Mini-tartas de queso


Esta es una de esas recetas que, desde que la lees, sabes que la vas a hacer más pronto que tarde. 
La copié del blog "Guindilla y Canela" (cuyas fotos son infinitamente mejores que las mías, jajaja).
Y nos han gustado tanto que creo que los vamos a repetir muchas veces. Esta Navidad, por ejemplo, porque son un bocadito delicioso, y mucho más fáciles de repartir que las tartas tradicionales. 
Y, si tenéis en casa a alguien que no sea muy partidario de las tartas de queso, estas tartitas pequeñas sí que se las suelen comer muy a gusto.
Me han quedado un poquito más cuajados que a ella ("gracias" a mi horno, jejeje), pero riquísimos de sabor.
Son ideales para una merienda, para acompañar un café o un té, o para esas ocasiones en las que nos apetece tomar algo dulce de postre pero no queremos una ración demasiado grande ni algo que nos resulte un poco pesado o empalagoso.
Con frambuesa nos han encantados, pero tengo que probar con Nutella apta para diabéticos.
Como siempre, las he hecho sin azúcar, y con queso "light", pero os pongo también las cantidades de azúcar. Y os anoto las dos versiones: con y sin Thermomix.
Si queréis un postrecito sencillo y bueno para rematar las cenitas navideñas, y salir un poco del turrón, mazapán y polvorón tradicionales, aquí tenéis estas tartitas.


INGREDIENTES
(Para 10-12 minitartas)
Para la base:
- 8-10 galletas. Yo utilicé las “Marbú María Dorada 0% azúcares, y la receta original lleva 8 galletas Digestive
- 40 gramos de mantequilla o margarina (yo puse mantequilla)
Para el relleno:
- 350 gramos de queso tipo Philadelphia (en mi caso, usé Philadelphia Light)
- 2 huevos grandes
- 120 gramos de azúcar o 70 de un edulcorante que se pueda hornear (tagatosa, sucralosa...). En cualquier caso, probad el punto de dulzor antes de verter la crema en los moldes
- 1 cucharadita de extracto de vainilla
- 1 cucharadita de maizena
- Para decorar: Frutos rojos (yo utilicé frambuesas), o Nocilla, Nutella o nata montada, o virutas de chocolate.

PREPARACIÓN
Precalentamos el horno a 180º.
Pulverizamos las galletas (con picadora, Thermomix u otro robot de cocina, molinillo de café, o incluso con el “viejo” sistema de poner las galletas en un paño e ir pasando el rodillo por encima hasta triturarlas).
Ablandamos la mantequilla durante unos segundos en el microondas, y mezclamos con las galletas, con una espátula de cocina o cuchara de madera, hasta que esté bien integrada la mantequilla y nos quede una mezcla pastosa.
En Thermomix: ponemos las galletas troceadas en el vaso, y damos varios golpes de Turbo hasta que estén completamente pulverizadas. 

Agregamos la mantequilla troceada, y programamos 3 minutos, 37º (o 40º, según los modelos), velocidad 3, hasta que esté todo bien mezclado.

En una bandeja de magdalenas o “cupcakes”, colocamos las cápsulas o papelitos de magdalenas. 
Vamos formando la base, poniendo una cucharada sopera de la pasta de galletas en cada moldecito. Con la mano, o con el dorso de una cuchara, igualamos y aplanamos la base, para que quede firme.

Pondremos en la Thermomix o en el vaso de una batidora los ingredientes de la crema, y batimos hasta formar una crema, sin que queden grumos. En Thermomix, programaremos 2 minutos, velocidad 3, sin temperatura (y comprobamos si está todo bien mezclado).

Y vamos vertiendo en cada moldecito la crema, con cuidado, sin que llegue hasta arriba del todo (pero teniendo en cuenta que no va a crecer la masa y desbordarse).

Introducimos la bandeja en el horno, y bajamos la temperatura a 150º. Horneamos durante 40 minutos, aproximadamente.
No abráis el horno hasta el final, para que no se rajen. Y no os preocupéis si se hinchan un poco, después bajarán.  
Cuando los pastelitos se vean firmes (mover un poco la bandeja para comprobarlo), apagamos el horno y dejamos dentro la bandeja hasta que se enfríen. Después, los refrigeraremos al menos durante 2 horas.
Decorar al gusto, con nata o nutella y la manga pastelera, con frutos rojos, o con virutas de chocolate por encima.
Se pueden servir con o sin el “papelito”.


Dice “Guindilla y Canela” que aguantan bien un par de días en la nevera. En casa sólo duraron 1 día, jejeje.

