Spaghetti carbonara




No sé en qué momento se empezó a modificar (al menos, en España, desconozco si en otros países ha sucedido lo mismo) la receta de los "spaghetti carbonara", convirtiendo un plato sano y delicioso en otro que, si está bien hecho, queda rico, sí, pero que está lleno de grasas y calorías innecesarias; y, si está mal hecho, resulta, además, pesadísimo de digerir.
Lo cierto es que, desde que tengo memoria, los espaguetis carbonara han sido, para mí, sinónimo de una salsa con muchísima nata. Que no digo que no me guste, no, pero en pequeñas cantidades: un plato de pasta con tanta nata, y encima, bacon y queso, se convertía en una bomba en mi estómago. Aparte, por supuesto, de la acumulación calórica, cosa nada beneficiosa para quien pretende cuidar algo la línea (dentro de lo que cabe, jajaja).
Por eso, pocas veces pedía este plato, y nunca lo hacía en casa.
Y, además, en la mayoría de los restaurantes "presuntamente" italianos que frecuentaba a mis 20-30 años, la salsa carbonara se preparaba con nata. Incluso una conocida cadena de pizzas preparaba una "pizza carbonara", pero ésta no recuerdo bien si llevaba nata o bechamel (¡otra bomba, jajaja!).
Mucho tiempo después, descubrí que la auténtica receta de los "spaghetti carbonara" no lleva nata. Y, cuando vi la excelente versión que prepara Ángeles, de "El Ágora de Ángeles", tuve clarísimo que iba a tardar muy poquito en hacerla.
Nos ha encantado, y se ha convertido en un plato habitual en casa. Yo todavía reduzco más las grasas, y el bacon lo salteo "en su propio jugo", sin aceite. Pero con un chorrito de aceite de oliva queda estupendo también.
Así que, si no los habéis preparado nunca, os animo a conocer los verdaderos "spaghetti carbonara". La salsa espesa sola, cuando el huevo va cuajando con el calor de la pasta recién cocida, sin que por ello se forme una especie de "tortilla" o "huevo revuelto"; simplemente, una salsita.
Por eso, tenemos que mezclarla justo al terminar la cocción, nada más escurrir los espaguetis. Si se enfría la pasta, el huevo no se calentará... y a mucha gente el huevo crudo no le agrada demasiado (puedo dar fe, jajaja).
Y, por ese mismo motivo, es conveniente que no pongamos demasiado huevo. Con dos huevos de tamaño M o L es suficiente: la salsa espesará perfectamente, no nos quedará líquido, y la pasta estará deliciosa.
Pero, para evitar que se nos convierta la salsa en un huevo revuelto, NO debemos mezclar la pasta con los huevos en la lumbre, con calor directo, sino fuera del fuego.
Yo la he preparado con espaguetis, pero podéis utilizar cualquier tipo de pasta, corta o larga, a vuestro gusto.

INGREDIENTES:

Para 3 personas, unos 150-200 gramos de espaguetis (podéis variar el tipo o la cantidad de pasta a vuestro gusto. Yo suelo utilizar pasta integral, muchas veces de espelta)
Sal
2 huevos M o L
75 gramos de bacon (o panceta)
Opcional: aceite de oliva virgen extra
Pimienta negra recién molida
60 gramos de queso parmesano rallado (o algún otro queso duro similar, adecuado para la pasta, como el Pecorino, Grana Padano, o incluso quesos españoles como un manchego bien curado o un queso de Mahón, o mezcla de quesos rallados en polvo. A vuestro gusto)

PREPARACIÓN:

Ponemos a hervir el agua con la sal. Cuando llegue a ebullición, cocemos la pasta durante el tiempo que indique el paquete, y según nos guste más "al dente" o más hecha.
Mientras tanto, prepararemos la salsa. En una sartén pondremos el bacon, solo (como yo hice), o con un chorrito de aceite, y lo salteamos a fuego medio-fuerte.

Batimos los huevos, y los mezclamos con el queso rallado.

En el momento en que tengamos la pasta cocida, la retiramos del fuego, la escurrimos rápidamente, y la mezclamos con los huevos y el queso, removiendo bien para que se impregne de la salsita y se cuaje ésta.
Ojo: insisto de nuevo, no se nos tiene que cuajar el huevo, tipo huevos revueltos, sino, simplemente, cambiar de color y cocinarse un poquito con el calor de la pasta.
Agregamos el bacon y la pimienta, y servimos.

