Y vamos
ya con el último capítulo de “Morguixeros Viajeros por Tailandia” (me refiero a
las fotos, no a las recetas, que irán cayendo unas cuantas).
En esta
entrada, para empezar os enseñaré unos cuantos templos budistas. Solamente
algunos, porque Tailandia está llena de ellos.
¿Os acordáis de las guirnaldas que os enseñé el otro día?. Aquí podéis ver una de sus utilidades: servir de ofrenda en los templos. También se ofrendan alimentos, que, después, en muchos casos, se destinarán a la gente necesitada (en la foto, se ven ofrendas de frutas, bebidas, y huevos cocidos).
La
verdad es que siempre me ha atraído mucho la filosofía budista, y su forma de
ver la vida. Quizá por eso, me siento muy a gusto en sus templos, me transmiten
mucha tranquilidad.
Hay,
como os digo, montones en Tailandia. Éste, por ejemplo, está en Chiang Mai.
Caía
literalmente “la del pulpo” (viajamos en el final de la estación de los
monzones), y en los templos budistas se entra descalzo… pero daba igual: el
agua de lluvia estaba CALIENTE, con lo cual no te importaba ir “chapoteando”,
jajaja.
Y, además, participamos incluso en una pequeña ceremonia...
Este
templo, situado en Ayutthaya, está lleno de estatuas de Buda. Todas ellas,
vestidas con su túnica amarilla… impecablemente limpia.
El
templo se llama “Wat Yai Chai Mongkhon” (“Wat” significa “templo”… no me
preguntéis qué significa lo demás, jajaja). Y es una auténtica maravilla.
Aunque
la mayor parte de la antigua ciudad de Ayutthaya se encuentra actualmente en
ruinas, este templo sigue funcionando.
En él
se encuentra también una estatua de Buda reclinado (vestido con su túnica, como
podéis ver).
Ayutthaya
era la antigua capital de Tailandia, que fue destruida durante una invasión
birmana, en 1767. No volvió a ser reconstruida, trasladándose la capitalidad a
Bangkok.
Aquí
podéis ver sus ruinas…
Los
palacios reales de Bangkok que os enseñé el otro día son, en parte, una
reproducción de los edificios destruidos de Ayutthaya.
Y en
Bangkok, precisamente, tenemos un Buda reclinado más grande todavía. Ésta es la
mejor foto que pude hacerle…
Y también, por supuesto, el Buda de Oro... que permaneció durante años escondido dentro de un Buda de escayola, hasta que, en un traslado, la figura se cayó, se partió, y reveló su tesoro:
Este es el templo de Phitsanulok. Cuando llegamos, se estaba celebrando una importante ceremonia, por lo que estaba llenísimo. Así que yo me fui hacia la parte de atrás, a hacer fotos...
Este es
un templo budista activo, del que ahora mismo no recuerdo el nombre.
Podéis ver cómo los fieles rezan, hacen sus ofrendas (lo que llevan en las cestas son, efectivamente, ofrendas para el templo). Fijaos en su postura: los pies no pueden apuntar directamente al Buda, se considera una falta de respeto. Por eso, se sientan de lado, o sobre los talones.
…mientras, en las dependencias interiores, los monjes toman su almuerzo (sólo comen 2 veces al día, los alimentos que se ofrendan al templo, y no cenan).
(Me parece que un monje nos ha visto, jejeje... O dos).
Éstas
son las ruinas del templo de Phimai, de estilo camboyano…
Y vamos
a cambiar de tercio completamente. Ahora nos daremos un paseíto por la selva…
¡a lomos de un elefante!.
Cuando
uno se sube al elefante, cosa que se hace a través de una plataforma que casi
está a la altura de un primer piso, no las tiene todas consigo, jajaja.
Piensas
“Vaya tela, cómo se mueve este animal…”. Después intentas racionalizar: esto es
turístico, el elefante (en nuestro caso, elefanta) va con su cuidador, están
acostumbrados…
Y, al
final, lo pasas estupendamente…aunque vayas cruzando ríos.
No veas
lo que comen los tíos: constantemente echan la trompa hacia atrás para que les den plátanos, o caña de azúcar. Pero, claro, para ellos un racimo de plátanos es como para nosotros un paquete de pipas, así que siguen pidiendo... o comiendo hojas.
No puede faltar en todo viaje a Tailandia una visita a Sukhotai.... pero espero que, si vais, tengáis más fortuna que nosotros con el tiempo. Porque es que "en Tailandia, cuando llueve, es que llueve de verdad..."(es lo que tienen los monzones, jajaja).
Literalmente, se abrieron las compuertas del cielo. Hasta los peces saltaban del lago. Así que no pudimos ni bajarnos de los "motocarros".
Pero, aunque apenas pudimos disfrutar del lugar, sí os dejo estas fotos "pasadas por agua", en las que se intuye su belleza, a pesar del diluvio.
Para
despedir este viaje, haremos una pequeñita incursión por las aldeas…
Todas ellas limpias, por humildes que fueran, con su templo, con sus casas decoradas con la bandera de Tailandia, la bandera amarilla (del rey) y la azul (por la reina), y sus pequeños templitos o casas de los espíritus" en cada jardín...
Y sus niños, tan graciosos...
Y tan educados: mirad con qué orden guardan la fila.
En fin, con esta entrega doy por concluida la tabarra que os estoy dando crónica de nuestro viaje a Tailandia. Espero que, a pesar de mi natural tendencia a dar la vara enrollarme un pelín, os haya gustado, y lo hayáis disfrutado. A mí me ha encantado compartirlo con vosotros.
Y, por último, a petición "popular" (de Mabel, de "A nadie le amarga un dulce"), que decía que no había puesto una foto mía con el traje típico... aquí os dejo una, para que os riáis un rato. Estoy horrible, pero "con traje típico" no tenía más, así que es lo que hay, qué se le va a hacer, jajaja.
(Por su cara, la señora tailandesa debe de estar pensando lo mismo, jajaja)
Un besote, y feliz comienzo de semana.





















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Soy Marga. Me gusta la cocina desde que era pequeña.
Mi afición por el punto de cruz es más tardía, pero con ella consigo relajarme de las tensiones diarias, y poco a poco también voy mejorando.