Indonesia, 2ª parte: Borobudur, Prambanan y Yogyakarta



Y vamos ya con la segunda parte de la crónica del viaje a Indonesia.
Esta vez, vamos a movernos por la zona central de la isla de Java.
Hago un pequeño inciso para comentaros que Indonesia se compone de un montón de islas. No sé exactamente cuántas, pero creo que en torno a 13.000, de las cuales están habitadas sobre 6.000.  Yo sólo he visitado 3, y he estado 17 días, así que imaginad la de viajes que se pueden hacer a este país…  
En esta crónica de hoy, nuestra "sede central" es Yogyakarta. Vamos a visitar dos zonas espectaculares de templos hindúes y budistas, que se encuentran en las cercanías de esta ciudad... aunque, bueno, ya sabéis que, en Indonesia, aunque las cosas estén cerca, se tarda mucho más en llegar a ellas, jajaja  (Para que os hagáis una idea, Borobudur está a 42 kms. de Yogyakarta, y se tarda hora y media -o más- en llegar).
Dos lugares maravillosos, y un pequeño paseíto por la ciudad. Aunque por Yogyakarta paseamos poco: las visitas son largas, se invierte mucho tiempo en llegar de un punto a otro, el calor y la humedad cansan también un poco, y por las tardes-noches llovía todos los días, así que apenas hubo ocasión de recorrer la ciudad. Pero algo sí os podré enseñar.. como, por ejemplo, esta callecita, cercana al palacio, con sus vendedores ambulantes.


Nuestra primera visita nos lleva a los templos hindúes de PRAMBANAN. Templos de los que (confieso mi ignorancia) yo no había oído hablar en mi vida: de hecho, yo iba con la ilusión de visitar Borobudur, y el resto de las excursiones, para mí, suponían un simple "complemento". 
Y os aseguro que me quedé impresionada. No me esperaba encontrarme con algo así. Un lugar maravilloso, que es Patrimonio de la Humanidad.

No os voy a contar demasiados datos históricos ni artísticos sobre estos templos: no soy experta en la materia, y hay miles de libros y páginas escritos por quienes sí saben de esto en las que os podéis informar. Sí os diré que se construyeron entre los siglos VIII y X, bajo el gobierno de una dinastía hinduista, y que cayeron en desuso cuando esta dinastía se marchó al Este de la isla de Java. 

Después, siglos de descuido y de terremotos los dañaron, hasta que, ya en el siglo XX, se empezaron a restaurar. Aunque los terremotos (como el de 2006), siguen dañándolos: Indonesia es una zona de tremenda actividad sísmica, no tenéis más que buscar en internet "los mayores terremotos de la Historia" y encontraréis unos cuantos que se produjeron por estas tierras.
En el complejo hay templos dedicados a Brahma, Vishnu, Shiva, Ganesha, y a los "transportes" de estos dioses, como Garuda (el tema de los dioses en el hinduismo es pelín complejo y largo, y yo me lío mucho, así que mejor os dejo este enlace para más detalles)  En la cima de la mayoría de ellos suele haber una cámara que encierra una estatua del dios al que está dedicado cada uno.
¿No os recuerdan un poco a los de Angkor Wat, de Camboya?.

Nos encontramos con muchísimos turistas locales. En concreto, había varios colegios visitando los templos.
A algunas de estas estudiantes les habían puesto "deberes": en esa visita al templo, tenían que hacer alguna entrevista a algún extranjero.
Y, bueno, yo ya tengo cierta "cara de guiri" en España, así que imaginaos en Indonesia, jajaja. Era, claro está, una de las "candidatas" adecuadas, y aquí me tenéis en plena "entrevista" con estas chiquillas tan graciosas, entre las que había, por cierto, seguidoras del Madrid y del Barça.
(Nota a pie de página: En condiciones climatológicas normales, y sin padecer recorridos de entre 3 y 8 horas diarias de autobús, ocupo bastante menos volumen que en estas fotos, jajaja)


Evidentemente, las entrevistas eran en inglés: mis conocimientos del idioma indonesio son "manifiestamente mejorables", y se reducen a palabras y frases como "Terim Akasih" (gracias), "Sama Sama" (de nada), "Selamat pagi" (buenos días), y punto pelota, jajajaja.
Después de la entrevista, tocaba foto, con nuestras cámaras y con los móviles de las chiquillas. 