Se puede presentar con algo más de queso rallado aparte, por si alguien quiere servirse un poquito más.
Espero que os guste.

Salteado de garbanzos con bacalao y aceitunas



Marchando otra de bacalao, jejejeje.
Y es que el bacalao es uno de mis pescados favoritos, y en casa lo consumimos muchísimo durante todo el año.
Estaba dudando si publicar ahora esta receta o esperar un poquito más, porque después de Cuaresma supongo que muchos tendréis un ligero empacho "bacalaero". Pero, pensándolo bien, decidí subirla, porque, además, es muy versátil: como puede tomarse tanto caliente como fresquita, en plan ensalada, o templada.
En cuestión de bacalao, los portugueses son auténticos maestros, cosa de la que puedo dar fe porque viví muchos años al ladito de Portugal. Así que, cuando busco nuevas recetas de bacalao para probar, suelo acudir con frecuencia a páginas y blogs portugueses, porque son una fuente segura y fiable de cosas ricas.
En una de ellas, el blog "Cozinha da Duxa",  encontré esta estupenda receta. La he copiado tal cual viene en su blog, con algunas pequeñas modificaciones (qué raro en mí, jajaja): por ejemplo, ella utiliza la cebolla y el ajo crudos, y yo los he rehogado). Pero es prácticamente igual.
Por lo visto, es una receta tradicional, a la que ella ha añadido los palitos de cangrejo. A mí me encanta con ellos; mi marido prefiere la versión "de siempre", sin palitos. Pero de las dos maneras está riquísima.
Nosotros la hemos tomado calentita, porque han vuelto las temperaturas algo más frescas. Pero sobró un poco, que aproveché para cenar y lo tomé frío, y queda también estupenda.
El bacalao se puede comprar ya desalado, o desalarlo nosotros en casa. En tal caso, deberíamos ponerlo en remojo en agua fría, en un recipiente que no sea de aluminio (mejor con tapa), conservándolo en la nevera, y cambiando el agua tres o cuatro veces. Si los trozos de bacalao son grandes, necesitaremos unas 48-72 horas; si está ya deshilachado, con 24 suele ser suficiente.
Por cierto, antes de entrar a explicaros la receta, que es sencillita (como casi siempre en este blog), quería comentaros algo: ¿no habéis observado que los blogs están mucho más apagados?. Se publica más esporádicamente, y hay menos comentarios en casi todas las entradas. ¿Será que aún no nos hemos recuperado de las vacaciones de Semana Santa, o es que hay un parón generalizado?.
No sé, a veces pienso que se corre el peligro de llegar a un punto de saturación que no sería bueno...
En fin, voy a dejar de calentarme los cascos, y vamos con la receta:


INGREDIENTES:
350 gramos de bacalao en tiras (podemos comprarlo ya troceado, o trocear unos lomos de bacalao)
70 gramos de aceitunas (deshuesadas o rellenas de anchoa)
9 palitos de cangrejo (opcionales)
200-250 gramos de garbanzos cocidos (se pueden comprar de bote, o cocerlos como explico aquí. Yo los cuezo, y los congelo, así siempre tengo)
2-3 dientes de ajo
1 cebolla grandecita
2-3 huevos cocidos
Aceite de oliva virgen extra
Vinagre
Perejil picado
Sal
Pimienta

PREPARACIÓN:
Calentamos agua en un cazo, llevamos a ebullición, y cocemos el bacalao durante unos 2 minutos.

Escurrimos bien, y reservamos.

También coceremos y reservaremos los huevos.
Picamos finita la cebolla, también el ajo, y los rehogamos, con un chorreón de aceite, en una sartén honda.

Cuando esté transparente, añadimos a la sartén el bacalao y las aceitunas, y rehogamos un minuto.

Después, añadimos los garbanzos escurridos, y el vinagre (unas dos cucharadas). Removemos.

Agregamos los palitos cortados en rodajas, rectificamos el punto de sal, y añadimos un poco de pimienta.
Dejamos rehogar unos minutos, a fuego medio, removiendo de vez en cuando.
Ponemos en una fuente de servir, decoramos con los huevos cocidos cortados en gajos, espolvoreamos con el perejil, y regamos con un chorrito de aceite.

