Tailandia-Tercera (y última) entrega



Y vamos ya con el último capítulo de “Morguixeros Viajeros por Tailandia” (me refiero a las fotos, no a las recetas, que irán cayendo unas cuantas).

En esta entrada, para empezar os enseñaré unos cuantos templos budistas. Solamente algunos, porque Tailandia está llena de ellos.

¿Os acordáis de las guirnaldas que os enseñé el otro día?. Aquí podéis ver una de sus utilidades: servir de ofrenda en los templos. También se ofrendan alimentos, que, después, en muchos casos, se destinarán a la gente necesitada (en la foto, se ven ofrendas de frutas, bebidas, y huevos cocidos).

La verdad es que siempre me ha atraído mucho la filosofía budista, y su forma de ver la vida. Quizá por eso, me siento muy a gusto en sus templos, me transmiten mucha tranquilidad.

Hay, como os digo, montones en Tailandia.  Éste, por ejemplo, está en Chiang Mai.

Caía literalmente “la del pulpo” (viajamos en el final de la estación de los monzones), y en los templos budistas se entra descalzo… pero daba igual: el agua de lluvia estaba CALIENTE, con lo cual no te importaba ir “chapoteando”, jajaja.
Y, además, participamos incluso en una pequeña ceremonia...

Este templo, situado en Ayutthaya, está lleno de estatuas de Buda. Todas ellas, vestidas con su túnica amarilla… impecablemente limpia.

El templo se llama “Wat Yai Chai Mongkhon” (“Wat” significa “templo”… no me preguntéis qué significa lo demás, jajaja). Y es una auténtica maravilla. 

Aunque la mayor parte de la antigua ciudad de Ayutthaya se encuentra actualmente en ruinas, este templo sigue funcionando.
En él se encuentra también una estatua de Buda reclinado (vestido con su túnica, como podéis ver).

Ayutthaya era la antigua capital de Tailandia, que fue destruida durante una invasión birmana, en 1767. No volvió a ser reconstruida, trasladándose la capitalidad a Bangkok.
Aquí podéis ver sus ruinas…

Los palacios reales de Bangkok que os enseñé el otro día son, en parte, una reproducción de los edificios destruidos de Ayutthaya.

Y en Bangkok, precisamente, tenemos un Buda reclinado más grande todavía. Ésta es la mejor foto que pude hacerle…

Y también, por supuesto, el Buda de Oro... que permaneció durante años escondido dentro de un Buda de escayola, hasta que, en un traslado, la figura se cayó, se partió, y reveló su tesoro:

Este es el templo de Phitsanulok. Cuando llegamos, se estaba celebrando una importante ceremonia, por lo que estaba llenísimo. Así que yo me fui hacia la parte de atrás, a hacer fotos...


Este es un templo budista activo, del que ahora mismo no recuerdo el nombre. 

Podéis ver cómo los fieles rezan, hacen sus ofrendas (lo que llevan en las cestas son, efectivamente, ofrendas para el templo). Fijaos en su postura: los pies no pueden apuntar directamente al Buda, se considera una falta de respeto. Por eso, se sientan de lado, o sobre los talones.

…mientras, en las dependencias interiores, los monjes toman su almuerzo (sólo comen 2 veces al día, los alimentos que se ofrendan al templo, y no cenan).

(Me parece que un monje nos ha visto, jejeje... O dos).
Éstas son las ruinas del templo de Phimai, de estilo camboyano…

Y vamos a cambiar de tercio completamente. Ahora nos daremos un paseíto por la selva… ¡a lomos de un elefante!.

Cuando uno se sube al elefante, cosa que se hace a través de una plataforma que casi está a la altura de un primer piso, no las tiene todas consigo, jajaja. 
Piensas “Vaya tela, cómo se mueve este animal…”. Después intentas racionalizar: esto es turístico, el elefante (en nuestro caso, elefanta) va con su cuidador, están acostumbrados…
Y, al final, lo pasas estupendamente…aunque vayas cruzando ríos.

No veas lo que comen los tíos: constantemente echan la trompa hacia atrás para que les den plátanos, o caña de azúcar. Pero, claro, para ellos un racimo de plátanos es como para nosotros un paquete de pipas, así que siguen pidiendo... o comiendo hojas.
No puede faltar en todo viaje a Tailandia una visita a Sukhotai.... pero espero que, si vais, tengáis más fortuna que nosotros con el tiempo. Porque es que "en Tailandia, cuando llueve, es que llueve de verdad..."(es lo que tienen los monzones, jajaja).
Literalmente, se abrieron las compuertas del cielo. Hasta los peces saltaban del lago. Así que no pudimos ni bajarnos de los "motocarros".