Algo que me gustó mucho de Indonesia fue la tolerancia y la tranquilidad con que, en principio, conviven las distintas religiones: aunque la mayoría de la población es musulmana, podías encontrarte con templos hindúes e iglesias cristianas cerca de mezquitas, o con mujeres musulmanas que no usaban velo fuera del templo... Al llegar a España, vi en la prensa una entrevista al líder del Estado Islámico en Indonesia: por su bien, espero y deseo que jamás el islamismo radical llegue a tomar el control de este país como lo ha hecho en otros, que hace años visité, y que ahora da auténtico dolor leer las noticias sobre ellos.
En fin.., vámonos ya a Yogyakarta, a ver el Palacio del Sultán, o "Kraton".


En realidad, el "Kraton" era un complejo de edificios: el palacio del sultán en sí, más las dependencias administrativas, más las viviendas de los trabajadores, talleres de seda, batik y joyas, mezquitas, tiendas, y escuelas. 
La arquitectura del palacio mezcla elementos orientales y occidentales.
Hoy día, en el palacio sigue viviendo el sultán, que, actualmente, actúa como una especie de gobernador de la provincia (es el único sultán que aún conserva ciertos poderes políticos en Indonesia, lo cual se debe a que el padre del actual sultán tuvo una participación muy activa en la lucha por la independencia del país, y fue bastante querido y respetado por su pueblo).
Este es un pequeño pabellón, en el jardín.

Estos extrañísimos frutos están, por lo visto, reservados para el sultán. Obviamente, no los hemos probado, jejeje.


En el jardín hay algunos pabellones en los que se ofrecen distintos espectáculos, según los días de la semana Cuando no hay espectáculo, a veces los bailarines y músicos se dedican a ensayar. 


Al fondo podéis ver a los músicos. 
Este tipo de música javanesa-balinesa tiene un ritmo y una cadencia que, por lo menos a mí, me adormece un poco (el calor y la humedad también colaboran en ello, jajaja). Ideal para la meditación o la relajación.

Y aquí tenéis a los guardias, vestidos con su traje tradicional, y tomándose un pequeño refrigerio. 

Dentro del palacio, nos encontramos con salas lujosamente decoradas...

Y con una exposición de las colecciones del sultán, de regalos de otros monarcas y jefes de Estado, de "reliquias" familiares, cuadros, fotos... (aquí podéis ver el trono del sultán, y una foto del que ocupaba el cargo en la época de la independencia, que ya os comenté antes).

La mezcla es un poco chocante: junto a piezas de gran mérito y valor, te encuentras, por ejemplo, una sala en la que se exhiben diversos (y cutres) artilugios de cocina, de época muy reciente pero, en algunos casos, bastante deteriorados: agarradores de tela, ralladores, cucharitas medidoras de silicona un poco descoloridas, cortadores, moldes...
Vamos, que en cualquiera de las casas de los "cocinillas" que leéis este blog hay cacharritos bastante mejores. Y, además, sinceramente no sé qué pintaban en la exposición: ni eran antiguos, ni valiosos, ni originales. Una cosa rarísima.
(En esta foto, a pesar de los reflejos, podéis apreciar que no miento, jajaja).

Por qué motivo consideran los dueños, o los conservadores de este palacio, que estas espumaderas, cucharones, ralladores y cortadores son tan dignos de exhibición como las antiguas armas, porcelanas o esculturas es algo que se me escapa..
En los alrededores del palacio, nos encontramos con vendedores ambulantes de zumos, frutas y helados...


Las bolsitas que veis al fondo contienen, algunas de ellas, plátano frito en rodajitas, ¡buenísimo, os lo recomiendo!.  

Una artesana del batik...

Al hilo de esta foto, quiero haceros una advertencia: si vais a Indonesia, y os gusta el batik, informaos bien. Hay auténticas maravillas, pero también hay mucho batik falso, piezas muy cutres, y gente (entre los que se incluyen algunos guías que llevan comisión en las tiendas) dispuesta a dar "gato por liebre". El verdadero batik no es barato, eso está claro (aunque Indonesia, de momento, no es un país caro en absoluto). Y, precisamente, en el entorno del palacio, hay muchos vendedores pesados, y mucha tienda con cosas de no demasiada calidad. Insisto: buscad información fiable, y, una vez en Indonesia, no os será difícil localizar las tiendas (yo no os puedo ayudar porque no compré).