Servimos caliente, templado o frío, a nuestro gusto.

Rollitos de pollo rellenos de salchichas de Frankfurt, o de champiñones y jamón




Y,  una vez terminada la Semana Santa, volvemos con renovadas fuerzas... o con alguna que otra fuerza, que no es poco, jejejeje.
En mi línea habitual de copieteo-tuneo, os contaré que encontré esta receta en el blog de  Mª Dolores... y ya la he preparado dos veces, así que ya os podéis hacer una idea de lo muchísimo que nos ha gustado.
Ella las rellena de salchichas de pollo, pero yo he hecho un "doble tuneo":  en una ocasión las he rellenado con salchichas de Frankfurt, y en otra con un picadillo de champiñones y jamón.  Por lo visto, la receta original, en su versión rellena de salchichas, se llama "niños envueltos", pero tanto a ella como a mí nos daba un mal rollo espantoso el nombrecito, jajaja... así que mejor llamarlos "rollitos de pollo rellenos", que es un nombre más "neutro" y que no da tanto "repelús".
Y es que, pobres rollitos, ¡con lo ricos que están, no merecen un nombre que tire tanto para atrás, jajaja!.
He hecho también otro "tuneo": uno de los dos días (el de los rollitos rellenos de salchichas) sustituí el vino blanco por Pedro Ximénez. Las dos versiones salen ricas.
La carne queda muy tierna y sabrosa, y el relleno da un toque de "alegría" al tradicional filete de pollo.

Se pueden atar los rollitos con hilo de cocina o cuerdecitas de silicona, o cerrarlos con palillos. Las cuerdecitas dejan demasiada marca en el pollo, así que os recomiendo los otros dos sistemas, que mejoran la presentación.
Son más sencillos de rellenar con salchichas que con el picadillo, porque en este último caso tiende a salirse el relleno, aunque lo piquemos hasta casi convertirlo en una pasta.
El filete de pollo suele resbalarse un poco de las manos cuando estamos formando el rollito. Para manejarlo mejor, podemos humedecernos las manos, o espolvorearlas con un poquito de harina.
Una receta altamente recomendable, que gustará a grandes y chicos.
Vamos al lío.



INGREDIENTES:
(4 personas)
8 filetes de pollo (finos)
1 cebolla
1 hoja de laurel
1 cucharada rasa de harina o maicena
1 vasito de vino blanco (también puede cambiarse por Pedro Ximénez).
1 vaso y 1/2 de caldo de verduras o pollo (o agua con una pastilla de caldo de verduras o pollo). Puede hacer falta un pelín más.
Aceite de oliva virgen extra
Sal y pimienta
Para el relleno:
1)Versión "salchichas": 8 salchichas de Frankfurt.
2)Versión "champis y jamón": 50 gramos de champiñones y 75 de jamón ibérico.

PREPARACIÓN:

Si optamos por rellenarlos de champiñones y jamón, preparamos el relleno: picamos lo más finito que podamos las dos cosas, con una picadora o con la Thermomix (en este caso, programaremos 6 segundos a velocidad 6).

Extendemos los filetes de pollo, los aplanamos un poquito con el mazo, y los salpimentamos.
Colocamos el relleno. En el caso del de champiñones y jamón, procuramos no excedernos demasiado en la cantidad (de lo contrario, rebosará).


Y aquí, los rollitos rellenos de salchicha. Que no sobresalga el relleno.


Enrollamos con cuidado. Se pueden sujetar los rollitos con hilo, con palillos, o con cordones de silicona (con palillos o con hilo se nota menos la "atadura" cuando se quita).
Y se fríen en aceite de oliva.


Después, reservamos.
Picamos la cebolla muy finita, y la rehogamos en el aceite sobrante (puede hacer falta añadir algo más) a fuego medio-bajo, junto con la hoja de laurel.

Cuando esté pochada, agregamos entonces el vino, y dejamos que se evapore el alcohol durante unos minutos.
Aquí, con vino blanco:

Y aquí, con Pedro Ximénez.

Agregamos el caldo o el agua con la pastilla. Separamos un cacillo, disolvemos la cucharada de harina o maicena, y lo mezclamos con la salsa.
Y colocamos los rollitos de pollo. Éstos son los rellenos de champiñones y jamón, con salsa de vino blanco.