Pero, aunque apenas pudimos disfrutar del lugar, sí os dejo estas fotos "pasadas por agua", en las que se intuye su belleza, a pesar del diluvio.

Para despedir este viaje, haremos una pequeñita incursión por las aldeas…

Todas ellas limpias, por humildes que fueran, con su templo, con sus casas decoradas con la bandera de Tailandia, la bandera amarilla (del rey) y la azul (por la reina), y sus pequeños templitos o casas de los espíritus" en cada jardín...

Y sus niños, tan graciosos...

Y tan educados: mirad con qué orden guardan la fila.
En fin, con esta entrega doy por concluida la tabarra que os estoy dando crónica de nuestro viaje a Tailandia. Espero que, a pesar de mi natural tendencia a dar la vara enrollarme un pelín, os haya gustado, y lo hayáis disfrutado. A mí me ha encantado compartirlo con vosotros.
Y, por último, a petición "popular" (de Mabel, de "A nadie le amarga un dulce"), que decía que no había puesto una foto mía con el traje típico... aquí os dejo una, para que os riáis un rato. Estoy horrible, pero "con traje típico" no tenía más, así que es lo que hay, qué se le va a hacer, jajaja.

(Por su cara, la señora tailandesa debe de estar pensando lo mismo, jajaja)
Un besote, y feliz comienzo de semana.


Tarta de coco y hojaldre (de "reciclaje")


A ver, que levante la mano todo aquel al que le ha ocurrido alguna vez uno de estos percances al hacer un bizcocho:

A)El bizcocho se pasa de cocción, y queda seco como la mojama.
B)El bizcocho queda crudo por algunas zonas.
C)El bizcocho sale bien, pero por algún extraño misterio, se "agarra" al molde, y cuando intentamos desmoldarlo, la mitad se queda pegada, sin posibilidad de arreglo. O se parte en varios trozos al sacarlo.
D)El bizcocho no sube, sube mal, se quema la base mientras que el centro sigue crudo...


(Imagen correspondiente a la opción "C")

Qué, ¿miles de manos arriba?. Normal: es que yo creo que, salvo que se nazca con el don innato de la repostería, todos nos hemos visto en alguna de estas situaciones.
Cuando algo de esto ocurre, la primera tentación es la de ponerse a llorar y tirar el bizcocho al cubo de la basura, ¿verdad?



No lo hagáis. Aquí no se tira nada, ¡todo es aprovechable!. Normalmente, para el caso de los bizcochos "defectuosos", la solución más habitual es la de recurrir a hacer un pudding.
Y es una idea estupenda, pero, el otro día, Alicia me dio una idea mejor.  La idea, cómo no, proviene de una gran maestra de la cocina... y, con estas dos recomendaciones, me decidí a probarla.

Pero, ¡ay!, a veces todo se complica. Encargué que me compraran almendras laminadas (yo no podía salir), y me trajeron almendras FRITAS Y SALADAS (¡grrrr!). Con lo cual, "Tuning Morguix" tuvo que entrar en acción, y las sustituí por coco rallado grueso (la marca Vahiné tiene una variedad de coco rallado llamada "Ti'Coco" que es muy adecuada para esta tarta). No obstante, en cuanto pueda la probaré con almendra.

Y vamos con el paso a paso.

INGREDIENTES:
1 bizcocho, del tipo que sea (el mío era de lima con pepitas de chocolate)
Una plancha de hojaldre
Coco rallado (o almendra fileteada)
Mermelada de melocotón o albaricoque
Para calar el bizcocho: un almíbar ligero o (en mi caso) leche con edulcorante.

PREPARACIÓN:
Extendemos la masa de hojaldre sobre una bandeja de horno (en mi caso, una redonda de las que se usan para las pizzas).

La pinchamos para que no suba demasiado, y la cubrimos de garbanzos.

Horneamos a unos 200º hasta que empiece a dorarse, no más.
Mientras tanto, desmenuzaremos el bizcocho.

Y lo calamos con el almíbar ligero o con la leche edulcorada.

(He de reconocer que, llegados a este punto, yo no las tenía todas conmigo. Odio el pan y la bollería remojados, y, cuando miraba el bol, pensaba "¿De verdad que esto estará bueno?". Sólo la confianza en el gusto y la habilidad culinaria de mis amigas me hizo continuar, jajaja).
Extenderemos esta mezcla sobre la base de hojaldre, repartiéndola por igual.

Cubrimos con el coco rallado y con la mermelada. Podemos diluirla un poquito en agua para que se extienda mejor, o ponerla "a pegotones", como yo hice (me gustaba cómo quedaba).

Y horneamos un poquito, lo justo hasta que se dore (cuidado: tanto el coco como las almendras se queman rápido).