En cuanto a comidas y alojamiento, nosotros nos hospedamos en el Hotel Meliá Purosani, que está muy bien situado, y tiene unas excelentes instalaciones. Como solíamos llegar muy cansados, y el tiempo no acompañaba por las noches (aquí no llueve, se abren las compuertas del cielo, jajaja), cenamos en el propio hotel, que tiene dos restaurantes muy agradables, uno chino, y otro con cocina indonesia e internacional. En cambio, los que cenaron hamburguesas y sandwiches en el bar tuvieron que esperar demasiado rato hasta que les sirvieron la comida y bebida.
En la propia ciudad, comimos en el restaurante Via-Via. Muy recomendable: buena comida, wi-fi gratis, tienda, información sobre eventos culturales, y muy bien situado.

Por último, (que no lo último, como dicen los ingleses), vamos a Borobudur.
Os recomiendo encarecidamente ir temprano: evitaréis las masas de turistas, y os ahorraréis tener que subir las escaleras del templo a 35º y 100% de humedad (cosa que os sucederá a partir de las 11-12 de la mañana). Nosotros pretendíamos ver amanecer (dicen que es algo espectacular e inolvidable), pero llegamos tarde: el tráfico es infernal, y en los pueblos ponen los mercados callejeros de madrugada, así que es difícil cruzarlos. 
De todas formas, como podéis comprobar, nos hubiera dado igual llegar antes...


Nos quedamos un poco preocupados: ¿tendríamos que visitar el templo con semejante niebla?.
Afortunadamente, no: aunque el día no era claro, la niebla levantó.
Borobudur es un templo budista. Actualmente, no se celebran cultos en él, pero sigue siendo un lugar sagrado. Por eso, todos los visitantes han de ponerse un pareo, en señal de respeto (en Prambanan, por ejemplo, sólo debían ponerse el pareo los que llevaran pantalones cortos).


En un lugar como éste, sobran las palabras. Únicamente os diré que se construyó también en torno al siglo VIII, y que, como Prambanan, quedó abandonado durante siglos. 
La estructura del templo, según dicen, refleja la visión budista del mundo. Se va ascendiendo desde el nivel más bajo (el mundo dominado por las pasiones y deseos), a través de sucesivas reencarnaciones, o sucesivos estados de evolución espiritual, hasta alcanzar la liberación o el Nirvana.
Y, en sentido figurado, los que van subiendo a las distintas plantas del templo van haciendo un esfuerzo, una purificación, que les lleva a alcanzar un nivel superior (el esfuerzo no es en sentido figurado, que hay que subir "unos cuantos" escalones...).


En los distintos pisos, las paredes están llenas de relieves que cuentan la vida de Buda, y también recogen diversos textos de las enseñanzas budistas, así como escenas de la vida de Java en la época de la construcción del templo.  Los niveles más bajos muestran las escenas cotidianas.



Y llegamos al nivel más alto del templo, Dentro de cada "stupa" (de cada "campanita") hay una estatua de Buda, que podemos ver a través de las celosías.

Se recorre en el sentido de las agujas del reloj (como todos los templos budistas).

Aquí podéis ver una de las estatuas de Buda, en esta "stupa" que está abierta en parte.


Ese mismo día disfrutamos de una excelente comida en el hotel "The Plataran" , un lugar precioso y relajante... y en el que las vistas de Borobudur son increíbles. 


Bueno, creo que esta vez me he superado a mí misma en lo que a "rollo" se refiere (y mira que es difícil). Aquí lo dejamos por hoy, que ya está bien. Espero que os guste, aunque sólo sea por ver las fotos.

Champiñones rellenos de salmón


Como ya sabéis los que pasáis habitualmente por este blog, en casa no solemos organizar grandes y sofisticadas comidas y cenas de Navidad.
Somos pocos de familia, y, por distintas razones, no nos conviene "pegarnos la gran panzada" en estas fiestas.
Por otro lado, el personal, en esta santa casa, tiene tendencia al inmovilismo gastronómico, y así, por ejemplo, cuando una está planeando un nuevo y exótico postre para la cena de Nochebuena, se escuchan voces que dicen algo parecido a "A ver si esta Nochebuena nos haces los vasitos de 3 chocolates" .
"¿Ooooootra vez?", pienso yo... pero, al final, acabo haciendo los vasitos, para que no protesten, jajaja.
Pero, en cualquier caso, sí que preparo algunas cosillas que pueden servir muy bien para entrante o picoteo navideño. No son cosas muy rompedoras (porque, en tal caso, al final me las comería yo sola), pero sí son ricas, resultonas, y sencillitas.
Estos champiñones son un buen ejemplo de lo que os comento. Además, podemos prepararlos con cierta antelación, y gratinarlos cuando vayamos a comerlos. Están ricos calentitos, y también pueden tomarse un poco más templados (no fríos).
Os pongo la receta con y sin Thermomix (31, que yo aún no tengo la nueva, ¡y lo que te rondaré, morena!, jajaja. Pero también sirve la receta para la más moderna)