En esta foto, los rellenos de salchicha y con salsa de Pedro Ximénez.

Los iremos dando la vuelta durante la cocción, para que se hagan bien por todos lados. Si vemos que se espesa excesivamente la salsa, añadimos un poco más de agua o caldo, y removemos bien.
El tiempo de cocción dependerá del grosor de la carne (unos 20-25 minutos a fuego medio es el tiempo que, normalmente, tardan en cocinarse.
Probamos el punto de sal, y servimos, quitando previamente los hilos, palillos o cordeles de silicona.
Se pueden preparar con antelación, y también congelar.

¡Espero que os gusten!.
Fuente: Con sabor a huerto

Tortilla de patatas



A veces, una se da una vuelta por esa blogosfera de Dios, y vuelve con una sensación un poco rara, pensando "¿ Y yo qué hago aquí?".
Y es que hay lugares en los que uno sólo encuentra platos maravillosísimos, acompañados  de profundas y sesudas reflexiones. En algunos casos, por el tono de sus palabras, hasta parece que nos dan lecciones... y no de cocina, precisamente (que sería lo suyo).
Otros blogs son un magnífico catálogo de fotografía gastronómica. Fotos increíbles, sí, perfectas de técnica, luz, encuadre... pero en las que notas algo artificial.  Son platos tan perfectos que parecen no haber sido cocinados; platos que se sirven en recipientes que nunca fueron pensados para contener comida, o que tienen más años que las Pirámides de Egipto y se conservan mucho peor que éstas (aunque la"mugre" sea de "atrezzo", no por eso me da menos repelús, jajaja).
En otros, prima la "originalidad" por encima de todo. A mí me encanta la cocina internacional, me divierte probar nuevos ingredientes (aunque en casa se resistan), pero me llaman la atención esos blogs en los que jamás te encuentras unas croquetas, un cocido, una merluza en salsa verde, un gazpacho o un bizcocho de yogur, sino que todo, absolutamente todo, son nuevas texturas, mezclas casi imposibles, e ingredientes exóticos. Y siempre me dejan pensando "¿Y en esa casa nunca, pero nunca jamás, les apetecerá un arrocito con tomate y huevo frito, o unas patatas con chocos, o una empanada gallega, o unos guisantes con jamón, por ejemplo?." o "¿Estos niños chicos toman todos los días cosas como albóndigas de tofu en salsa de erizos de mar con guarnición de alga wakamé frita, y no dicen ni esta boca es mía?.¡Qué gente tan afortunada, en mi casa las protestas se oirían hasta en las provincias limítrofes, jajaja!".
Y, claro, llego aquí, a mi blog, con mis "jajaja", mis fotos de cámara digital normalita, mis vajillas de siempre (sobre todo, la de las florecitas chicas, que es la de diario en casa),  mis quejas acerca de que el personal no come verduras, mis anécdotas tan corrientitas, algún viaje, alguna manualidad, y mis recetas más sencillas que el mecanismo de un chupete, y me siento un poco como "de 2ª División B". Qué poco "glamour" desprende este blog, jajaja.
Además, no participo en concursos y retos, y no voy a ningún evento gastronómico (ni tengo tiempo, ni me invitan, para qué nos vamos a engañar, jajaja), y es todo muy de andar por casa.
Pero, después de entrar en "modo baja autoestima ON", me doy cuenta de lo absurdo de mi razonamiento.
En realidad, mi sitio es éste: el de las recetas fáciles, de andar por casa, el de mis viajecitos y mis cosas de ganchillo y punto de cruz, el lugar donde comparto lo que hago.
Hay espacio para todos: los blogs filosófico-gastronómicos, los de recetas muy elaboradas y con ingredientes raros, los de fotografía culinaria, y los de cocina fácil, como éste... así que, ¡que no cunda el pánico, que todavía espero seguir dando mucha guerra!. Vamos, que no os libraréis de mí tan fácilmente.
Y, además, junto a todos estos blogs "especiales", lo cierto es que la mayoría de los que visito habitualmente son blogs fantásticos, con recetas elaboradas o sencillas, con fotos de altísima calidad o más normales...pero blogs que desprenden autenticidad, y en los que se comparten experiencias de vida y de cocina. ¡Gracias a Dios, jajaja!.
Y, bueno, volviendo a mi blog, lo de hoy tiene tela marinera. Hoy ya no es que la receta sea fácil, y conocida de todo el mundo mundial, ¡es que ni siquiera la he hecho yo, jajaja!.
En casa, mi marido es el... preparador oficial de tortillas (iba a utilizar otra palabra, pero puede dar lugar a equívocos, jajajaja). Y le quedan muy bien, así que hace tiempo que abandoné el "sector tortillil", y siempre las hace él.
¿Que por qué subo una receta de tortilla de patatas, que toda España sabe hacer, y que en cada casa se hace a su estilo propio, y que, encima, no la he preparado yo?.
Pues por varias razones: en primer lugar, para que no falte en este blog, que no deja de ser mi cuaderno de recetas.
En segundo término, porque la tortilla de patatas es uno de los platos que da más juego. Sirve para comer, cenar, para un picoteo, para llevar al campo o a la playa, para hacer bocatas o pinchos más o menos elaborados. Se puede tomar caliente o fría. Se puede incluso "rellenar", y se puede dejar hecha con antelación y tomarla después (anda que no venía bien ese pincho de tortilla de patatas fría que nos tomábamos a las tantas de la mañana cuando llegábamos a casa después de salir de juerga, jajaja... ¡qué tiempos aquellos!)
Y, por último, porque este blog no lo leen sólo españoles, o, al menos, eso dice Blogger, jajajaja. Y me acordé de mi adolescencia, cuando iba a Inglaterra a aprender inglés, y los "guiris", en cuanto llegábamos los españoles a su casa, nos preguntaban si sabíamos hacer "Spanish omelette", y, en cuanto decíamos que sí, nos ponían a la tarea (¡lo que nos costó conseguir aceite de oliva, madre del amor hermoso, jajaja!. Y a precio de oro).
Así ya no tendrán que recurrir al estudiante español, podrán aprender a hacerla ellos solitos.
(NOTA.- Guiri=Extranjero, normalmente del centro o norte de Europa. Un mexicano, un peruano o un italiano no son "guiris")
Con este extenso testamento, y esta rica tortilla de patatas, os dejo durante esta Semana Santa. Que disfrutéis de estos días. Yo entraré y saldré, pero andaré algo más desconectada de lo habitual.
Y ahora, ¡a disfrutar de la tortilla!. En casa no le ponemos cebolla, aunque a mí también me gusta con ella.
.

