescentes, que mira que es difícil), y suelen obedecer a sus profesores (igualitos que los de aquí, en general, jajajaja). 

Y ahora, del palacio vamos a pasar a los templos.
Los japoneses son, en una gran mayoría, de religión sintoísta, o budista, aunque la religión mayoritaria, y la autóctona de Japón, es el sintoísmo. De hecho, muchos japoneses practican ambas religiones, y siguen los ritos sintoístas para su vida diaria, y para los matrimonios, pero observan los ritos funerarios budistas. Nos vamos a encontrar con muchísimos templos de ambas religiones.


El primer templo que visitamos fue el Pabellón Dorado o de Oro (Kinkaju-ji). 
Es parte del templo budista zen de Rokuon-ji. Databa de 1307, pero en 1950 lo quemó un monje que había perdido la cabeza y estaba obsesionado con el templo (y no vio otra forma de acabar con su obsesión que quemarlo). Por lo que ahora vemos una reconstrucción que se hizo en 1955.
Podéis verlo en la foto que abre esta entrada, y aquí, más de cerca.


El templo tiene unos jardines preciosos, de estilo japonés.

Eso sí,  como el sitio es una maravilla, está siempre hasta arriba de gente, así que recomiendan que, si se quiere visitar tranquilo, se vaya a primera o última hora.

Y de los templos, pasamos al "consumo", jejeje. En el centro de Kioto, encontramos las galerías comerciales Teramachi. 


Es una manzana grande, de calles cubiertas, con tiendas de todo tipo: de ropa, regalos, artesanías, zapatos, libros, material de dibujo y pintura, comics, "souvenirs"... Y un montón de bares y restaurantes.


Hay una zona en la que se venden, sobre todo, alimentos, y hay pequeños bares donde puedes consumirlos y tomar una cerveza (muy buena la cerveza japonesa), o un "sake", o un té verde.


Curiosas brochetitas, como podéis ver.



Volvemos de nuevo a los templos, esta vez al de Kiyomizu.
Este templo (que es patrimonio de la Humanidad, se construyó en el año 778, pero se reconstruyó en torno al año 1600. Es un templo budista.

Los alrededores del templo están cubiertos de vegetación, de bosque, y en ellos vemos algunos pequeños templitos y pagodas.


La sala principal del templo tiene un enorme porche levantado sobre pilones de madera. La estructura es impresionante:



En la parte inferior del templo, se recogen las aguas de una cascada. Se supone que se trata de aguas sagradas, y que, si las bebes, obtienes longevidad y buena salud.


Un pequeño altar, esta vez sintoísta. El sintoísmo es una religión muy relacionada con la naturaleza y con el culto a los antepasados, en la que hay centenares de deidades (para saber algo más sobre el sintoísmo, pinchad en este enlace).
Muchas veces, en la misma zona coinciden templos budistas y sintoístas.


Para subir a este templo, hay que tomar una calle en cuesta que se llama “Chawan-zaka”, y está llena llena de tiendas de souvenirs, helados, artesanías, té matcha…


Una visita a Kioto estaría incompleta sin acercarse al barrio de las geishas (que se llama Gion). 


Es un barrio antiguo, lleno de casitas de madera, muchas de las cuales contienen restaurantes, bares, o locales donde actúan las propias geishas.



No hay que equivocarse:  contrariamente a lo que mucha gente cree, las geishas NO son prostitutas. Son artistas que cantan, bailan,  tocan un instrumento japonés de cuerda que se llama “shamisen”, practican la ceremonia del té…, y se preparan durante unos cuantos años para desempeñar su profesión (en Kyoto llaman “maiko” a las estudiantes o aprendizas de geisha, que suelen ser jovencitas, y “geiko” a las geishas propiamente dichas, muchas de las cuales son bastante talluditas). No es nada fácil (ni barato) llegar a geisha. Sus kimonos valen carísimos, y tanto vestirse como maquillarse es muy laborioso.


Cuesta encontrar una auténtica geisha por las calles (y no se paran para que les hagan fotos, porque están trabajando y no pueden perder el tiempo ni llegar tarde, con lo puntuales que son aquí, así que toca “perseguirlas”, por eso en esta foto la veis tan lejos). 
Eso sí, os encontraréis con mucha gente “vestida de geisha” (más o menos, no llevan un traje de tanta calidad, ni un maquillaje tan elaborado). Suelen ser chicas japonesas que están también de “turista”... como éstas.



Y seguimos con los templos. Esta vez vamos a visitar un templo sintoísta: Fushimi Inari.



Inari era el dios del arroz, y después, cuando la agricultura empezó a perder importancia en Japón, se le consideró también el dios de la prosperidad en los negocios, por eso todos los "torii" (que son las puertecitas rojas o naranjas que se colocan siempre a la entrada de los templos sintoístas, y que en el caso de este templo forman una especie de túneles, pasadizos o pasajes cubiertos, porque se colocan una a continuación de la otra), son donadas por los empresarios y los comerciantes.