INGREDIENTES:
10-12 champiñones grandecitos (Yo compré unas bandejas en las que vienen 3 champiñones comunes y 3 Portobello. Son más sabrosos estos últimos).
1 cebolla pequeña, o media grande
20 gramos de mantequilla
100 gramos de salmón ahumado (picado en cuadritos o tiritas)
Queso rallado para gratinar
Para la bechamel:
20 gramos de mantequilla
520 gramos de leche (en mi caso, semidesnatada)
65 gramos de maizena
Nuez moscada rallada
Sal y pimienta, o 1/3 de pastilla de caldo de verduras.

PREPARACIÓN:
Limpiamos bien los champiñones para quitarles la tierra, y vaciamos los sombreritos. Reservamos los pies. 

En el vaso de la Thermomix, colocamos los pies de los champiñones con la cebolla troceada, y 20 gramos de mantequilla. Programamos 6 segundos a velocidad 4, bajamos lo que pueda haber quedado en los bordes del vaso, y programamos 5 minutos, temperatura 100º, velocidad 2. 

Sin Thermomix, picamos en juliana finita la cebolla y los pies de los champiñones. Calentamos la mantequilla, y los rehogamos en una sartén honda durante unos 5-10 minutos.
Añadimos el salmón, y programamos 1 minuto, velocidad 2 con giro a la izquierda, y temperatura 100º.

Sin Thermomix, agregamos a la sartén el salmón picado, y cocinamos durante unos minutos.

Vamos a preparar la bechamel. En Thermomix, agregamos al vaso la leche, los 20 gramos de mantequilla, la maizena, la nuez moscada y la sal y pimienta (o el 1/3 de pastilla de caldo), y programamos 8 minutos, temperatura 100º, velocidad 2 y giro a la izquierda.  Puede que espese antes de los 8 minutos, o puede que requiera un poco más de tiempo, dependiendo de la temperatura exterior y de la que tenga la leche. 

Sin Thermomix, añadimos la maizena a la sartén, removemos bien, y cocinamos durante unos minutos (para que después no sepa a crudo). Y vamos añadiendo la leche y la mantequilla troceada (a temperatura ambiente), sin parar de remover. Cuando espese (se notará porque se separa de las paredes de la sartén), sazonamos con la sal, pimienta y nuez moscada (en caso de que prefiramos añadirle la pastilla de caldo, la agregaremos antes de poner la leche, bien desmenuzada), y retiramos del fuego.
Con esta bechamel rellenaremos los champiñones, cuando se haya enfriado un poquito.



Espolvoreamos con el queso rallado...  

Y horneamos durante unos 20 minutos a 230º. Los 12-15 primeros minutos, pondremos calor por arriba y por abajo, y después encenderemos el grill hasta que se gratinen.-
Aquí los tenéis, bien doraditos.

Espero que os gusten.

Viaje a Indonesia, parte I: Sulawesi


Y vamos con la primera parte de la crónica de mi viaje a Indonesia (habrá varias partes, como siempre, que es muy largo).
Un viaje fantástico, en el que he tenido ocasión de ver paisajes muy diferentes, y de entrar en contacto con culturas y costumbres que desconocía en absoluto.
Eso sí, tengo que deciros que NO es un viaje fácil. No sólo por la distancia desde España (un mínimo de 16 horas de avión, sin contar el tiempo invertido en esperas y tránsitos), sino, sobre todo, por los desplazamientos interiores. Carreteras regulares (en el mejor de los casos), destinos en zonas aisladas y montañosas, tráfico terrible e inseguro... todo esto se une para que una distancia de 250-300 kilómetros se tarde más de 8 horas (sí, sí, ¡8 hermosas horitas, 8!), en recorrer.
Sí, es un viaje para viajeros "algo" experimentados. No es que hayamos ido en plan mochilero, precisamente (no es mi forma de viajar favorita, no...  y además, me pilla ya un poco "talludita", jajaja). Todo lo contrario:  hemos estado en hoteles muy buenos, salvo donde no había otra cosa para escoger (e incluso en esos casos nos alojamos en lo mejor de "lo que había"), pero las distancias, el cansancio, el clima caluroso y más que húmedo (Alicante es seco al lado de Indonesia, aunque os parezca imposible), y, en mi caso, un "pequeño" problema hormonal de retención de líquidos, que se agrava en esos climas, lo hacen algo más durillo.