INGREDIENTES: 
(Para 4-6 personas)
4-5 patatas medianas.
4 huevos L o XL
Aceite de oliva virgen extra.
Sal

PREPARACIÓN:
Pelamos las patatas, y las cortamos en rodajas más bien finas. Normalmente, las dejamos un poquito en remojo.
Las escurrimos y secamos bien, y las freímos en abundante aceite de oliva, a temperatura media-alta (mi vitrocerámica tiene 9 puntos, y está en el 6)


Mientras se hacen las patatas batimos los huevos. Separamos las yemas de las claras, y batimos estas últimas un poquito, que queden espumosas (no a punto de nieve).
De esta forma, nos cunde más el huevo, y queda más esponjosa la tortilla.

Añadimos las yemas, y batimos un poco todo junto. Salamos el huevo (con un pellizquito de sal)


Cuando las patatas estén tiernas, las retiramos del fuego. Escurrimos el aceite (que reservaremos para freír la tortilla), salamos las patatas, y las mezclamos con los huevos, "partiéndolas" un poco con la espátula (como se ve en la foto). Dejamos reposar un momentito, para que se empapen.

(Y procuramos que no se nos caigan las patatas fuera, como veis en la foto, jajajaja).
Ponemos un chorreón del aceite reservado en la misma sartén, y empezamos a cuajar la tortilla.

La cuajamos a fuego más bien suave.
Cuando veamos que ya está cuajada (se va notando en los bordes, y también se puede despegar un poquito de la sartén con la espátula para ver el punto de cuajado, le daamos la vuelta, ayudándonos de un plato liso o una tapadera.


Y la cuajamos por el otro lado. El punto de cuajado queda a gusto de cada uno: a nosotros nos gusta bien cuajada, pero hay gente en mi familia que prefiere que el huevo quede algo líquido.


La volcamos en el plato o fuente en el que la vayamos a servir.

¡Y ya tenemos nuestra tortilla!. Que, como he dicho, se puede disfrutar de mil maneras.
Feliz Semana Santa a todos.