En casa ha sido un EXITAZO. No ha durado nada, y a todo el mundo le ha encantado. Hasta a mí, que no lo tenía claro hasta que la probé (ya veis, sólo pude hacerle fotos a la tarta desmoldada cuando quedaba la mitad, jajaja).

Así que, la próxima vez que tengáis un "percance bizcochil", ya tenéis una idea para darle salida al bizcocho.
Un beso a todos... y el domingo espero terminar con el "serial tailandés fotográfico", jejeje (con las recetas no, os caerán unas cuantas más).

Tailandia: segunda parte



Aquí tenéis la segunda entrada dedicada a Tailandia.
Hoy voy a enseñaros dos cosillas diferentes: por un lado, Bangkok y su Palacio Real. Y, por otro, las costas del sur de Tailandia y sus islas.
Me queda bastante: templos, selvas... pero eso será materia de otra entrada. ¡Es que hay tantas cosas que enseñaros...!. No sabéis lo que me está costando seleccionar las fotos, jajaja.
Empezaremos con el mar. Ya desde el avión llama mucho la atención el perfil de la costa: miles de escarpadas islas e islotes diseminados sobre unas aguas de un increíble color verde-azulado…

(Esta foto, obviamente, no está tomada desde el avión, sino desde un barco, jajaja... pero me entendéis lo que quiero decir).
En algunas de ellas, hay playitas donde desembarcar…

Pero otras son, aparentemente, enormes muros rocosos.

Sin embargo, a veces las rocas esconden una sorpresa… Cuando te aproximas al islote, observas la abertura de una pequeña cueva…

… por la que tienes que entrar en canoa, pero, al llegar a un punto, tocará tumbarse, porque el techo del túnel no es precisamente alto (y, cuanto más sube la marea, menos espacio hay).
Pero, una vez atravesado el túnel, te encuentras en una laguna…

… cuyo único inconveniente es que tiene más tráfico que la Gran Vía en hora punta: por la cuestión de las mareas, las horas de visita tienen que concentrarse en determinados tramos horarios. En caso contrario, tocaría quedarse dentro de la laguna hasta que bajara la marea…

Y aquí podéis ver un paisaje de película...

De película, sí... porque, al parecer, aquí se rodó una de James Bond (no sé cuál, porque no soy muy aficionada, jejeje). Pero, de hecho, el lugar ha sido bautizado como "la isla de James Bond", aunque yo más bien la llamaría "la isla de las vendedoras bordes" (¡y mira que es difícil encontrar gente borde en Tailandia, pero estaban casi todas en esta isla, jajajaja).

Y, después de este recorrido marinero, vamos a cambiar completamente de tercio. Volvemos a Bangkok, concretamente al palacio real.

Es un lugar tan deslumbrante que, en cierto sentido, te “apabulla” (sobre todo, cuando, como nosotros, lo visitas después de 12 horas de vuelo, jejeje). Es tal el colorido y el brillo, y es una estética tan diferente a la que estamos acostumbrados… que, por un momento, te deja sin habla…


Eso sí, es espectacular…


Cada edificio nos muestra un estilo diferente, puesto que, al construir la capital, los reyes quisieron reflejar el arte de los distintos pueblos que habían ido formando Tailandia. Por ejemplo, esta parte nos recuerda a los templos y palacios de los khmers camboyanos...

Y ahora, vista de una torrecita dorada a través del hueco....

Llama la atención el respeto de los tailandeses por sus reyes. No sólo puedes ver retratos del rey y la reina por todas partes, sino que, además de la bandera de Tailandia, en casi todas las casas y negocios cuelgan una bandera amarilla (el color del rey) y otra azul (el de la reina). Pero es que, además, uno no puede entrar al palacio "de cualquier manera". No se admiten camisetas de tirantes, ni pantalones cortos o bermudas... eso sí, allí mismo venden pareos y camisetas para que los que no han tenido en cuenta el "protocolo" puedan taparse adecuadamente (yo llevaba falda larga, pero mejor no estropear con mi careto esta bonita serie de fotografías).
Aquí, un detalle de la decoración...

Y mirad esta cúpula, llena de flores...

Curiosa "guardiana de la escalera"...

Hace ya mucho tiempo que la familia real tailandesa no vive aquí. El lugar es maravilloso, pero para vivir no resulta demasiado práctico, no... Ya a principios del siglo pasado, un rey tailandés que viajó mucho por Europa ordenó construir este palacio, con un estilo mixto entre el europeo y el tailandés (un "palacio-fusión", jejeje). Y ésta es su residencia oficial (aunque creo que tampoco viven habitualmente aquí, sino que es un palacio destinado a actos solemnes, recepciones y demás).

En fin, por hoy termina el programa "Morguixeros viajeros".Continuará, no os vayáis a pensar que esto acaba aquí, jejeje.
Un beso, y gracias por vuestra paciencia...
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