Así que, si preferís los viajes algo más "light", os recomiendo que vayáis sólo a Bali, porque es una isla muy bonita y variada, y más cómoda para llevar a cabo excursiones. Eso sí, si os gusta viajar, visitar zonas no muy masificadas por los turistas (de momento), disfrutar de templos impresionantes, paisajes muy especiales, y conocer culturas diferentes, id a Indonesia, que os encantará, no os arrepentiréis. Necesitáis, eso sí, un poco de tiempo: en torno a  2 semanas, como mínimo (17 días he estado yo).
Inicialmente, el viaje se había programado con escala inicial de una noche, y parte de un día, en Singapur. De esta forma, tras un vuelo de unas 12 horas desde Barcelona, descansaríamos allí, haríamos un poco de turismo, y al día siguiente cogeríamos el avión hasta Makassar (o Ujung Pandang, que de las dos formas se llama la ciudad). Entonces, sólo tendríamos 3 horas de vuelo, más las 8 de autobús hasta Rantepao. 
Pero... el hombre propone, y las líneas aéreas disponen. Se suprimió un vuelo, y por lo tanto hubo que dejar la escala en Singapur para el final (ya lo veréis en su momento)... y emprender las más de 23 horitas (sin contar transbordos, comidas y "paradas técnicas) de viaje del tirón.
Y, bueno, resumiendo, os diré que las más de 8 horas finales de autobús fueron, con diferencia, lo peor. El sol se pone en torno a las 5 de la tarde, y llovía a cántaros, así que recorrimos 300 kilómetros, por una estrecha carretera de montaña, llena de curvas, oscura como boca de lobo (salvo por los chamizos que, cada pocos kilómetros, vendían refrescos y chucherías), y a una velocidad media de unos 40 kilómetros por hora (como mucho).
Parecía que no avanzábamos, que estábamos metidos en un bucle de tiempo viviendo una nueva edición de "El Día de la Marmota", o que el autobús había sido secuestrado. No llegábamos nunca...
Pero, al final, llegamos a este hotel; Hotel Toraja Heritage (la foto, obviamente, es del día siguiente, porque era noche cerrada cuando finalizó el viaje).


Un hotel precioso, y muy curioso, con habitaciones que imitan las típicas viviendas del pueblo Toraja, y con un personal muy amable, buen desayuno, y una cena a base de platos típicos, bastante aceptables (y con un cantante que "ameniza" la comida, por ser buena y diplomática, jajajaja).
Las habitaciones, por dentro, son amplias y bonitas. Y las cogimos con ganas, después del agotamiento que llevábamos encima. Una única pega: no hay cortinas, ni persianas, ni nada que quite la luz, pero, bueno, se pone uno un antifaz, y a dormir.
A dormir... pero poco, jajaja. Aunque esta zona es de mayoría cristiana y animista, también hay musulmanes. Y, aunque la mezquita más cercana estará a unos 5-10 kilómetros, como no hay edificios altos, y la acústica del valle debe de ser muy buena, cuando llegó la hora de la oración antes del amanecer, era como si tuvieras al muecín en la cabecera de la cama, jajaja. Y, cuando acabó la oración, el muecín fue reemplazado por el canto del gallo (eso de que el gallo canta cuando sale el sol es una mentira que sólo se tragan los que no han salido en su vida de la ciudad).
Así que nada, entre oraciones y "kikirikís" varios, lo mejor que puede hacer uno es levantarse, y empezar a explorar el territorio... Vámonos a Rantepao, la población más importante de la zona.
Rantepao está en la isla de Sulawesi. Antes la conocíamos por el nombre de "Islas Célebes" (aunque sólo se trata de una isla, su forma tan irregular hizo que, inicialmente, se pensara que eran más). 
Concretamente, se encuentra en el país de los Toraja, una tribu que habita la zona montañosa del centro de la isla.
Aquí nos encontramos un puesto de verduras, en una calle de Rantepao. Tomatitos, soja, guindillas...



Una vista de una calle de Rantepao.