Aquí podéis ver el túnel que se forma con todas las puertas "torii". Estos pasillos cubiertos formados por los "torii" recorren toda la montaña.
Las letras inscritas en cada puerta expresan el nombre de la persona, empresa o comercio que donó la puerta "torii", y la fecha de la donación.


Lo cierto es que, si se camina solo por el túnel, o con muy pocas personas, se siente una sensación extraña, misteriosa.
Es fácil encontrarlo casi vacío a primera o última hora del día (en las horas centrales, está llenísimo). 
Pero es un paseo muy recomendable, se puede subir por la montaña hasta el final del recorrido, o sólo hasta el punto donde nos resulte cómodo.

Y ahora vamos a dar un paseíto por otro barrio antiguo de Kioto, que se llama Ninen-Zaka y Sannen-Zaka (el nombre de sus dos calles principales). 
Está al pie del templo de Kiyomizu.


Las calles son empinadas y estrechas, algunas con escaleras como podéis ver, y están llenas de tiendecitas de artesanías tradicionales, y "souvenirs", con algunos barecitos y restaurantes.

Las casas, como en el barrio de Gion, son bajas y de madera.


Y, como éste no deja de ser un blog de cocina, vamos a comer algo. Os voy a enseñar un restaurante típicamente japonés, en el barrio de Gion. Para entrar, hay que descalzarse, y las mesas están en un plano más bajo, así que prácticamente te sientas en el suelo. 

Aquí podéis ver a los cocineros, preparando los distintos platos. Había menús de sushi, de sashimi, de "shabu-shabu" (una especie de "fondue" oriental, pero en la que los alimentos no se cocinan en aceite sino que se cuecen en agua), y también de carne a la brasa.
Esto es el "shabu-shabu". Lleva verduras, setas y tofu.
Ésta es la versión vegetariana, hay otra que lleva carne.



Dentro de este cuenquito hay sopa de miso: prácticamente no hay comida japonesa sin su sopa de miso.
A mí me encanta, así que intentaré poneros la receta (aunque tendré que prepararla para mí porque mi marido no es muy partidario, jajaja).


Para los no muy aficionados al sushi, sashimi y demás pescados crudos: en Japón también hay mucha costumbre de tomar carnes a la brasa, en pequeñas barbacoas individuales, o para dos personas, como ésta, o en otras más sofisticadas, que ya os enseñaré. Y a la plancha, en los restaurantes "teppanyaki", que también veréis.



Y desde Kioto vamos a desplazarnos a Nara, antigua capital de Japón (lo fue antes que Kioto). Aquí recorreremos el parque Nara-koen.
En este parque se encuentran, entre otros, un templo budista, el templo Todai-ji, y un santuario sintoísta, el santuario Kasuga-taisha.
Y el parque está lleno de ciervos, que pasean tranquilamente entre los visitantes, y a los que se puede alimentar (venden unas galletitas para dárselas).




A pesar de que dicen que hay más de mil ciervos, el parque está limpísimo, porque constantemente pasan máquinas barredoras recogiendo las 💩💩.

En el centro del parque está situado el TEMPLO TODAI-JI, que, como dije antes, es budista.


Otra vez la invasión colegial, como podéis comprobar, jajajaja.


Frente a la entrada, los peregrinos y los visitantes (y los niños de los colegios, por supuesto) encienden y depositan sus varitas de incienso, como ofrenda.

Ésta es la estatua del Gran Buda. Mide 16 metros de alto. 


Detrás del Buda hay un pilar de madera, con un agujero en su base. Según la leyenda, quien consigue pasar a través del agujero, tiene asegurada la iluminación. 
Pero el agujero es bastante pequeño, como se puede comprobar, así que los rellenitos y gordos no nos podemos iluminar, está clarísimo, jajajaja.


Lo normal es que los que intentan pasar a través del agujero sean niños, o gente muy menuda y delgada (aunque hubo algún osado japonés no demasiado esbelto que casi se encaja en el pilar, y tuvo que retroceder, jajaja). Yo, obviamente, ni lo intenté. Sigo sin iluminar 😜.

Estos cartelitos de madera contienen ofrendas y peticiones a la divinidad.
































Y este "torii" rojo es la puerta de entrada al santuario de Kasuga-Taisha. 


El camino hacia el templo tiene, a cada lado, linternas de piedra, que, cuando se celebran festivales o ceremonias sintoístas, se iluminan con velas. 


Y aquí hay un pequeño templo en el que se venera al dios (o diosa, no sé exactamente) sintoísta del amor.  Los devotos escriben su petición en estos corazoncitos tan monos, y los cuelgan en el exterior del templo.


Aquí, otra zona del santuario sintoísta, con sus linternas de bronce.


En Kioto nos alojamos en el hotel Nikko Princess, un hotel de 4 estrellas bien situado, y muy recomendable.

Bueno... aquí dejamos, de momento, las crónicas viajeras. Continuará...

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...