Alcachofas guisadas con gambas y salmón


Estamos en plena temporada de alcachofas. Verdura sanísima, deliciosa, depurativa... ¡todo son ventajas!.
O casi todo...
Yo, con las alcachofas, tengo un "pequeño" problema, similar a algún otro que os he contado, y que tiene relación con las verduras: a mí me encantan, pero mi marido no es excesivamente partidario, jajaja...
Poco a poco, le he ido acostumbrando a comer más "verde". Pero con la alcachofa lo he tenido más complicado que, por ejemplo, con la berenjena, el calabacín o las judías verdes.
Aunque ya he dado con la clave del asunto: no soporta que la alcachofa esté mínimamente dura. Para que se las coma sin rechistar, e incluso le gusten, tienen que estar blandísimas; lo que significa que toca eliminar más hojas, para evitar las más "recias", y aumentar algo el tiempo de cocción.
Tenedlo en cuenta en mis recetas de alcachofas: si os gustan más "al dente", reducid un poquito el tiempo de cocción. Cada uno sabe el punto que le gusta: yo las voy pinchando con un palito de brocheta para comprobar cómo están.
Habitualmente, las preparo rellenas, porque con el relleno se "disfraza" más la verdura, pero esta vez he decidido avanzar un paso más, y las he hecho guisadas.
Prueba superada: han gustado mucho.
Así que, sin más, paso a la receta, a ver si a vosotros también os gustan (que espero que sí).

INGREDIENTES:
(Para 3-4 personas)
6 alcachofas.
El zumo de medio limón, o un puñado de perejil fresco, y agua fría (para que no se oscurezcan las alcachofas)
Aceite de oliva virgen extra
1 diente de ajo
1  cucharada de hierbas variadas (perejil, albahaca, orégano y tomillo) , o sólo de perejil, si lo preferimos.
1 cucharada rasa de maicena
80 gramos de salmón ahumado
8-10 gambas o langostinos
Un vasito de vino blanco seco
Un vaso de caldo de verduras o pescado (puede hacer falta más, y puede sustituirse por agua más una pastilla de caldo o concentrado de verduras)
Sal

PREPARACIÓN.

Pelamos las alcachofas, quitando el pedúnculo (que podemos aprovechar para añadir al plato) y las hojas más duras,  y las cortamos en cuartos o mitades según tamaño.
Las pondremos en un bol lleno de agua fría, con zumo de limón, o con perejil fresco, para que no se ennegrezcan (si utilizamos limón, no hace falta poner más cantidad de la indicada, para que no "mate" mucho el sabor de las alcachofas).
De todas formas, si quedan un poco oscuras, eso no afecta ni al sabor ni a la calidad de las alcachofas, sólo a la "presencia".


Aquí, como veis, todavía no había finalizado mi proceso de "pelado" de algunas, pero las metí en agua para la foto, para evitar ennegrecimientos innecesarios...
Las freímos en un chorreón de aceite de oliva. Queremos que se doren un poquito por fuera, pero no hace falta que se hagan demasiado (ya se cocinarán después).


Reservamos.


En una cazuela o sartén honda, preparamos la salsa. Picamos muy menudito el diente de ajo, y lo rehogamos con un chorro de aceite de oliva, teniendo cuidado de que no se queme.


Después, agregamos las hierbas o el perejil muy picaditos. Rehogamos un poco, a fuego medio-suave (que no se nos quemen).


Añadimos la maicena, y rehogamos durante uno o dos minutos, moviendo con la cuchara para que no se pegue.

Agregamos el vino, dejamos evaporar el alcohol durante un minuto, mientras vamos disolviendo la maicena, y después añadimos el caldo. Seguimos removiendo para que no queden grumos de maicena.


Añadimos el salmón cortado en tiritas, y las alcachofas.


El caldo debe de cubrirlas casi hasta el borde, como vemos. Cocinamos a fuego medio-bajo entre 40 y 50 minutos (ya os comenté que en casa las quieren muy blanditas, comprobad el punto de cocción que os guste)
A media cocción añadimos las gambas peladas. Si hiciera falta, porque espesara mucho la salsa o se redujera demasiado, agregaremos algo más de caldo durante la cocción.


Servimos recién hechas(aunque también pueden hacerse con antelación).
Espero que os gusten.

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