El pueblo Toraja destaca, especialmente, por sus curiosísimos ritos funerarios. Es un pueblo cuya cultura gira, claramente, en torno a la muerte, y a las celebraciones relacionadas con la muerte.
Y estos ritos, y estos funerales, los celebran siempre, sean católicos, protestantes, e incluso musulmanes (en todos los casos, tengan la religión que tengan, siempre hay una importante influencia animista en los Torajas). 
Si sois de los que pensáis que morirse en España es carísimo, con lo que cuestan los velatorios, las tumbas, las cremaciones, y tal y tal... os equivocáis. Nada que ver con lo que supone para el pueblo Toraja (cuyo nivel de vida nada tiene que ver con el de un país como España, además).
Cuando alguien muere, su cadáver se embalsama... y permanece en la casa familiar, hasta que la familia reúne el dinero suficiente para organizar el funeral. Entonces, se prepara un "poblado" para alojar a todos los invitados, que llegan de todo el país, incluso del extranjero: suele haber cientos o incluso miles de invitados, porque cuantos más haya, más prestigio supone para la familia del difunto.  
No, no es una ceremonia "para guiris": los guiris somos bienvenidos, si nos comportamos con respeto... y también agradecen algún regalo, como tabaco para los invitados (no quieren dinero, porque supondría "mercantilizar" la celebración).
Llegamos al pueblo donde va a celebrarse el funeral. Y ya vemos a algunos niños, vestidos con trajes típicos, y con instrumentos musicales.

Los distintos invitados ocupan las casas que han sido preparadas para ellos. En ellas se reparte café, té, aperitivos dulces y salados...
Los familiares del muerto visten con sus mejores galas (las chicas que llevan los trajes con abalorios eran nietas o parientes del difunto).
Como veis, hay poco turista. Nosotros (que éramos 15), y unos 10 más, pero pocos. Nos hicieron pasar a una de las "casas", desde la que hicimos las fotos.

Cada grupo de invitados se aloja (según familia o procedencia) en su respectiva casa. Y, cuando el "maestro de ceremonias" los va nombrando, entran en procesión... 

... y presentan sus ofrendas y regalos para homenajear al difunto y su familia. 

Entre las ofrendas se incluyen búfalos, y cerdos... que después serán sacrificados, y se cocinarán y comerán los asistentes. 
Aquí veis a uno de los múltiples cerdos, colgado ya de su soporte de bambú, listo para ser sacrificado y asado (no veáis la escandalera que montaban los gorrinos, que no son tontos y se "olían la tostada" con toda claridad, jajaja).


Aquí podéis ver dónde van dejando a los cerdos, mientras llega otro cortejo con sus ofrendas, y con cafeteras y teteras. Los búfalos quedan al fondo, y, con tiza, apuntan en sus lomos la procedencia de quienes los han donado. Cuantos más búfalos se sacrifiquen, más importante se considera el funeral.



Aquí podéis ver una panorámica del poblado. Estos poblados se desmantelan y destruyen después de las ceremonias, que duran una semana y, si el muerto es alguien importante, se retransmiten incluso por la televisión local.
Una vez terminada la fiesta, se entierra al difunto, y se destruye el poblado.


Ya os podéis imaginar que el festejo no sale precisamente barato, puesto que hay que ocuparse de alimentar y atender a todos los invitados. De hecho, los más pobres suelen recurrir a ceremonias colectivas, en las que varias familias se juntan para celebrar los funerales de sus respectivos difuntos. E incluso los más pudientes tardan varios años en reunir el suficiente dinero para el funeral. 
La ceremonia es impresionante. Es muy difícil de explicar con palabras, así que aquí os he dejado un enlace a un cutre-vídeo casero, hecho con el móvil (a partir del segundo 34 se gira, no os preocupéis, jajaja). Espero que se vea, no hay manera de subirlo mejor. (El vídeo ) .

Como veis, la cultura Toraja gira en torno a la muerte. Así que vámonos a ver unas cuantas tumbas...
En algunos pueblos, los ataúdes son introducidos en cuevas a ras de tierra, o en galerías subterráneas. En otras, se meten en huecos o cuevas en las paredes de las montañas.
Pero, en casi todos los casos, las entradas de las tumbas suelen estar guardadas por unas figuras talladas en madera, y vestidas, los muñecos "Tau-Tau", que representan a los antepasados, y a los difuntos que están en ellas.
Aquí los tenéis, en este "palco" excavado en una pared (da la impresión de que estuvieran en los toros, o en el teatro, viendo el espectáculo, jajaja).
Las "casas" en miniatura que veis abajo se utilizan para transportar los ataúdes.
Las tumbas primeras (las de la escalera)


Vamos a acercarnos un poquito, a ver las figuras... 

Otra zona del "palco".

Aquí tenemos una tumba familiar, construida a semejanza de las casas típicas, con las figuras de sus "ocupantes". 
Colocar una de estas figuras también implica la celebración de un festejo, con el consiguiente sacrificio de búfalos.
Y también hay que hacer fiesta y matar búfalos, aunque menos, cada vez que se cambia la ropa de estos muñecos (que supongo que, dado el clima de la zona, se tendrá que hacer con bastante frecuencia).




Y aquí podéis ver una curiosísima ofrenda a los difuntos, que podría, perfectamente, servir para "ilustrar" un paquete de tabaco, bajo el título "FUMAR  MATA", ¡tela marinera!.


(Dicho sea de paso, en Indonesia fuman como auténticos carreteros, ¡hacía siglos que no veía fumar en restaurantes, bares y demás lugares cerrados con toda tranquilidad!).
Y ahora, caminando entre arrozales y selva, vamos a acercarnos a ver otra zona de tumbas... y de talleres. Este pueblo se llama Lemo, y ya veis cuánta "gente" nos recibe en los balcones...


Como veis, no les falta detalle a  las "casitas".

Las tumbas son esas pequeñas cuevas o túneles con las puertas de madera. Dentro están los ataúdes. 
Y, por la cantidad de figuras que nos encontramos aquí, se puede deducir que éste es un "cementerio" importante...



Y aquí, detalle de uno de los "balconcitos", en el que parece como si las efigies de los difuntos, todos a la vez, hubieran arrancado a cantarnos una saeta, o "No llores por mí, Argentina", o algo así, jajaja... 
Ahora en serio, siempre suelen tener las manos en esa posición, quizá de oración o de ofrenda...
Lo cierto es que, a pesar de estar rodeados de tanta tumba, y tanto arte funerario, en ningún momento se siente ningún mal rollo, ni incomodidad (salvo, quizá, en las galerías subterráneas). Da la impresión de que este pueblo encara la muerte con un ánimo festivo, como un tránsito hacia algo mejor, y sin negatividad.



Todos estos muñecos funerarios salen de alguna parte: de estos talleres de artesanos...


Ya veis que no les falta detalle a las efigies, jajaja. Y se intenta que guarden parecido con los muertos en cuestión. 
Pero, como os digo, si os fijáis en sus expresiones, no transmiten ninguna sensación negativa.
No, no estoy en una tumba (quiera Dios que tarde muchos años en estarlo, jajaja). Es la tienda-taller del tallista.

Me encantó esta niña, que debe de ser hija o nieta de los talladores...

Ya la veis, descalza entre las virutas de madera... Aquí los niños son muy resistentes: van al colegio, perfectamente uniformados y cargados con sus mochilas, caminando kilómetros desde bien pequeñitos, y solos o en grupitos (los padres están trabajando, y no los llevan). Y te los encuentras caminando y jugando descalzos, o con chanclas, bajo la lluvia.  contar lo de los colegios...

Bueno, y después de tanto muerto, creo que ya es hora de ir a ver dónde viven los vivos (valga la redundancia) Vamos a visitar los poblados de los Toraja.


Estas son las viviendas tradicionales de los Toraja, con su techo en forma de barco (no he conseguido averiguar por qué), construidas con bambúes y madera, y orientadas hacia el Norte (asociado con la vida, al igual que el Sur lo asocian con la muerte).
Algunos siguen viviendo aún en ellas. Otros mantienen las casas de sus antepasados, y las conservan con todo cuidado, pero viven en casas más actuales y cómodas.
Cuanto más ornamentación tengan, y más cuernos y cráneos de búfalo las adornen, mayor es la posición social de sus dueños.


 Aquí las veis por dentro. Como podéis comprobar, la ornamentación, la pintura de la madera, es una maravilla. 

Y por fuera, con más ornamentación, siempre en los mismos tonos: rojizos, naranjas, amarillos, ocres, blancos y negros, y con dibujos geométricos.


Aquí pudimos disfrutar de un ratito de sol. Cuando llegamos, ya había empezado la estación lluviosa, y estamos en una zona muy montañosa, así que todos los días llovía, pero, afortunadamente, en general, pudimos hacer nuestras visitas con relativo buen tiempo.

Y llega el momento de marcharse de Sulawesi. Otra vez tocan "unas cuantas" horitas de carretera de montaña (hacía AÑOS que no me mareaba en un coche, desde que subí a Ordesa, pero esta carretera es mucho peor), y volver a Makassar a coger el avión.
Pero, antes, paramos a comer en un pueblo costero llamado Pare-Pare.
Tampoco es que el sitio sea como para parar, jajaja... pero no hay otro sitio donde comer (y los calamares y gambas fritos, y alguna sopa, no están mal). Y de paso, contemplamos el mar desde lejos.

Y yo hago caso al nombre del pueblo (¡PARE-PARE!), y aquí me paro (¡Por finnnn!, diréis muchos).
Continuará, sin embargo...
Si habéis llegado hasta aquí, gracias por vuestra infinita paciencia.
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